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El Mirandés agranda su mito en la Copa al eliminar al Deportivo

La honestidad del conjunto de Segunda acaba con un adversario a bajo nivel, con lo que el equipo burgalés reedita su gran papel en torneo, donde fue semifinalista en 2012

El Mirandés está dispuesto a convertirse en una leyenda contemporánea de la Copa del Rey, competición de la que fue semifinalista en 2012. Ahora vuelve a estar entre los ocho últimos supervivientes de la competición tras eliminar a dos equipos de la máxima categoría: primero el Málaga y ahora al Deportivo, que firmó una actuación ridícula que vació su estadio bastantes minutos antes del final.

Al equipo que entrena Víctor Sánchez del Amo se le vio el cartón. Su primera vuelta en la Liga ha sido excelente, quizás con más puntos que juego si se considera el fútbol como un ejercicio estético. Como a nivel profesional no lo es habrá que ponderar sus bondades, las de un equipo esforzado que en muchos partidos apenas ha concedido facilidades a los rivales para que golpeen su portería. Con ese trabajo, que no es menor, y dos futbolistas descollantes como Mosquera y Lucas Pérez, que lleva unos cuantos goles forjados en la nada, le da al Deportivo para andar con más desahogo del de sus últimas experiencias entre los grandes. De manejo, de capacidad para tocar y dominar los partidos desde el control de la pelota, ya pueden cantar algunos juglares excelencias y valentías en granados escenarios, anda bastante justo.

DEPORTIVO, 0 - MIRANDÉS, 3

Deportivo: Manu Fernández; Laure, Lopo, Róber, Luisinho; Jonás Gutiérrez (Lucas Pérez, m. 61), Juan Domínguez (Álex Bergantiños, m. 45), Mosquera; Fede Cartabia, Cardoso (Luis Alberto, m. 45); y Oriol Riera. No utilizados:

Mirandés: Raúl; C. Moreno, Álex Ortiz, Cantero; Eguaras (Kijera, m. 75), Lázaro (Ruper, m. 69), Provencio; Sangalli, Néstor (Ion Vélez, m. 72), Álex García; y Abdón. No utilizados:

Árbitro: Hernández Hernández. Amonestó a Lopo, Lucas Pérez y Lázaro

Goles: 0-1. M. 41. Provencio. 0-2. M. 55. Abdón. 0-3. M. 70. Provencio.

Riazor. 11.393 espectadores

Ayer el Deportivo comenzó en ventaja tras el empate a uno de la ida en Anduva y matizó todas sus fortalezas hasta difuminarlas por completo. Hasta que estuvo en desventaja de tres goles ni una vez obligó al portero del Mirandés a estirarse. Tanta inacción consiguió activar a un equipo probo, al que también se le veía el cartón en bastantes detalles, pero pleno de fe. El Mirandés, bajo la batuta de Carlos Terrazas, que reedita aquel viejo 3-3-3-1 que introdujeron en España técnicos como Toshack o Cantatore, nunca dejó de creer y así abrazó un nuevo éxito en su historia copera a partir de una primera ventaja al filo del descanso, cuando con el Deportivo acostado en su área, permitió un disparo desde la frontal que Dani Provencio pasaportó a la red.

El gol del Mirandés retrató la incapacidad del Deportivo, ese equipo que salió a mover el balón ante el Real Madrid en el Bernabéu, y ante un Segunda recurrió de vuelta a una mezcla en la que prevaleció el envío en largo que facilitaba el trabajo a la zaga rival. Naufragó el equipo de Víctor, armado a partir de un trivote en el que fracasaron Jonás y, una vez más, Juan Domínguez, plagado de futbolistas poco habituales, pero en todo caso muchos de ellos importantes en algunos tramos de la temporada. Víctor trató de enmendarse en el descanso y llevó al campo a dos de los titulares los fines de semana, Álex Bergantiños y Luis Alberto. Siguió con tres hombres en el medio y demasiada distancia hasta Oriol Riera. Con Mosquera por delante de la zaga comenzó a fluir la pelota, se llamó al ritmo, un par de cambios de juego, algún leve amago antes del segundo golpe del Mirandés.

El equipo burgalés vuelve a golpear contra pronóstico: primero liquidó al Málaga y ahora al cuadro gallego

Marcó Abdón en esa clásica falta que si no toca un rematador acaba colándose junto al palo. Por ahí entró y en ese instante el Deportivo supo que la eliminatoria que hacía una hora tenía ganada precisaba de tres goles. Y tenía un grave problema, tantas veces repetido incluso en el victoria: el equipo era incapaz de superar líneas con el balón y encerrar en los últimos treinta metros a su oponente.

El plan del Bernabéu, aquel valeroso inicio acudiendo a buscar al Madrid a su campo y a la postre abriéndole el camino del contragolpe, no apareció ayer para ir en pos del Mirandés, siquiera yendo en desventaja en el marcador. El último recurso fue dar carrete a Lucas Pérez y su proverbial entusiasmo con media hora por jugar. Pero Provencio calcó su primer gol y desactivó cualquier ilusión de remontada local. Fue entonces, con todo el pescado vendido e incluso ya cocinado, cuando el Deportivo olfateó la portería rival con un disparo de Álex Bergantiños al travesaño antes de que el partido expirase en un estadio despoblado, entre la decepción local y el éxtasis del muy meritorio Mirandés, que vuelve a adornar la Copa con su honestidad futbolística.

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