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Villar aprueba un reglamento electoral a la carta

El presidente de la federacón reduce el número de asambleístas de 180 a 140 y deja al fútbol profesional, en su contra, con solo 20 votos en la elecciones

El presidente de la Federación Española de Fútbol modificó ante la Comisión Delegada el reglamento y calendario electoral que propuso el pasado 7 de enero cuando anunció su intención de convocar las elecciones a la presidencia. El principal cambio, reducir los asambleístas de 180 a 140, es, según fuentes federativas, una maniobra para favorecer sus intereses electorales. Los clubes profesionales que representan a la Liga de Fútbol Profesional (LFP), que hasta ahora tenían 30 votos, ahora los ven reducidos a 20. Con este movimiento, Villar disminuye a uno de los colectivos más contrarios a su gestión, a la vez que aumentaría el de los árbitros.

La primera propuesta de reglamento que presentó Villar vulneraba la orden ministerial sobre elecciones en federaciones deportivas. Según la norma gubernamental publicada en el BOE el pasado 21 de diciembre, la asamblea de la FEF encargada de elegir al presidente debía tener como mínimo entre un 15% y un 20% de representantes del colectivo de entrenadores, sin embargo, Villar solo les concedía un 9%. Con la modificación les daría la horquilla mínima, la del 15%.

El Consejo Superior de Deportes puede rechazar este reglamento, que aún sigue vulnerando puntos como el de la moción de censura al presidente. No sería la primera vez que Villar desafía al gobierno español, ya lo hizo en 2008 con el ejecutivo del PSOE, también por no querer celebrar las elecciones en las fechas establecidas por el CSD. En aquella ocasión utilizó a la FIFA para advertir de que España podría quedar fuera de la Eurocopa que terminaría ganando. En 2015 también utilizó al organismo que rige el fútbol mundial para tratar que el Real Decreto que regula la venta colectiva de los derechos de retransmisión del fútbol no saliera adelante. De nuevo amenazó con la expulsión de los clubes españoles y de la propia selección de las competiciones internacionales. Por este tipo de prácticas está acusado de extorsión en Uruguay su hijo Gorka Villar. Varios clubes uruguayos le han denunciado por utilizar la figura de su padre, vicepresidente de FIFA para presionar, y la fiscalía de Montevideo le ha llamado a declarar.

Villar dedicó el día de ayer a hacer campaña electoral. Primero, en una comida con algunos de los presidentes de territoriales más afines, ante los que tachó a Jorge Pérez de desleal y traidor. Desde que salió a la luz pública que Pérez, todavía secretario general de la Federación, podría presentarse a las elecciones, Villar está tratando de dinamitar su candidatura. Lleva días desprestigiándole y ayer volvió a hacerlo ante sus directivos más fieles.

Tratos de favor

Sin embargo, durante la junta directiva, no hubo reproche alguno. La escena fue cortante para algunos de los asistentes, que relatan cómo en los corrillos previos se trató de la gravedad de los tratos de favor hechos al Recreativo de Huelva, tramitación de licencias y préstamos de dudosa legalidad fiscal, que han permitido al club onubense iniciar las competiciones 2014-2015 en Segunda A y la actual en Segunda B.

Pérez se sentó entre Villar y Juan Padrón, sus dos grandes enemigos. Terminada la junta directiva, Villar se quedó a solas con los representantes de todas las territoriales, excepto Óscar Fle, el de la aragonesa, al que desde hace años no invita a esas reuniones extraoficiales por ser uno de sus opositores más significados y veteranos. Tampoco estuvo Eduardo Herrera, de la territorial andaluza, otro de sus enemigos, aunque sí su vicepresidente, que no apoyó las diatribas de Villar ni el pacto por el cual, si es inhabilitado, los presidentes de las territoriales que le apoyan elegirían a un candidato de su cuerda. Con ellos, y sin la presencia de Pérez, Juan Padrón atacó duramente a este último. Villar, una vez más, tiró de la artillería más clásica que le ha permitido perpetuarse 28 años en el cargo. Más dinero para las territoriales en un año de superávit.

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