El fútbol argentino se descontrola

La batalla campal en el clásico de La Plata es el último escándalo

No ha pasado ni un año desde el último gran escándalo, y el fútbol argentino vuelve a ser protagonista por la violencia. De nuevo, el mundo de un deporte que en este país está en todas partes, estrechamente vinculado al poder, clama “así no podemos seguir”. Pero sigue. En mayo de 2015, ultras de Boca rociaron con gas pimienta a los jugadores de River. No pasó casi nada, Boca fue eliminado de ese torneo pero volverá a jugar este año la Libertadores. La Conmebol incluso le acaba de rebajar la pena: de 8 partidos sin público ha pasado a solo 2. El domingo, otro clásico caliente, Estudiantes-Gimnasia, los dos grandes equipos de La Plata, acabó con una batalla campal entre los jugadores. Juan Sebastián Verón, la brujita, histórico jugador de la selección argentina que pasó por el Manchester, Chelsea, Inter, Lazio, Sampdoria, es ahora el presidente de Estudiantes de La Plata y está abochornado. “Acá no se permite la derrota, parece que en el fútbol va la vida, eso hace que la gente se vuelva loca. Esto no es la llamada pasión argentina, es otra cosa, es irracional y no está bien, se lo decimos todos los días a los jugadores. Vamos a tomar medidas drásticas, ellos saben que no está bien lo que hicieron”, explica Verón en conversación con EL PAÍS.

Esas medidas a los jugadores que participaron en la gresca –las imágenes de cómo rematan en el suelo a un rival a puntapiés han escandalizado a todos- incluyen sanciones económicas y obligarles a participar en tareas sociales. Pero Verón admite que el problema es más de fondo. En el fútbol argentino hay violencia, como la hay en los barrios de los que vienen muchos de los jugadores. La rivalidad en los clásicos –Boca-River, Estudiantes-Esgrima, Newell’s-Rosario Central- hace que ya no sean una fiesta. Los estadios argentinos ya no están divididos a la mitad entre las dos hinchadas, uno de sus mayores atractivos. No se deja entrar a la hinchada rival por seguridad.

¿Pero qué hacer cuando los que se pelean no son los hinchas sino los propios jugadores? “La violencia está en Argentina. La educación es la clave. Cuando están acá en el club tratamos de encaminar a los chicos hacia otro lado. Por eso les dije a los profesionales, ustedes tienen que cuidarse porque son vistos por muchos chicos. Lo que pasó el domingo no nos ayuda nada. Fue un hecho aislado, pero no ayuda. Parece que en general solo sirve el que tiene éxito, y no es así, ganar no es todo. Hay que bajarle el tono a la competencia”, resume Verón.

El Gobierno argentino, liderado por un hombre que viene del fútbol como Mauricio Macri, expresidente de Boca Juniors, tiene planes para intentar frenar esta violencia que cada día más domina el fútbol de este país, con la intención de volver a la normalidad y lograr que puedan regresar las hinchadas rivales a los estadios, por ejemplo. “El gasto de la seguridad de los estadios lo va a empezar a pagar el Gobierno, que también va a decidir quién entra y quién no. Para los clubes es difícil vetar a los barra bravas. Hay muchas presiones. Ahora lo hará la policía. Así los clubes podrán independizarse mejor de los barra bravas”, explica una fuente de la Casa Rosada. El análisis que se hace en el Gobierno de Macri es que en junio, cuando cambie la dirección de la AFA, la cúpula del futbol argentino, se impulsarán medidas importantes para normalizar el fútbol. Aunque el Ejecutivo ya está estos días promoviendo novedades.

La AFA, dominada históricamente por el fallecido Julio Grondona, ha sido siempre un centro de poder y negocios clave en Argentina. Ahora hay una gran batalla por el control al que aspira Marcelo Tinelli, el showman más conocido de este país. Muchos analistas creen que desde allí Tinelli querría dar el salto a la política como antes lo hizo Macri desde Boca Juniors a la alcaldía de Buenos Aires. “Tenemos esperanza que con todos los cambios que se están produciendo en la FIFA y en la Conmebol también llegue la modernización a la AFA”, señalan desde el Gobierno de Macri. En cualquier caso aclaran que los torneos de verano, como el que jugaban Gimnasia y Estudiantes –el campeonato oficial aún no ha comenzado- siempre fueron más violentos entre otras cosas porque las sanciones que se aplican no tienen valor. En este verano los árbitros han sacado 14 tarjetas rojas, y hace dos semanas un Boca-River acabó con 5 expulsados. Nada llegó a la violencia del Estudiantes-Gimnasia pero los agarrones e insultos entre jugadores son habituales. Es la espiral del fútbol argentino, con picos como el de este domingo y un lento camino de deterioro.