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Javier Fernández, campeón de Europa por cuarto año consecutivo

El español vuelve a fulminar un récord continental y gana el título con la segunda mejor marca mundial de la historia (302,77)

Con el semblante de un ganador, Javier Fernández ha certificado en Bratislava lo que desde el miércoles tenía en el bolsillo: su cuarto oro consecutivo en el Campeonato de Europa de patinaje artístico sobre hielo. Y lo no menos importante: un aviso al japonés Yuzuru Hanyu, campeón olímpico, compañero de entrenamientos, amigo y rival en la cumbre, que que hasta ahora parecía lanzado a recuperar el título mundial, que ostenta el madrileño.

La cuarta corona es una gesta inédita desde 1973, otro asombroso capítulo del exótico patinador español que triunfó en el frío. El madrileño culminó la proeza tras marcar la segunda mejor marca de la historia en la puntuación combinada, corto más largo, 302,77, récord europeo por segundo día seguido a pesar de haberse ido al suelo en el largo.

Como el día anterior, Javi subió el nivel. Esta vez, en el largo, la novedad fue un nuevo triple axel (tres vueltas y medias), dos en total, en un programa que ya contaba con tres cuádruples (cuatro vueltas verticales). Una exigencia extrema que le llevó al límite en dos ocasiones: una caída y una mano al hielo.

El resto prácticamente lo bordó. Parece que no le cuesta, que los infinitos giros a los que somete su cuerpo no demandan oxígeno ni responden a la gravedad. Vuela sobre el hielo, quizá fruto del trabajo que ha realizado esta temporada para mejorar su físico, algo que no era su fuerte y le hacía acabar sin aire algún que otro día. Pero en lugar de sufrimiento, lo que reflejó el madrileño, brillante como siempre en el apartado artístico, fue el aroma de la figura de Frank Sinatra en Ellos y ellas (1955), la película que inspira su coreografía, la de un organizador de partidas de dados neoyorquinas en un duelo a la picaresca con Marlon Brando.

Javi se deshizo este jueves de la perilla del día anterior para recuperar su gesto inocente, pálido como el hielo. En su primer salto, un cuádriple toe (despegue hacia atrás con el pico del patín izquierdo y aterrizaje con la derecha también hacia atrás), salió desequilibrado, lo que le obligó a tocar el suelo con la mano izquierda. No era un buen comienzo, pero quedaba todo el ejercicio. Lo recondujo enseguida con la combinación más difícil: un cuádruple salchow (se inicia con la pierna izquierda hacia atrás y se cae con la derecha hacia atrás) enlazado con un triple toe. Solventó el primer triple axel de forma brillante, también el tercer cuádruple, pero en el segundo axel, el que convertía su programa en el más complicado que ha realizado en su carrera, el español se fue al suelo. No impidió esto que superara por segunda vez los 200 puntos en el largo (201,43).

El madrileño de 24 años había marcado un día antes una brecha insalvable con su programa corto, en el que por primera vez incluyó dos cuádruples (cuatro giros verticales) en una competición internacional: 14 puntos de ventaja respecto al ruso Kovtun, que tras la jornada del jueves solo pudo ser bronce, por detrás del israelí Alexei Bychenko, que fue plata. Un mundo.

Su apuesta arriesgada, en un campeonato que podía ganar con menos, es el reflejo nada disimulado de la estrategia con la que encaraba la cita de Bratislava: ponerse al nivel del japonés Yuzuru Hanyu, su auténtico rival, con el que se verá las caras en el Mundial de Boston, dentro de dos meses, para intentar mantener la corona.

El listón de Hanyu

Hanyu le enseñó hasta dónde tenía que subir la apuesta en la final del Grand Prix de Barcelona, donde rompió varios récords históricos: los 219,48 puntos del largo, 110.95 del corto y los 330,43 de la suma de los dos programas. Javi, que entonces se convirtió en el segundo patinador en la historia que superaba la barrera de los 200 en el largo, como ha vuelto a hacer ahora, solo pudo ser plata tras la mejor actuación de su carrera. Una de las claves era el programa corto de Hanyu, en el que incluía dos cuádruples, por solo uno del español, que no le alcanzaba para romper la exigente barrera de los 100 puntos.

Con el acelerón, Javi, en el mejor estado de forma de su carrera, se sitúa cerca de poder batir a aquel con quien mantiene una de las rivalidades más bonitas de la historia del patinaje. Un japonés frío, menudo y escrupulosamente preciso contra un español majestuoso, de potencia imponente, polisémico en su capacidad interpretativa y emperador absoluto de Europa.

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