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¿Puede el Leicester ganar la Premier?

La revelación de la liga inglesa, tras su victoria de este martes ante el Liverpool, afronta dos jornadas decisivas: City y Arsenal

Natural de la ciudad y criado en su equipo de fútbol, Gary Lineker ha pasado de excelente rematador a respetado conductor de Match of the Day, el emblemático programa que resume cada jornada futbolística en la BBC. Hace poco más de un mes lanzó una sentencia sobre el club que lleva en el corazón: “Si el Leicester gana la Premier el primer programa de la próxima temporada lo presentaré en calzoncillos”. Con 14 jornadas por jugar, y tras su victoria de este martes (2-0) ant el Liverpool, el Leicester es líder con 50 puntos, tres más que el Manchester City y cinco que el Arsenal (los mismos que el Tottenham), justamente los dos equipos a los que visitará en sus próximos compromisos. Estas son sus armas para dejar a Lineker al desnudo:

La propiedad. Hace un par de semanas la Universidad de Leicester invistió como doctor honoris causa a Vichai Srivaddhanaprabha, un tailandés que en agosto de 2010 llegó a la ciudad para adquirir la mayoría accionarial de su equipo. Entonces estaba un escalón por debajo tras haber tocado fondo dos años antes, cuando por primera vez en más de 100 campañas se vio fuera de una de las dos primeras divisiones del fútbol inglés. El dueño del Leicester dirige King Power Group, un operador de tiendas libres de impuestos en aeropuertos que también trabaja en otros ámbitos del sector turístico. Forbes calcula que su fortuna personal supera los 3.000 millones de euros. Por poco más de 30 adquirió el Leicester. Dice que decidió la compra en apenas unos minutos tras ir al estadio a presenciar un partido y ver el ambiente. Hoy parece un buen negocio no sólo porque el nuevo acuerdo televisivo llevará los próximos tres años un río de dinero a la Premier sino porque si el equipo entra en la Liga de Campeones se garantizará no menos de 50 millones de euros más.

Al inicio de temporada creían que podíamos descender”

Claudio Ranieri

El Leicester ha llegado a la cima antes de lo que pensaban sus dueños. “Al inicio de temporada creían que podíamos descender”, confiesa el técnico Claudio Ranieri. Se habían salvado la temporada anterior tras sumar 22 puntos en los últimos nueve partidos, tres más que en las 29 jornadas anteriores. Lo hicieron de la mano de Nigel Pearson, el técnico que había sacado del barro al equipo en 2009 y que había regresado después del decepcionante paso de ilustres como Paulo Sousa o Sven Goran Eriksson para llevar al equipo a la Premier tras 10 años de ausencia. Pero el último día del pasado mes de junio los tailandeses despidieron a Pearson. Adujeron “diferencias fundamentales de perspectiva”.

Los Srivaddhanaprabha dicen que ese tipo de decisiones no concuerdan con su ideario. “En la cultura tailandesa damos tiempo a las personas y tratamos de escucharles y manejar las empresas como una familia”, detalla Aiyawatt, hijo del dueño y vicepresidente del club.

El entrenador. Cuando el pasado mes de julio llegó Claudio Ranieri al club le acompañó el escepticismo. “Es una elección aburrida”, clamó Gary Lineker, que además es vicepresidente de honor del equipo. Siete años atrás, José Mourinho había llamado “viejo” al técnico romano, que a los 63 años regresaba a la Premier tras su primera experiencia como seleccionador. Fue en Grecia, empató un partido y perdió los cuatro restantes. Tras caer en Atenas contra Islas Feroe le mostraron el camino del aeropuerto. Otro veterano, Harry Redknapp, escribió en Twitter que Ranieri era “un buen chico”, pero que no merecía el banquillo del Leicester.

Siempre cuidadoso en las relaciones públicas, Ranieri es uno de esos tipos expansivos que sabe reírse incluso de si mismo. En Inglaterra le apodan tinkerman, vocablo futbolero que podría traducirse como excéntrico o informal y que se identifica con aquellos entrenadores proclives a experimentar o dar bandazos. No es la única etiqueta que acompaña a Ranieri. Este verano cumplirá tres décadas en los banquillos. Pasó por Nápoles, Fiorentina, Valencia, Atlético, Chelsea, Parma, Juventus, Roma, Inter o Mónaco. La única vez que ganó una liga fue con los monegascos, pero era la de Segunda División. “No es culpa mía si le consideran un perdedor”, bramó no hace mucho Mourinho.

Ranieri da instrucciones durante un partido ante el Stoke. Getty

Los jugadores. “¡Antes en la Premier solo había un tinkerman, pero ahora hay un montón!”, lanzó entre carcajadas Ranieri durante su presentación en Leicester. El dinero ha convertido la competición en algo tan voluble que, por ejemplo, apenas hay siete entrenadores que lleven más tiempo en sus banquillos que Louis Van Gaal en el de Old Trafford la temporada pasada. Y de pronto Ranieri abraza la estabilidad.

El Leicester se maneja con un once tipo en el que ocho futbolistas lo han jugado casi todo. Vardy y Mahrez acaparan los elogios, pero el núcleo duro lo compone un grupo de anónimos que ahora toca la gloria.

Mahrez pone el talento y entre él y Vardy los goles (ambos llevan 29 de los 42 que suma el equipo)

El meta Kasper Schmeichel no llega al nivel de su mítico padre, pero se ha sacudido su sombra. “No ha sido ninguna ayuda, hubiera jugado antes en la Premier”. En ella debutó con el Manchester City hace ocho años. Jugó ocho partidos y tuvo que crecer en destinos como Bury, Falkirk o Cardiff. La zaga la cierran dos veteranos, Wes Morgan, de larga carrera en la Championship con el Nottingham Forest, y el alemán Robert Huth, forjado en el Chelsea y fichado este año por 4 millones de euros tras llegar en febrero cedido por el Stoke City. Drinkwater y N’Golo Kanté cierran la medular y son claves para armar la presión al rival. El francés, que llegó este verano del Caen con apenas 37 partidos en máxima categoría para reemplazar a Cambiasso, es el centrocampista que más balones recupera en la Premier. La banda derecha un descarte del ahora colista Aston Villa, el veloz Marc Albrighton, que sufrió este verano la traumática muerte de la madre de su novia, asesinada junto a su pareja y 36 turistas más en una playa tunecina.

Los laterales Simpson, en la derecha, y el austriaco Fuchs en la izquierda, el atacante japonés Okazaki o el argentino Leo Ulloa, máximo goleador de la Segunda española hace cuatro años, también alternan en el plantel.

El estilo. Solo el Sunderland y el West Bromwich Albion tienen menos tiempo el balón que el Leicester (42% de posesión media), que es además el único equipo de la Premier que lo maneja menos tiempo como local que como visitante. No necesita la pelota para ganar Ranieri, que manda a sus hombres a una presión alta, recuperación y respuesta inmediata. “No hay mucho que cambiar, si acaso algo más de táctica”, deslizó a su llegada al club, cuando decidió arroparse con dos de los ayudantes del destituido Pearson. Luego comparó al equipo con Forrest Gump. “Lo que hacemos es correr, correr y correr”.

Mahrez pone el talento y, entre él y Vardy, los goles. Vardy marcó este martes los dos tantos al Liverpool y entre ambos llevan 31 de los 44 que ha marcado el equipo. Para el Leicester, la Copa de la Liga se acabó en octubre, eliminado por el Hull, y la Copa se esfumó hace dos semanas, ante el Tottenham. Este martes recibe, tras descansar 10 días, al Liverpool, que en ese tiempo ha disputado dos partidos.

En el horizonte aparece un anhelo: el club apenas luce en sus vitrinas tres Copas de la Liga y tiene el dudoso récord de ser el equipo más veces (cuatro) derrotado en una final de Copa. Nunca, como su entrenador, ha ganado una Liga.

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