Messi y Luis Suárez homenajean a Cruyff con un penalti indirecto

Leo ejecuta con Luis Suárez el penalti indirecto que popularizó Johan Cruyff y completa una actuación soberbia frente al Celta

Penalti indirecto de Messi y Suárez. Vicens Giménez / Ronald Quintero

Leo Messi realizó su particular homenaje a Johan Cruyff. La historia se remonta al 5 de diciembre de 1982, cuando El Flaco popularizó el lanzamiento del penalti indirecto, cuando jugando con el Ajax desmontó al Helmond Sport con una patente para el recuerdo. Cruyff llegó al punto de cal y, por sorpresa, tocó la pelota hacia la izquierda para Jesper Olsen, que se la devolvió para que el 14 celebrara el gol. Desquiciados como están tanto Neymar como Leo en los lanzamientos desde los 11 metros, encontraron la mejor manera para maquillar las estadística. Una suerte que difícilmente repetirán pero que descompuso al Celta y encumbró aún más al 10 del Barcelona.

Messi corrió a por el balón. Hizo ver que chutaba al tiempo que la cedía a su derecha. Allí, tal como habían pactado, debía aparecer Neymar. Pero se adelantó Luis Suárez que, libre de marca, le pegó raso a gol con el portero batido. Era la versión 2.0 del famoso penalti que, sin ir más lejos, Pires y Henry intentaron en 2005 con el Arsenal. Pero se quedaron con las ganas porque Pires apenas rozó el esférico, Henry se pasó de largo y el colegiado pitó falta porque la pelota no rodó. No ocurrió lo mismo en el Camp Nou. Suárez festejó su hat-trick y la culminación de una obra maestra de Messi, que descosió al Celta y su gallardo planteamiento del marcaje al hombre.

Pablo Hernández persiguió a Sergi Roberto con denuedo. Radoja fue la lapa de Iniesta. Wass se marcó un baile en pareja con Busquets. Cabral le dio una foto suya a Luis Suárez para que no se olvidara de él tras el duelo. Mallo se grapó a Neymar. Y Planas, ayudado por Jonny o por Señe, dependiendo de la zona que transitara Messi, trató de ponerle sin éxito cerco al 10. Aunque durante un buen rato pareció funcionar la artimaña de Eduardo Berizzo, reconocido bielsista que puso en práctica en el Camp Nou lo que Marcelo ya probó en su día con el Athletic: el marcaje al hombre.

En vez de utilizar el repliegue como un adjetivo calificativo, Berizzo propuso un intercambio de golpes que evitara el ataque posicional azulgrana con una estrategia que se basaba en la anticipación y en la presión. Iniesta primero y Neymar después, por eso de la conducción del esférico entre los pies, explicaron que la conducción era la mejor de las maneras para descifrar el marcaje al hombre. Tomó nota Messi y se acabó el encuentro.

Si el 10 quiere, no hay marcador que le eche el lazo. Ya lo anticipó en la final de la Copa del curso anterior ante el Athletic cuando Valverde decidió ponerle encima a Balenziaga y lo recogieron a trocitos. Tras estudiar al rival en el primer acto, Leo se dedicó después a tirar diagonales y pases definitivos. A Sergi Roberto le sobró un recorte y a Iniesta le faltó la puntería tras las asistencias de Messi. Pero no falló Luis Suárez cuando se la picó por encima de la defensa. Fue el gol del triunfo apoyado por una falta estupenda que abrió el marcador —un calco al lanzamiento de falta de la Supercopa de Europa ante el Sevilla en Georgia o al de la Copa ante el Espanyol— y secundado por el penalti indirecto, por el homenaje a Cruyff.

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