El Bilbao Basket dinamita a un Barcelona sin alma

El equipo de Sito Alonso maximiza su estrategia y sorprende a un rival perdido

El Bilbao ganó con todas las de la ley, sin medias tintas. Sorprendió al Barcelona y dinamitó la Copa del Rey. Venció por un punto y con el último balón en las manos de los blaugrana. Pero la sensación es que, incluso habiendo enviado ese último balón al cesto, el Barcelona jugó rematadamente mal. Fue un equipo sin alma, sin plan, desorientado, sobrepasado desde el primer al último minuto.

BARCELONA, 72 - BILBAO BASKET, 73

Barcelona: Satoransky (5), Navarro (6), Perperoglou (6), Doellman (11), Tomic (8)—quinteto titular—; Ribas (9), Abrines (2), Samuels (5), Oleson (14), Arroyo (4).

Bilbao Basket: Hannah (6), Bertans (3), Mumbrú (12), Hervelle (15), Bogris (8)—quinteto titular—; Slezas (-), Ruoff (18), Mendía (-), Todorovic (5), Raúl López (3), Suárez (3).

Árbitros: Hierrezuelo, Calatrava, Sacristán y Benjamín Jiménez. Eliminaron a Bogris.

Unos 11.000 espectadores en el Coliseum de A Coruña.

La convicción del equipo de Sito Alonso contrastó con el tembleque de los de Xavi Pascual. Esa indecisión estuvo presente en la concepción de las jugadas, las colectivas y las estrictamente individuales. Quedó tan retratada en los nueve tiros libres que fallaron los blaugrana como en la última acción del encuentro en la que Doellman no supo si tirar o penetrar y acabó como suelen acabar cuando sobrevienen las dudas, en un mal pase a Oleson. Balón perdido y partido perdido para el Barcelona. Un tropiezo grave, impropio de un portaaviones, con una plantilla de lujo, pese a la baja de Lawal, un equipo que sumaba seis finales seguidas en la Copa y 20 en las distintas competiciones españolas.

Sobraron fotografías para retratar los desmanes del Barcelona. El desorden de su última jugada fue tanto más llamativo porque no estaba en la cancha ninguno de sus dos bases. Ni Satoransky ni Arroyo, los dos hombres que debían llevar la manija, en el banquillo por decisión de Xavi Pascual. Tal vez castigados porque no supieron hacer frente al ritmo de juego que propuso el Bilbao, mecido por las manos de Raúl López, Hannah y Mumbrú.

Bogris, Hervelle y Abrines lucha por un rebote en el partido EFE

El Bilbao mandó y con una sucesión de movimientos ofensivos muy estudiados rompió la defensa azulgrana, sólo realmente eficaz en el tercer cuarto. Entonces, por un momento, pareció que los triples de Oleson y Perperoglou y las acciones de Doellman y Pau Ribas podían darle el triunfo al Barcelona. Pero su remontada (66-63) desapareció en un visto y no visto. Dominó el rebote, pero no fue suficiente. El Bilbao pareció dar por descontado su déficit en ese aspecto. Su defensa no se descomponía ante las segundas o hasta terceras oportunidades que otorgó o de las que se hizo acreedor el Barcelona con sus 13 rebotes ofensivos. La contumacia de Tomic, algo mejor que en los últimos partidos, pero todavía lejos de la espléndida forma que exhibió en el primer tramo de la temporada, fue similar a la de Arroyo, que salía de una lesión. Los triples de Abrines, Doellman y Arroyo se iban fuera, en consonancia con la mala selección de tiro de su equipo. Todo lo contrario que el Bilbao.

El espíritu guerrero de Hervelle y del griego Bogris mantuvieron la productividad y consistencia del juego de su equipo. La decisión y la buena muñeca del estadounidense Alex Ruoff complementó la maestría y clarividencia de dos tipos con el oficio de Mumbrú y Raúl López.

El Barcelona, en cambio, no encontró puntos de anclaje en su juego. Actuó de una forma sincopada, sin alma. Se echó de menos el ascendente de Navarro, una mayor confianza en Satoransky. El Bilbao fue mejor en todas las líneas. Y aun así, una falta del lituano Slezas a Tomic, que los árbitros consideraron antideportiva, dio la ocasión al croata de empatar. Falló el segundo tiro libre y el Barcelona, con posesión en los últimos tres segundos, falló. No se hubiera entendido una victoria de un equipo tan inane.

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