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Largo para el Mirandés, corto para el Deportivo

Un gol de Lopo iguala para los gallegos, que pudieron dejar de cara la eliminatoria en los minutos finales

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Estuvo en un apuro el Deportivo, lo arregló y hasta casi pudo resolver una eliminatoria que, como había pronosticado su entrenador en la víspera, se acabará de sustanciar en Riazor. Todo en un partido que muestra hasta que punto noventa minutos pueden ser un vaivén en el que nada acaba como empieza porque el Mirandés comenzó pujante y terminó contra las cuerdas para dar por bueno un empate que durante hora y cuarto no hubiese firmado; el Deportivo culminó desatado y poderoso, con la sensación de que la tarde acabó demasiado pronto.

MIRANDÉS, 1-DEPORTIVO, 1

Mirandés: Raúl Fernández; Álex Ortiz, Galán (Kijera, m. 45), Cantero; Carlos Moreno, Provencio, Lázaro; Sangalli, Ion Vélez (Néstor, m. 67), Álex García (Lago Junior, m. 53); y Abdón Prats. No utilizado: Sergio Pérez, Gaffoor, Fran Carnicer y Rúper.

Deportivo: Manu Fernández; Laure, Lopo, Róber, M. Pablo (Cardoso, m. 69); Jonás Gutiérrez, Juan Domínguez, Mosquera (Álex Bergantiños, m. 57), Luisinho; Oriol Riera y Jonathan Rodríguez (Fayçal Fajr, m. 80). No utilizados: Lux, Sidnei, Medunjanin y Luis Alberto.

Árbitro: Prieto Iglesias. Amonestó a Galán, Sangalli, Carlos Moreno y Mosquera

Goles: 1-0. M. 25. Álex Ortiz. 1-1.M. 75. Lopo

Unos 3.000 espectadores en Anduva.

Quería más mambo el equipo gallego cuando el árbitro decretó que el baile había finalizado. Entonces, en ese epílogo, recapituló y en la relación de acontecimientos sucedidos encontró un gol a favor y tres intentos más que se fueron al larguero. Tampoco mereció tanto como se podría deducir de la estadística porque comenzó espeso y se activó no solo en la medida que el resultado en contra le exigió sino en la que se desplomó el rival, que solo había introducido cuatro cambios en el once con el que ganó el pasado fin de semana en Córdoba. En el Deportivo únicamente repitió Mosquera respecto al pasado domingo y, con la mirada en el reto del sábado próximo en el Bernabéu, no cumplió ni una hora de partido sobre el césped.

Fue precisamente el tapiz de Anduva el que condicionó el partido y su exigencia. Vació al cansado Mirandés una escena acuífera en la que el agua brota desde el cielo y desde la tierra, ese continuo recurrir a un fútbol físico de pelea aérea y esfuerzo para llegar a la segunda jugada. Ahí Carlos Terrazas, el técnico local, es un maestro, indomable desde la banda siempre a voz en grito marcando los tiempos de sus futbolistas, ayer revestido por una clásica gabardina que le daba un aire entre inspector Gadget y agente secreto. Pero el Mirandés es honesto como pocos en su fútbol y el esfuerzo con el que lo encara. Hasta sus dorsales y tipografías, la misma de la Premier, en sus casacas remite a un imaginario que evoca las Islas a orillas del Ebro. En esa nobleza logró encarar el partido y llevarlo a su terreno con un par de llegadas frenéticas por los flancos y un gol tras segunda acción en un córner, otro clásico, en una acción que desnortó a la zaga blanquiazul y habilitó en el segundo palo al filo del fuera de juego al central Álex Ortiz.

Para entonces, y ya iba casi media hora, el Deportivo estaba tratando de descifrar el partido. Lo hizo desde el minuto uno Oriol Riera, tan irreprochable en su actuación como desafortunado cara al gol. Dos veces remató al larguero, pero en su firma quedaron un sin fin de balones bajados y habilitados, una referencia para que sus compañeros pudiesen jugar más cómodos. A partir de él se armó el Deportivo, que fue a más cuando nada más volver del descanso evidenció que iba a rodear a su delantero de más hombres. Y que iban a estar más cerca para no abocar a los hombres más adelantados a una conducción entre zagueros para poder finalizar las acciones.

El Mirandés se quedó entonces sin salida a pesar de que Terrazas maniobró desde el banquillo para encontrar esprínteres como Lago Junior o Néstor. La profundidad la halló el Deportivo en cuanto Luisinho bajó unos metros para operar como lateral y el empate lo encontró en una acción a balón parado, otro córner en el que la pelota por una vez alzó el vuelo para que Lopo se elevase entre todos, quizás más libre de marca de lo que hubiese deseado el férreo Terrazas. Con la igualada olió la sangre el Deportivo, pero el Mirandés se puso las tiritas precisas para llegar entero a Riazor el próximo martes.