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El hermano pequeño de Nairo también gana

Dayer Quintana, que se hizo ciclista por el empecinamiento de la estrella de Movistar, se impone en el Tour de San Luis

Hubo un momento, mediada la temporada pasada, en el que muy pocos daban algo por el futuro de la carrera ciclista de Dayer Quintana, que había salido del Giro trasquilado y desbordado. “No daba los pasos que esperábamos”, recuerda Eusebio Unzue, el director de su equipo, el Movistar, el día siguiente de que ganara el Tour de San Luis. “Le faltaba la devoción debida por este deporte, un deporte que aún está descubriendo y que, cuando se convenza al 100%, será su profesión”.

Mientras llega ese momento, que se acerca rápido, y así lo cree Unzue, Dayer seguirá siendo ciclista por su hermano, Nairo Quintana, el líder del equipo español y del ciclismo colombiano. “Nadie cree en Dayer como su principal valedor, que es Nairo”, afirma Unzue. “Dayer se ha forjado, se puede decir, por el empecinamiento de Nairo en hacer de él un ciclista”.

Con sus palabras, Unzue, que acogió a Dayer en Pamplona en 2013, y lo ubicó en un equipo amateur amigo, el Lizarte, cuando el alegre chaval de Cómbita tenía 20 años y acababa de colgar la porra de policía, no hace sino refrendar lo que ocurrió la pasada semana en la carrera argentina. Como el año pasado, Nairo acudió con el objetivo de llevar a su hermano a lo más alto. En 2015 fracasó en su empeño porque, derrotado por sus ganas y una cierta bravuconería, Dayer atacó en la etapa reina demasiado pronto y no pudo llegar a donde quería sin hundirse antes. En 2016, después de un susto de repetición en la llegada en alto del jueves, las cosas salieron perfectas el sábado, con Nairo guiando las pedaladas de Dayer hasta el final. Terminó de verde y de líder Dayer y fue como si hubiera dado el paso más grande de su vida hacia el gran ciclismo. “Ser el hermano de Nairo es un privilegio, un orgullo”, dijo tras la victoria un hermano pequeño al que, cuando se entrenan juntos, ya sea en Boyacá, donde pasan el invierno, ya sea en Mónaco, donde viven durante la temporada europea, le gusta picarse y atacar a Nairo en las subidas, despertar su competitividad. “Correr junto a él es un reto, una motivación”.

Cuando habla de Dayer, que es como la otra cara de su moneda, alegre y extravertido siempre, hablador de aire despreocupado, Nairo intenta mantener la distancia y un cierto sentido de exigencia. “Debe dejar de distraerse y centrarse más, y podrá ser algo”, decía el doble segundo del Tour hace unos meses.

“Dayer es un buen corredor durante todo el año con momentos de destello de gran corredor a veces en montaña, como demostró en 2014 ganando a Kennaugh y Damiano Caruso la etapa reina de la Vuelta a Austria en Kitzbühel, pero nunca será Nairo”, dice Unzue, con el que el pequeño de los Quintana tiene contrato hasta diciembre de 2017. “Tiene genética, por supuesto, y puede ser un buen, buen corredor. Y lo puede ser sin necesidad de ir de hermano de Nairo”.

Después de ganar en San Luis, el domingo pasado, Dayer afirmó, con sentido de justicia, que su aspiración primera es correr el Tour ayudando a su hermano mayor a ganarlo. “Eso sería un sueño”, dijo Dayer, y, según Unzue, seguirá siéndolo un tiempo. “Este año le tenemos programado volver al Giro para que olvide sus caídas y la mala experiencia del año pasado, y quizás pueda hacer la Vuelta también, pero para el Tour creo que todavía es pronto, aunque nunca se sabe…”, dice el director de un equipo que hizo debutar en 2013 en el Tour a Nairo Quintana. Tenía 23 años, la edad de su hermano ahora, y terminó segundo, rey de la montaña y mejor joven. Y al año siguiente, con 24, ganó el Giro.

 

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