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Marcelo, el mejor socio del equipo

El brasileño, que estaba aquejado de un golpe en el hombro, habilitó a CR en el primer gol y fue clave para abrir el campo

La porchetta suscitó más entusiasmo popular que el partido. Servido en bocadillos en los chiringuitos que se instalan sobre la calzada de mármol del Foro Itálico, al pie de los pinos centenarios, el cerdo adobado más famoso de la Italia central alimentó a la hinchada romanista cuando se encaminó hacia el Estadio Olímpico tratando de no pensar en lo peor. Las radios informaban de que no jugaría ni De Rossi, ni Keita, ni Maicon, ni Totti... Ninguno de los excelentes veteranos, reservados por Spalletti en una noche que el técnico juzgó solo apta para quienes “pueden correr”. Correr detrás del balón que se suponía movería el Madrid a toda velocidad. Correr para cerrar los espacios que se suponía que se abrirían por todas partes. Correr para salvar el honor.

El Madrid no movió la pelota como se temía Spalletti pero la Roma corrió. Tal y como estaba previsto. Corrió Salah, corrió Vainqueur, corrió Perotti, y así, los diez hombres de campo que salieron de inicio completaron la media maratón. Nerviosos, inseguros, imprecisos pero a la carrera. Los animó un público igual de desesperado. Una afición que se conformó con tan poco que jaleó a Rüdiger cuando fue capaz de despejar un balón.

La suerte de la porchetta

Cristiano llegó al estadio con la cabeza casi cubierta por auriculares dorados. Serio como si estuviese de mal humor o como si tuviese una misión. La gente no dejó de pitarle desde que le vio aparecer sobre la hierba. Cada vez que tenía la pelota, cuando lanzaba, o cuando protestaba al árbitro. Mientras corrieron todos a una, los rivales le contuvieron. Durante una hora pasó prácticamente desapercibido. A la hora de partido conectó con Marcelo por segunda vez.

En la desanimada imaginación de los aficionados locales se agitaban los grandes nombres. Cristiano, Benzema, Modric, James… Pero el más peligroso hasta esa segunda conexión fue Marcelo. El brasileño llegó a Roma después de una semana de especulaciones en torno a su hombro derecho. Los médicos del Madrid filtraron oficiosamente que tenía una luxación. La realidad es que el lateral solo tenía un golpe y que ni él ni su entrenador, Zidane, pensaban en otra cosa que no fuera la titularidad. ¿Quién abriría el campo si no? La tendencia del equipo a circular en masa por cuellos de botella ha convertido a Marcelo en un bisturí.

A la hora de partido Marcelo habilitó a Cristiano, que corrió pegado a la banda mientras la Roma se replegaba. Florenzi se estiró para contenerle pero su gambeta le permitió ganar medio metro dentro del área y un disparo. Su primer tiro entre los tres palos de Szczesny. Describió una parábola y entró en la escuadra más lejana. Fue su 12 gol en Champions esta temporada. Lo celebró abrazándose a Zidane porque los peores temores de la romanità se habían cumplido. La Roma había corrido la suerte de la porchetta.

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