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Zidane proclama el fin del contragolpe

El técnico reconoce que quiere acabar con el modelo táctico que definió al Madrid de Mourinho, Ancelotti y Benítez

Nunca en la historia del fútbol conjugaron propaganda y opinión pública toda su energía hasta elevar el contragolpe a la categoría suprema de arte y seña de identidad como sucedió en el Real Madrid entre 2010 y 2016. Lo que había sido una circunstancia del juego, más o menos aleatoria, reservada a la jactancia del vecino colchonero, se constituyó en estrategia deportiva y en política de comunicación madridista. José Mourinho bautizó sus celadas con tono pitagórico triángulo de presión adelantada, los futbolistas declararon que jugar bien no equivalía a tener el balón —Arbeloa encabezó la manifestación— y muchos aficionados, alentados por una constelación de medios de comunicación, llegaron a convencerse a sí mismos de que existía un estilo madridista que, por oposición al toque del Barça, sublimaba el pelotazo.

Toda esa fabricación mítica amenaza con desvanecerse si Zinedine Zidane insiste con éxito en su propósito. Y su intención, proclamada este sábado, no es otra que la de obviar aquellas maniobras tendentes a generar espacios para los velocistas y dedicar los esfuerzos del equipo a invadir el campo rival. Es decir: Zidane quiere acabar con la práctica del contragolpe como sistema. “¡La idea es esta!”, dijo antes de viajar a Granada (20.30, Movistar+ Partidazo).

“Así es como me gusta jugar”, explicó el francés, soltando una risita pícara. “La gente que me conoció como jugador sabe que a mí me gusta el juego, me gusta jugar, me gusta tener la posesión del balón. Y luego cuando no tienes la posesión la mejor manera de recuperarla otra vez es presionar. No dejar al rival jugar. ¡La idea es jugar en campo contrario siempre!”.

La propuesta de Zidane agrada a la directiva, en donde Florentino Pérez viene insistiendo desde 2013 que es preciso que el estilo del equipo resulte más visiblemente espectacular y mandón. Por entonces, al presidente le habían aburrido las tácticas dilatorias de Mourinho, maestro por convicción ideológica en el arte de salir al campo a preparar emboscadas cediéndole la pelota al adversario. Luego Ancelotti y Benítez, contra la sugerencia de la directiva, abundaron en estos planteamientos. Uno y otro actuaron seguros de que los repliegues puntuales favorecían la creación de espacios y permitían que Cristiano y Bale, los dos futbolistas más caros en los anales de los traspasos, exhibieran lo mejor de su repertorio, que suele ser a la carrera.

El ayudante incrédulo

 Zidane conoció el proceso por dentro. Primero, como ayudante de Mourinho en la temporada 2011-12; después, como segundo de Ancelotti en el curso 2013-14. El técnico italiano insistía en que los espacios permitían “sfruttare” (explotar) las cualidades atléticas de Cristiano y Bale lanzados a la espalda de las defensas contrarias. El camino hacia la Décima estuvo salpicado de maniobras de este tipo. Zidane asistió a los preparativos en primera línea. Pero, según admite ahora, él no siente que se deba jugar así al fútbol.

“No creo que haya nada especial en mis mensajes a los jugadores”, dice el francés. “Intento darles mi perspectiva y lo que espero de ellos. Son grandes profesionales y no ha sido difícil. Tenemos una buena relación y eso es lo más importante para un entrenador. Había que hacer algo, pero es que ellos ya lo estaban haciendo muy bien antes. He aportado un poco por mi parte y estoy muy contento. Pero hay que continuar. Mi objetivo es que seamos más competitivos en cada partido para poder ganar algún título”.

El control del juego a través de la posesión continua se hace más difícil cuando Bale y Cristiano coinciden en el campo. No será el caso en Los Cármenes, a donde Bale no acudirá —el curso pasado tampoco estuvo— debido a que todavía no se ha recuperado de su última lesión muscular. “Bale está mejor pero no totalmente curado”, advirtió Zidane.