Selecciona Edición
Iniciar sesión

Río de Janeiro ultima los Juegos Olímpicos de la crisis

La difícil situación económica de Brasil marca los preparativos del mayor evento de América del Sur

Los trabajadores del Comité Rio 2016 tienen prácticamente prohibido usar la impresora, los más de 10.000 atletas que se hospedarán en la Ciudad Olímpica no tendrán televisores en sus habitaciones como se les prometió, el centro acuático será a cielo abierto para ahorrarse el dinero que costaría cubrirlo y varias de las estructuras durante las competiciones serán de quita y pon. Los Juegos Olímpicos, que se celebrarán en Río entre el 5 y el 21 de agosto, serán los de la crisis, reflejo de un país en recesión con el desempleo y la inflación en alta.

La euforia de 2009, cuando Río de Janeiro desbancó a Madrid como anfitriona de los Juegos, se ha traducido a lo largo de estos meses en contención. Un año después de la elección, el PIB de Brasil crecía un 7%. Hoy el país vive su peor recesión en los últimos 25 años. "Vamos a hacer los Juegos con el dinero que tenemos, sin dejar deudas al Gobierno o a la sociedad ", ha dicho en varias ocasiones el director de comunicación del Comité, Mario Andrada.

El alcalde de Río, Eduardo Paes, dice haber emprendido una cruzada contra los sobrecostes y promete no “avergonzar” a Brasil con un legado de instalaciones sin uso tras los Juegos. Los elefantes blancos han sido precisamente una de las herencias deficitarias del Mundial de 2014 y estadios millonarios, como el de Brasilia, han acabado convirtiéndose en sedes del Gobierno estadual para darles alguna utilidad. "Como evento, el Mundial fue un éxito. ¿Pero qué imagen dimos? ¿La de que somos una república bananera donde todo el mundo sobrefactura estadios y no los termina dentro del plazo?”, preguntó el alcalde en mayo en una conferencia con empresarios, tras afirmar que el Mundial “fue una oportunidad perdida”.

Los gestos de ahorro – el Comité prometió reducir sus gastos al menos un 10% para que le cuadrasen las cuentas–, no significan, sin embargo, un evento barato. El presupuesto invertido hasta ahora en preparar los primeros Juegos Olímpicos de América del Sur (cerca de 8.400 millones de euros) supera en más de un 43% lo que se gastó en organizar el Mundial en 12 ciudades.

La cuenta es alta porque la mayoría de ese dinero está destinado, no a la construcción de instalaciones olímpicas, prácticamente concluidas, sino, sobre todo, a mejorar las ineficientes infraestructuras de la ciudad. Pero no todas saldrán del papel para el evento. En las inversiones se han incluido promesas antiguas como la construcción de la línea de metro que unirá el centro de Río a Barra da Tijuca, principal escenario de competiciones, y para cuya finalización el Gobierno del Estado aún está pidiendo créditos. En la lista estaba también la limpieza de la Bahía de Guanabara que, tras consumir 2.300 millones de euros durante 20 años para su descontaminación, recibirá las competiciones de vela con toneladas de residuos fecales flotando en sus aguas y con virus que amenazan la salud de los atletas. “Aquí ya hablamos de un problema más de gestión que de falta de dinero. Hay muchas promesas y poca entrega. No es novedad. Ya ocurrió en el Mundial y en los Juegos Panamericanos”, critica el especialista en derecho, gestión y marketing deportivo Pedro Trengrouse.

Trengrouse cree que la contención de gastos se debe más a un modelo de Juegos Olímpicos obsoleto que a la crisis económica. “Los Juegos Olímpicos enfrentan una crisis mundial, cada vez hay menos países democráticos dispuestos a asumir esas cuentas. Por eso vemos que países como China, Qatar, o Rusia, donde la población participa poco de la toma de decisiones, empiezan a ocupar más espacio en esos eventos”, dice Trengrouse. “Si le preguntas, el pueblo dice que no quiere Juegos”.

“La sostenibilidad es el aspecto clave ahora mismo en el movimiento olímpico”, opina el español Emilio Fernández, profesor del Centro de Estudios Olímpicos y del Deporte, de la Universidad Autónoma de Barcelona. “El discurso de organizar unos Juegos menos caros, más respetuosos con el medioambiente y en definitiva más sostenibles será una constante en los próximos años porque eso está inscrito en el espíritu del tiempo pero, sobre todo, porque el Comité Olímpico Internacional ya lo ha declarado en su Agenda 2020”.

Más información