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El Real Madrid se alimentó con la gasolina de no ser favoritos

Los blancos reconocen que les espoleó el protagonismo con el que otros equipos llegaron

En tiempos complicados para un club de fútbol ahí está el baloncesto del Real Madrid para rescatar alegrías. Lo hizo la campaña pasada con un repóker memorable y renueva ahora su dominio con su tercera Copa del Rey consecutiva. Ningún otro equipo había conseguido un triplete así desde que a partir de 1984 se determinó que la competición se disputase en formato de concentración. Es además la cuarta Copa en cinco campañas, las que lleva Pablo Laso al frente del equipo. “De la que perdimos todavía me acuerdo”, apuntó el técnico. Durante ese tiempo el equipo blanco se ha vuelto a colocar al frente del palmarés de la competición.

No caben excesivas dudas sobre su hegemonía en el baloncesto nacional en los últimos tiempos. Y sin embargo, cuarto clasificado al final de la primera vuelta en la Liga, al Madrid no se le consideraba como favorito en las jornadas previas a la cita en A Coruña. “Llegamos de tapados y hemos sido los campeones”, sacó pecho Sergio Llull mientras esperaba para recibir el trofeo. “Veníamos con muchas dudas, por eso ganar esta Copa tiene otro sabor distinto al de otros triunfos”, recalcó el alero argentino Andrés Nocioni. “Hemos llegado con el gancho”, reconoció Laso. “Pero nos lo hemos currado mucho. Lo que se dijo sobre favoritismos estaba en la calle y mis jugadores leen eso”, zanjó

Llull condujo a su equipo a la final y ya en esta cedió protagonismo a otros compañeros en una actuación coral: hasta bien rebasada la mitad del tercer cuarto ningún integrante del Real Madrid había anotado al menos diez puntos. En los momentos decisivos se presentó el inevitable Nocioni. Y Maciulis no bajó el pistón de la regularidad —“le hubiera dado el MVP”, confesó Laso al final—, pero la distinción como mejor jugador del torneo se la llevó Gustavo Ayón. Mexicano y camino de los 31 años, recibió el galardón de jugador revelación de la ACB en la temporada 2010-11 por delante de Nicola Mirotic. Hacía dos años que Fuenlabrada había apostado por él y le había ofrecido un contrato de cuatro temporadas. Laso todavía recuerda cuando le vio jugar por primera vez. “Entrenaba todavía en San Sebastián. A los dos minutos me dije: ¡madre mía!”.

Ayon emergió en España, pero cuando la NBA llamó a su puerta no tuvo dudas. Con una excelente ética de trabajo y un orgullo que le invita al esfuerzo y a explorar límites, Ayón hizo las Américas. En tres años pasó por cuatro franquicias. Le castigaron las lesiones. Ahora ha vuelto a su mejor versión.

Laso, orgulloso de Ayón

“No sé si es mi mejor momento, pero lo disfruto. Me tocó a mí ser elegido como el más destacado y en otra ocasión le toca a otro. Eso es lo que nos hace grandes como equipo, el hecho de necesitar de todos los jugadores para poder ganar”, explicó el conocido en México como El Titán. A su lado, Laso le miraba con orgullo y los ojos brillantes. “Me alegro mucho por él, por el equipo, pero la mayor victoria no es un título, la mayor es ver nuestra cancha llena y con el público disfrutando”.

Es justamente esa labor de recuperación de la esencia de la sección de baloncesto del Real Madrid, de la magia que destiló durante aquellos años dorados del baloncesto español, una de las más palpables aportaciones de Laso, ahora revestido con el barniz del triunfador, tantas veces discutido seguramente por gente que no suele acercarse a la canasta. Ya ha ganado once títulos para la casa blanca desde que le contrataron para dirigir al equipo en junio de 2011.

“Cuando llegué al club tenia claro que lo podía hacer bien y hemos logrado hacer un equipo e incluso lo hemos trasladado a nuestras categorías inferiores, que el año pasado lo ganaron todo. Podremos ganar o perder pero nuestra sección de baloncesto esta muy viva”, reivindicó el técnico.

 

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