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“En Argentina el jugador sabe que es un número para el club”

El entrenador del Boca Juniors, último campeón de la liga, repasa su carrera y la situación del fútbol argentino

Rodolfo Arruabarrena (Buenos Aires, 1975) es un tipo franco y metódico. A las cuatro de la mañana le suena el despertador y comienza a diagramar los ejercicios de su Boca Juniors, que ha comenzado la defensa del título argentino frente al Temperley (0-0). Con 17 años debutó en el primer equipo del cuadro xeneize de la mano del Maestro Tabárez, pero en su currículo de entrenadores ilustres contó con Menotti, Bilardo, Passarella, Bielsa y Bianchi.

Pregunta. ¿Con los entrenadores que tuvo era difícil no verlo sentado en el banquillo?

Respuesta. Del fútbol argentino tuve a casi todos… hasta estuve con Pékerman en la Copa Toulon. Sin embargo, por haber tenido a los mejores entrenadores no te conviertes en un buen técnico. Del mismo modo que, por más que hayas sido un gran jugador, no tienes por qué ser un buen entrenador. Hay otras cuestiones, como ponerte delante de un grupo de 30 jugadores y tener una charla técnica clara, sin dudas ni interrupciones. El jugador te analiza constantemente y se da cuenta de qué clase de entrenador tiene enfrente.

P. ¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser técnico?

R. Cuando regresé a Argentina, en mis últimos partidos como jugador fui al banquillo y me sentía cómodo. Me gustaba entrenar, me gustaba concentrar… señales de que ese podía ser mi lugar. Y ojalá hubiese tenido claro a los 18 años que quería ser entrenador. Hubiese anotado ejercicios y prestado más atención a muchas cosas, pero, por suerte, tengo mucha memoria y recuerdo charlas y comentarios.

P. ¿Alguna en particular?

R. Sí, con Bilardo. En un Velez-Boca del año 1996, yo estaba en el banquillo y a los tres minutos de haber empezado el partido me llamó. Yo pensaba: “Se lesionó el lateral”. En cambio, me dijo: “Vasco, párate aquí y estira”. Pasó todo el primer tiempo y nada. En el segundo tiempo, lo mismo; hizo los tres cambios y yo seguía a tres metros de él. “Mira el partido”, me decía. En la semana le pregunté por qué me había hecho hacer eso y me contestó: “Creo que usted puede ser un buen entrenador”. Son las locuras de Carlos, yo tenía 20 años.

P. ¿Menotti y Bilardo son tan diferentes?

R. Son diferentes sí, pero tienen aspectos en común. Por ejemplo, a los dos les gusta salir con el balón jugado desde atrás. A César yo lo tuve de pequeño, con 17 años, pero de cualquier charla de él, o de cualquier comentario que hacía, se aprendía algo. Antes de los partidos hablaba conmigo y yo salía a la cancha pensando que era el mejor del mundo.

P. ¿Hoy se puede tener esa misma relación con el jugador?

R. Cambió mucho todo. Los entrenadores, los jugadores, los referentes en la sociedad, los directivos, los periodistas…

P. ¿A qué se refiere?

R. Antes el jugador podía tener una buena relación con un periodista, pero había una distancia. En mi época los entrenadores eran maestros, en las divisiones inferiores tenías a tipos que en cada palabra que te decían te inculcaban algo. Hoy eso está costando.

P. ¿Por qué?

R. Hoy, quizás, por la cercanía de edad entre jugador y entrenador, hay otra manera de manejarse. También está la situación de que el fútbol argentino es un mercado vendedor y muchas veces el jugador sabe que es un número para el club. Esto hace que, en muchos casos, el futbolista sea más importante que el entrenador por un tema económico. Un pibe de 17 años que sólo jugó tres o cuatro partidos bien ya tiene ofertas del exterior. El chico se convierte en la cabeza económica de la familia y cuando surge la posibilidad de un traspaso, aunque sea a una liga desconocida, su entorno quiere que se realice para coger el dinero y establecerse. Está todo el mundo apurado y quizás a los seis meses lo tienes de nuevo en Argentina, porque no se pudo adaptar y regresa con la cabeza quemada porque lo siente como un fracaso.

P. ¿Cómo controla esas situaciones?

R. El entrenador ve la cabeza del pibe; si escucha, si no lo hace... Hay futbolistas que cuentan con un entorno que los favorece para que se conviertan en grandes jugadores y hay otros que no. Un chico juega un partido bueno y la prensa lo dimensiona… Ahí es cuando hay que decirle: “Ojo con los amigos de la fama. Vas a tener muchísimos. Tienes que aprender a diferenciar a la gente que está contigo por interés de los que realmente te quieren”.

P. ¿Cómo convive con la inmensa popularidad del Boca?

R. Sé que soy muy mirado, pero también depende de cada entrenador y de la importancia que le dé a cada situación. Sé que tengo que tener mucho cuidado con lo que digo y sé la responsabilidad que tiene mi cargo, pero confío en mi trabajo. No soy de estar demasiado pendiente de lo que se dice. No tengo ni Facebook ni Twitter, a veces creo que se utilizan más para hacer daño que para sacarle algún provecho.

P. ¿Ajeno a los tiempos modernos?

R. Yo trato de ser sincero y creo que, a veces, me expuse mucho. Esta temporada he decidido contratar a un jefe de prensa para que me ayude, porque yo me tengo que ocupar de mi trabajo y no de lo que se dice. Llega un momento en el que con tantas entrevistas privadas, con tantas ruedas de prensa, los entrenadores ya no sabemos qué carajo decir. Se está hablando muy poco de fútbol y mucho de si la mujer de un jugador le contestó a la de otro en Twitter, o que alguien publicó algo en Facebook, pero no se habla de si un equipo estaba bien parado en el campo o si el técnico hizo bien los cambios o no.

La trayectoria y los títulos del Vasco

Como jugador: Boca (Argentina): 1993-1996 y 1997-2000. Rosario Central (Argentina): 1996. Villarreal (España): 2000-2007. AEK Atenas (Grecia): 2007 -2008. Tigre (Argentina): 2008 - 2010. Universidad Católica (Chile): 2010 - 2011.

Como entrenador: Tigre (Argentina): 2011-2012. Nacional (Uruguay): 2012-2013. Boca (Argentina): 2014-presente.

Palmarés. Como jugador conquistó el Apertura 1998, el Clausura 1999, la Libertadores 2000, la Intertoto 2003 y 2004. Como entrenador levantó la Liga Argentina en 2015 y la Copa Argentina 2014-2015.

P. ¿Cómo juega su Boca?

R. Es un equipo que intenta salir jugando desde atrás, aunque eso no significa que no puede buscar, en determinados circunstancias, un juego más directo. Queremos tener la pelota y presionar. Sin embargo, hay momentos en el que tenemos que ser verticales. Nuestra idea es ser consecuentes con la posesión y estirar a los laterales, jugar dos o tres contra uno en banda y finalizar por dentro. El problema a evitar es la previsibilidad y para eso tenemos que trabajar con los interiores.

P. ¿Tener un jugador como Tévez, y ahora Osvaldo, le soluciona muchos problemas?

R. Son jugadores que te pueden definir un partido, pero por otro lado es cuando más responsabilidad tienes porque el equipo debe entender que no jugamos solo con ellos. Tener nombres no quiere decir que tengas un equipo. Hay que ensamblar las sociedades que queremos.

P. Le rebajaron la sanción al Boca por los incidentes del clásico frente al River en la Copa Libertadores. ¿Cómo analiza lo que sucedió?

R. Fue una situación que me molestó y que me dio vergüenza por la liga argentina y por mi club, como no me gustó lo que pasó en el clásico del verano con las expulsiones y lo que sucedió en el partido entre Gimnasia y Estudiantes. Somos todos responsables. Todos. Los jugadores, los entrenadores, los directivos, los periodistas… La gente se tiene que cuidar con lo que dice. Hablan de partidos de vida o muerte, dicen que es cuestión de ganar o morir. ¿Qué significa que un partido sea de vida o muerte?

P. ¿Es injusto como se trata a Messi en Argentina?

R. El tema pasa por ganar un título con Argentina. El mensaje que se da aquí es: “En Barcelona gana siempre y aquí no, ¿cómo puede ser?”. Y siempre, o casi siempre, el hincha compra ese mensaje. Es el mejor jugador del mundo, pero necesita de un equipo y en el Barça lo tiene.