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Bartomeu y el estilo Rajoy

Existe una creciente inquietud porque el Barça no se capitaliza en consonancia con el equipo que tiene

El equipo sostiene al club en el Barça. Aunque no es una novedad, quizá ahora es más comprensible que nunca, si se tiene en cuenta el pentacampeonato ganado en 2015 por el plantel de Luis Enrique, aspirante de nuevo a ganar la Liga, la Copa y la Champions. Los azulgrana presumen de tener un estilo único, disponen seguramente de la mejor delantera del mundo y cuentan con el Balón de Oro. El trío Messi, Luis Suárez y Neymar no solo comparte la pelota sino también el WhatsApp y los asados, una suerte para la institución cuando se trata de rentabilizar su fútbol: el Barcelona ha pasado a ser la segunda entidad con más ingresos (560,8 millones) a muy poca distancia del Madrid (577), que también lidera la cuenta de Twitter (18 millones).

Las cuentas de Instagram (26,6 millones) y de Facebook (89,6 millones), en cambio, favorecen al Barcelona. No se sabe de ningún futbolista que no quiera jugar en el Camp Nou y sus figuras reiteran en cada entrevista su intención de renovar su compromiso con el Barça. Así que la tarea diaria de la directiva consiste en asegurar la continuidad del tridente, de los futbolistas más emblemáticos procedentes de la cantera y del entrenador, Luis Enrique, pieza capital del proyecto juntamente con Messi. Nadie ha desertado, de momento, y la junta se ha asegurado tanto un plan a largo plazo para mantener al 10 como para renovar en junio el contrato de Neymar.

La falta de acuerdo impide la comercialización de nuevas camisetas, cosa que interesa al Barça y a Nike, no facilita la incorporación de jugadores como Nolito y no ayuda a la expansión de la marca Barcelona

Al consejo que preside Bartomeu le cuesta por contra atender a peticiones que considera discutibles como el fichaje de Nolito solicitado por Luis Enrique. El artículo 67 de los estatutos exige cautela máxima, tras el dinero gastado por la sanción de la FIFA: no se puede superar una deuda que supere 2,5 veces el EBITDA, y la del ejercicio 2014-2015 llegaba a 3,2. Las expectativas de obtener un dinero extra se han esfumado después de que no haber sido renovados los contratos de patrocinio con Nike ni con Qatar, que habría preferido apostar más por invertir en el Mundial 2022 y en el Paris St Germain, que en el Barcelona, convertido prácticamente en un filial del campeón de Francia.

El enfriamiento de la oferta de Qatar no debería ser necesariamente un problema para el Barça. El acuerdo provocó tantas críticas durante el mandato de Rosell que su sucesor Bartomeu lo guardó en un cajón durante las pasadas elecciones y ni siquiera lo incluyó en el orden del día de la última asamblea de socios porque se comprometió a encontrar una firma que pagará 65 millones por la zamarra del Barça. El proceder del presidente se interpretó como la constatación del paso atrás dado por Qatar. La coyuntura abonaba la negociación con patrocinadores más convencionales o que casaban mejor con el més que un club que distingue al Barça como es el caso de UNICEF. Ocurre que no se sabe nada del plan B después que se paralizara el A.

La falta de acuerdo impide la comercialización de nuevas camisetas, cosa que interesa al Barça y a Nike, no facilita la incorporación de jugadores como Nolito y no ayuda a la expansión de la marca Barcelona. Tampoco parece por ahora que La Masia pueda asegurar la producción de talentos necesaria para no tener que recurrir a un mercado controlado por clubes con mayor poder adquisitivo como el PSG. Hay una creciente inquietud porque el club no se capitaliza en consonancia con el equipo que tiene, circunstancia que compromete a Bartomeu. Los antecedentes, sin embargo, obligan a ser prudentes con el presidente, un ganador contra pronóstico: cuando sucedió a Rosell, cuando ganó las elecciones y cuando sacó adelante el Espai Barça. Ahora tiene el reto de conseguir un patrocinador frente a quienes le tienen por un gestor mediocre y paciente, al estilo Rajoy.