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El Villarreal conquista Nápoles

Un gran gol de Pina clasifica para octavos de final de la Europa League al equipo de Marcelino

Con un gran gol de Tomás Pina, casual o buscado, el Villarreal, en un ejercicio de madurez futbolística, logró empatar en el pasional San Paolo ante el Nápoles, aspirante al scudetto. Igualada de prestigio que le coloca en los octavos de final de la Liga Europa. A partir de su fortaleza defensiva, con oficio y mucho trabajo, el equipo castellonense rebajó las prestaciones del Nápoles en un partido muy táctico y de escasas ocasiones, con alternativas en el juego, intenso y disputado. Una página más en la historia del Villarreal que sigue ampliando currículo.

Nápoles

4-3-3

Maurizio Sarri

25

Reina

2

Hysaj

33

Albiol

21

Chiriches

17

1 goles Gol Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Hamsik

24

Insigne

9

Higuaín

14

Mertens

3

Cambio Sale Maggio

Strinic

19

Cambio Sale Gabbiadini Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

David López

6

Cambio Sale Jorginho Frello

Valdifiori

13

Aréola

2

Mario

5

Musacchio

6

Víctor Ruiz

11

Jaume Costa

21

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Bruno

18

Denis Suárez

17

Bakambu

4

1 goles Gol Cambio Sale Trigueros

Pina

22

Cambio Sale Samu Castillejo Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Rukavina

9

Cambio Sale Adrián

Soldado

Villarreal

4-4-2 (D.P.)

Marcelino García Toral

El partido se jugó en las pizarras de los entrenadores. Se fortaleció el Villarreal en el centro del campo con Tomás Pina acompañando a Bruno en el eje. Se ganó la confianza de Marcelino el exjugador del Mallorca tras su gran partido ante el Atlético en el Calderón, al igual que Rukavina, que volvió a ejercer por el costado derecho por delante de Mario.

Sin reserva alguna al contrario que en El Madrigal, ni el Nápoles ni el ambiente de San Paolo intimidó al Villarreal, que, de inicio, miró de frente a su rival y a Reina, consciente de que un gol le daría una gran ventaja en la eliminatoria. Antes de llegar al cuarto de hora, Bakambu se encontró delante del portero internacional español, adivinando el campeón del mundo la trayectoria del disparo del congoleño. Una ocasión idílica, única para el Villarreal que afortunadamente no lamentó al final.

Intensivo tanto en el repliegue como en el despliegue, con equilibrio en las líneas, al Nápoles le costaba incomodar al conjunto castellonense y encontrar a Higuaín, presente el argentino con aparente cierto sobrepeso, lo que no le resulta un impedimento para ser el máximo goleador del Calcio con 24 goles. La oportunidad que no acertó a materializar Bakambu, la encontró tres minutos después el conjunto napolitano en una acción aislada, igualando la eliminatoria tras una volea perfecta de Hamsik desde el borde del área amarilla que Aréola no pudo alcanzar.

Con la ventaja, perdió el Nápoles el miedo inicial mientras el Villarreal siguió dando la cara, prudentes ambos equipos sin desarmarse en defensa, perdiendo ritmo el encuentro por instantes, creciendo el conjunto de Sarri en los minutos finales del primer acto en la que un par de arrancadas de Mertens pudieron doblar la ventaja napolitana. En la primera, el disparo del extremo belga concluyó en el palo derecho de Areola tras ser desviado por Musacchio.

Tras el receso, el Nápoles obligó al Villarreal a resguardarse, con más predisposición, fundamentos y dinamismo en ataque el conjunto napolitano, que no se fiaba tampoco del potencial amarillo. Reina evitó el remate de Bakambu tras un envenenado centro de Rukavina. Advertido el Nápoles, el Villarreal forzó dos saques de esquina consecutivos. En el segundo, Pina acudió a recoger el saque pasado y el de Ciudad Real, en un centro-chut, alojaba el balón en la escuadra izquierda de Reina, atónito ante la parábola que dibujó la pelota.

Al Nápoles le pudo la ansiedad, necesitado de dos goles para verse en octavos, sin rendirse en ningún caso. Apareció entonces la imagen seria del Villarreal, impermeable al acoso italiano. Donde no llegaba la zaga amarilla lo hacía Aréola, gigante el portero francés en una gran parada tras un potente disparo esquinado de Insigne. Con organización y aplicación defensiva, el conjunto de Marcelino se dedicó con oficio a bajar el ritmo del partido en el tramo final, minimizando riesgos para lograr una clasificación de mérito y empaque en el mítico San Paolo ante un gran Nápoles.

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