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Infantino, nuevo presidente de la FIFA

El suizo es elegido presidente con la misión de restaurar la deteriorada imagen de la organización con sus dotes de gestor, acreditadas en la secretaría general de la UEFA

Cuando Gianni Infantino escuchó el número de votos obtenido por jeque de Bahréin, Salman Al Khalifa (88), en la segunda vuelta esbozó media sonrisa ganadora. Cuando anunciaron los cero votos del francés Jérôme Champagne, retrepó en su asiento con un signo de satisfacción. Para entonces su pelada y brillante cabeza ya había echado cuentas y estas decían que era el nuevo presidente de la FIFA con 115 papeletas a su favor. Las lágrimas le brotaron y se dispuso a pronunciar su primer discurso como nuevo rector del fútbol mundial.

Golpeándose el corazón con fuerza antes de tomar la palabra, Infantino anunció el inicio de una nueva etapa en la FIFA. “He recorrido el mundo y seguiré haciéndolo, quiero trabajar junto con todos ustedes para reconstruir una nueva era, para que el futbol vuelva a ser el centro del escenario de la FIFA, que ha atravesado momentos difíciles y de crisis. Con esto ponemos punto final. Queremos que se nos respete, esto es una nueva era y vamos a restaurar la imagen de la FIFA”, proclamó.

“Hoy es un gran día para el fútbol”, decía sonriente Grek Dyke, el presidente de la Federación Inglesa, una de las últimas asociaciones europeas que confirmó el apoyo a Infantino. Hasta que el nuevo presidente no se desmarcó de un posible acuerdo con Salman, señalado por su presunta violación de derechos humanos en Bahréin durante la Primavera Árabe, ni Inglaterra, ni otras federaciones británicas se entusiasmaron con su candidatura. En los días previos, Dyke había advertido sobre lo que hubiera supuesto la elección de Salman. En palabras del dirigente inglés, esto hubiera significado que la FIFA no habría “entendido” lo que demandan los aficionados ni las “consecuencias de tener al frente a un dirigente bajo sospecha de no respetar los derechos humanos”.

Con Salman en la presidencia, el mundo árabe habría cerrado el círculo de su reciente poderío en el fútbol, construido desde su fortaleza económica. Con grades clubes como el City o el PSG bajo su mecenazgo, con sus líneas aéreas serigrafiadas en las camisetas de los equipos y con la organización del Mundial de Qatar, ocupar el sillón presidencial hubiera sido su último gran golpe de efecto.

El suizo se convierte en el noveno presidente de la FIFA

La derrota de Salman se fraguó en la segunda vuelta, tras acabar a solo tres votos de Infantino (88) en la primera. El jeque de Bahréin había admitido que el príncipe jordano Ben Alí era su mayor enemigo. Los 27 votos que obtuvo en la primera ronda delataron la fuerte división existente en Asia. Alí no olvidó que la UEFA le apoyara en las elecciones de mayo de 2015 y la mayoría de sus votos fueron a parar a Infantino. Su triunfo es el éxito de un trabajo a pie de campo en Papúa, en Nicaragua o en Camerún. Es el único candidato que ha visitado a las 209 federaciones. De la mayoría de los lugares que visitó percibió un feedback positivo cuando exhibió sus dotes de gestor con los números económicos de la UEFA en la mano.

Infantino se convierte en el noveno presidente de la FIFA, descabezada y con la reputación por los suelos tras los escándalos de corrupción. Su primer mandato durará hasta 2019 porque se contabilizan los ochos meses transcurridos desde las elecciones de mayo, anuladas tras el abandono de Joseph Blatter. “Quiero dirigirme a los clubes, a las ligas profesionales, a los aficionados. Todos se van a sentir orgullosos de lo que la FIFA va a hacer por el futbol. Ahora comenzamos una nueva era, se han aprobado reformas muy novedosas”.

Las reformas aprobadas incluyen la publicación de los sueldos del presidente y de los miembros del Consejo de la FIFA, que aumentará sus atribuciones con respecto al antiguo comité ejecutivo. El presidente ya no será tan plenipotenciario como lo fueron João Havelange o Blatter. Los test de integridad a los dirigentes también se han incluido en ese proceso reformador en el que Infantino tiene puestas tantas esperanzas. También se le ve seguro de que esos 1.200 millones de euros que repartirá al año entre las federaciones no supondrá la bancarrota de la organización. “Se trata de repartir y a la vez de invertir esos 1.200 millones. Mi propuesta va a generar más ingresos. Voy a hablar con los patrocinadores para que nos devuelvan la confianza. Ellos me conocen”.

 

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