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Jorge Ureña comienza a borrar al gigante del decatlón Peñalver

Gracias a su gran avance en pértiga, el decatleta de Onil batió el récord de España de heptatlón con la mejor marca mundial del año

La semana pasada, dos atletas españoles batieron el récord nacional de su prueba con una marca que les colocó los primeros en el ranking mundial del año en pista cubierta. Orlando Ortega corrió los 60m vallas en 7,49s y Jorge Ureña llegó a 6.076 puntos en heptatlón (60m, longitud, peso, altura, 60m vallas, pértiga y 1.000m).

Para ambos, las marcas son solo puntos de paso hacia cimas más altas. Para Ortega, ya confirmado como uno de los mejores vallistas del mundo, ni siquiera es la mejor marca de su carrera, pues como cubano aún corrió en 7,45s el año pasado; de Ureña, de 22 años, el atletismo español espera que herede de Antonio Peñalver, medallista en Barcelona 96, el título de mejor decatleta español de siempre.

A los dos se les espera este verano en los Juegos de Río, y a Ureña también, aunque duda si acudirá, en los Mundiales en pista cubierta, en marzo, en Portland (EE UU). “La fecha cae muy mal en mi preparación para conseguir la mínima olímpica [8.100 puntos: su mejor marca es 7.983] y seguramente deba renunciar”, dice Ureña, que vive y se entrena en Onil (Alicante), dirigido por su padre, el exdecatleta José Antonio Ureña, y por Jesús Gil, también entrenador del saltador de longitud Eusebio Cáceres. “En el Europeo de Ámsterdam, en julio, intentaré la mínima, pero batir el récord de España [8.526 puntos de Francisco Benet] o, incluso, superar los 8.474 puntos de Peñalver todavía lo veo lejos. En lanzamientos, sobre todo en disco y peso, me falta corpulencia para acercarme a sus marcas [14 metros menos en disco lanza Ureña, tres menos en peso] y lo tengo que compensar trabajando más la técnica”. El hombre 10 del atletismo español mide 1,78 metros, 20 centímetros menos que Peñalver, 10 centímetros menos que Ashton Eaton, el hombre de los 9.045 puntos. Lo que no le da el tamaño lo compensa con velocidad, fuerza, flexibilidad y agilidad: su mejor prueba son las vallas, la especialidad que mejor define a un atleta proteico.

Camino de ser mejor que Peñalver, Ureña comenzó batiendo su récord de heptatlón, que llevaba 24 años en los libros. Lo hizo en Reims, lo que le permitió brindar por su éxito con el mejor champagne, y, sobre todo, gracias a los 5,02 metros [22 centímetros más que su mejor marca] que saltó con la pértiga, lo que confirió valor simbólico al logro, capacidad de superación y arrojo. Hace unos meses, en el Mundial de Pekín, un cero en pértiga marcó su debut en la gran competición.

“Aquello me ocurrió por usar pértigas demasiado blandas para la fuerza que desarrollaba, porque entraba a tope de adrenalina”, dice. “Este invierno he trabajado mucho en Tenerife y, sobre todo, ya me he atrevido a usar pértigas duras. Superando los cinco metros ya estoy en la altura que hace la mayoría y pierdo uno de mis hándicaps”.