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España saca el orgullo y luchará por el oro

Tras un gran arranque y el bache posterior, los de Cadenas vencen a Croacia (33-29) y aspiran a conquistar su primer Europeo en la final del domingo (17.30), frente a Alemania (33-34 con Noruega)

Una década después, España volverá a disputar una final de un Europeo. El equipo de Manolo Cadenas luchará por el oro tras vencer a Croacia (33-29) y se sitúa a un solo paso de sellar su acceso a los próximos Juegos Olímpicos. El triunfo, de momento, le garantiza ya una plaza para el próximo Mundial (Francia 2017). Pero antes, el escollo continental de mañana (17.30, La1) será Alemania, superior en la otra semifinal a Noruega (33-34); la primera piedra con la que se toparon los Hispanos en este rocambolesco torneo de Polonia. En ese primer pulso, muy rudo, el marcador fue favorable: 32-29.

España, 33 - Croacia, 29

España: Sterbik; Víctor Tomás (5), Maqueda (2), Guardiola (1), Morros (-), Cañellas (-) y Rivera (6, 5p) -equipo inicial- Pérez de Vargas (ps), Gurbindo (-), Raúl Entrerríos (4), Aginagalde (5), Ugalde (3), Antonio García (6), Baena (-), Del Arco (-) y Dujshebaev (1).

Croacia: Alilovic; Cupic (2), Kopljar (4), Duvnjak (1), Sliskovic (6), Strlek (4, 1p) y Maric (4) -equipo inicial- Stevanovic (ps), Gojun (-), Horvat (3, 1p), Karacic (3), Kozina (-), Kovacevic (-), Mamic (-), Sebetic (2) y Cindric ().

Marcador cada cinco minutos: 1-4, 4-6, 6-8, 9-12, 13-13 y 18-14 (Descanso) 21-18, 23-20, 24-22, 26-24, 30-27 y 33-29.

Árbitros: Horacek y Novotny (CZE). Excluyeron por dos minutos a Morros y Guardiola por España; y a Strlek, Maric y Cupic por Croacia.

Tauron Arena de Cracovia. 9.000 espectadores.

Necesitaba España hilvanar una buena secuencia de juego para ser de nuevo ella misma, para creérselo y recuperar la plenitud, porque desde el arranque del torneo había avanzado a trompicones y, por encima de todo, a base de oficio. Y un Europeo requiere un poco de eso, de saber progresar entre mandobles y bosques de brazos, faltaría más, pero cuando llegan los momentos decisivos también exige un golpe de cadera, un despegue en el juego que trasciende a lo anímico.

Llegó ante Croacia, que de arranque no puso nada fáciles las cosas. Su planteamiento de 5-1, con el periférico Duvnjak en el avanzado, complicó a España en el inicio. Mientras los de Cadenas tejían la jugada y elaboraban, los balcánicos pusieron el turbo desde el principio: agresividad defensiva, forzar el robo o la pérdida y transiciones rapidísimas. Así se puso por delante y así comenzó a fabricar rentas de tres goles. Además, durante esos primeros 20 minutos de vértigo también le funcionó el lanzamiento exterior, con Kopjlar y Sliskovic como bombarderos.

Ante esa tónica, el capitán Raúl Entrerríos dio un paso al frente y se jugó el tipo en un par de penetraciones para lanzar una arenga. La atendieron sus compañeros, que se retiraron el corsé y entraron poco a poco en calor, antes de que prendiese la chispa colectiva y llegase la combustión. Cañellas y Maqueda cedieron sitio a Dujshebaev y Antonio García, que aportaron frescura y descaro en la primera línea; Ugalde, ese depredador con aspecto de alumno aplicado, comenzó también a hacer mucho daño a la carrera; y tanto Sterbik como Gonzalo, dos pulpos, pusieron una pantalla en el marco.

Los jugadores de la selección celebran el pase a la final. REUTERS

De ahí al final del primer acto, España desplegó su mejor juego en todo el campeonato. Mucha velocidad, buena circulación de balón y mayor intensidad defensiva, con el mariscal Morros soberbio. Mejor controlado Duvnjak, el seleccionador croata, Zeljko Babic, introdujo la variante de Karacic como elemento desestabilizador y este hizo de las suyas. Se aterrizó en el descanso con una sensación creciente y cuatro goles por encima para España (18-14), pero la dinámica cambió en el tramo inicial del segundo periodo.

En esa fase, los Hispanos perdieron poco a poco el sitio y Croacia regresó de lleno al partido. La renta menguó a solo un tanto (24-23) y se había roto la correa de transmisión. Luz roja. Hipertensión y sudores fríos. Sin noticias de Cañellas, el hombre que de tantos momentos difíciles ha sacado a España, ahora en un discreto segundo plano. Oscureció de repente para España, que sufrió un achuchón de aúpa, pero que no llegó a perder las constantes vitales en ningún momento. Cadenas pedía serenidad desde el banquillo, pausa, temple. “Cabeza, cabeza, cabeza!”. Digerir correctamente las situaciones críticas es un peaje imprescindible para hacer algo grande en este tipo de torneos tan curvilíneos.

Brillaron Entrerríos y Antonio García, pero la clave es el colectivo. El grupo mayúsculo que conforma esta histórica selección de balonmano

Croacia olió la sangre y fue limando las diferencias (24-23, 26-25...), consciente del mal trago de su rival. Se reenganchó al duelo a dentelladas y arrinconó a España, pero esta supo sortear golpes y salir de las cuerdas para coger aire y armar de nuevo el brazo. Y así llegó la reacción, un levantamiento de orgullo. Hombre a hombre, todos fueron poniendo su granito de arena. Irrumpió Maqueda con un lanzamiento tremendo que sirvió para decir: hasta aquí. Acto seguido, Antonio García, siempre al quite; e igualmente Víctor Tomás, el cuchillo que blande desde el costado derecho. Y en la recta final apareció el ángel, Gonzalo.

En definitiva, el colectivo, la manada. El grupo mayúsculo que conforma esta histórica selección de balonmano, que colecciona dos oros mundiales, pero nunca ha logrado uno continental –tiene tres platas (1996, 1998 y 2006) y dos bronces (2000 y 2014)–. Mañana espera la gloria ante Alemania. España se la ha ganado por derecho propio. Por todos estos años.

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