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Kroos vuelve al origen

El alemán se descuelga como mediapunta antes de meter el gol (3-1) que frena la riada de un bravo Athletic

Toni Kroos encontró su hábitat natural. Como dejándose llevar. Erguido, pálido, suelto. Fue asociándose y avanzando por el carril del ‘diez’ mientras Cristiano se le ofrecía como extremo izquierdo. Tiró dos paredes y De Marcos, Iturraspe, Beñat y Etxeita se descolocaron. No supieron si seguir al hombre o a la pelota, si tapar la banda o cerrar el medio. Hubo un segundo de vacilación mientras la pelota circulaba de bota a bota con desconcertante precisión. Rápido, a un toque, sin inmutarse ante la falta de espacios, allí donde la mayoría se ofuscan el volante central se perfiló sin esfuerzo y recordó en un par de gestos por qué su verdadero oficio es el de mediapunta. La posición que cultivó en la cantera del Bayern. Cuando pisó el área y recibió el pase, la multitud hinchó los pulmones para gritar gol. El chico flexionó las rodillas, amortiguó el balón, y sacó el tiro. Imparable para Iraizoz. Fue el 3-1 y cayó en el minuto 45. Un golpe definitivo para un Athletic que parecía ingobernable.

“Hemos dominado el partido absolutamente en el primer tiempo y nos hemos ido al descanso con un 3-1 en contra”, lamentó Alejandro Valverde, técnico del Athletic. “Hemos pecado de candidez al recibir ese gol. Faltaban unos segundos para el descanso y no supimos dormir el partido. Con el 2-1 y las dudas que le estábamos generando al Madrid habríamos seguido metidos en el partido”.

El Bernabéu pesó como una montaña de hormigón sobre la moral del Athletic en la última década. La secuencia se repitió como las rutinas domésticas. El equipo vizcaíno ingresaba a la cancha, el fondo sur entonaba el Viva España de Manolo Escobar, y las camisetas rayadas se encogían, o sufrían algún accidente. Ese espíritu se clausuró en la tarde de este sábado. El Athletic, lejos de amilanarse por el 1-0, se posó sobre el campo del Madrid como la nube que descargaba llovizna sobre Chamartín.

El Madrid fue incapaz de controlar la riada ajena y encauzó su juego con dificultad. Zidane quitó a Isco y en su lugar puso a Kovacic para cambiar el dibujo. El equipo pasó de operar con dos mediocentros y dos mediapuntas a hacerlo con tres volantes interiores, Modric, Kroos y Kovacic, que por momentos parecieron lo más fiable, junto con Benzema. La nueva disposición no contribuyó a generar más situaciones claras, pero, como en los últimos minutos en Granada, permitió mayor flexibilidad a los centrocampistas. Si en Los Cármenes se descolgó Modric, en el Bernabéu lo hizo Kroos. Otra vez, la acción de uno de los interiores resultó determinante para compensar una exhibición de juego colectivo muy irregular.

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