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Jaque a todo el Madrid, de Cristiano a Florentino

Aznar, Florentino Pérez y Cerezo en el palco del Bernabéu.

El Madrid equipo no puede negar que es hijo del Madrid institución. Son gemelos, los dos carecen de un plan, pegan bandazos por aquí y por allá y hoy corren más riesgos que nunca. Nadie está a salvo, la gran borrasca está ahí. Es la consecuencia de un devenir tan bacheado como un paseo lunar. En la jefatura de la caseta lo mismo se despide a quien gana la Copa de Europa (Del Bosque, Ancelotti) que se ficha a un experto con supuesto látigo y método (Benítez) y luego se le releva por un novato afable (Zidane). Por el camino también puede transitar un tipo de perfil incendiario (Mourinho) como alguien diplomático (Pellegrini). Mientras hay atasco en ese babélico banquillo, un día se entroniza al rey Cristiano, otro se impulsa a Bale como sea y algún otro parece que James e Isco sean los nuevos arcángeles del fútbol. En un mismo partido, en una misma semana se puede pensar todo lo contrario, de repente nada es lo que parecía: de grandes goleadas caseras ante rivales del camión escoba a las decepciones fatales en las jornadas de altura. La irregularidad permanente, con el 4-4-2, 4-3-3 y otras gaitas. Un día corren más -estreno de Zidane- y al mes y pico no les da el depósito ante un rival que ha jugado un partido de Copa de Europa tres días antes –el Atlético-. Los vaivenes de la prepotencia a la impotencia se suceden sin una gota de autocrítica. Yo acuso, yo acuso y yo acuso. ¿Queda alguien o algo a lo que culpar?

En el caos nadie se explica de forma coherente. Para el presidente, Florentino Pérez, lo mismo hay campañas mediáticas conspirativas como un técnico que descuidó la preparación física (Ancelotti). A este italiano se le fulminó pese a quererle los jugadores, a los que se les hizo tragar con quien no querían (Benítez) para luego tener a otro de la cuerda (Zidane). Por el accidentado proceso resulta que CR, la gran estrella, y algunos más denuncian la mala planificación física de quien se suponía que tenía todo controlado al dedillo (Benítez) y nada dicen de la preparación de Ancelotti desdeñada desde el palco. En la deriva, CR resucita en Roma ante la prensa y subraya, con Zidane al lado, que el grupo “está trabajando muy bien”. Diez días después, concluido el batacazo con el Atlético, el portugués pone el acento en niveles físicos y lesiones. ¿En qué quedamos? Mientras, nadie hace reparar a CR en que sus goles no cotizan lo mismo si caen ante el Espanyol y el Rayo y no frente al Barça o el Atlético. Mientras, nadie de la institución se da por enterado de las giras del parque temático durante los veranos.

Sin el balón por el medio, el club lo mismo gana pleitos (estatutos) que provoca una jaimitada en la Copa o logra aplazar un órdago de la FIFA mientras espera a que se pronuncie Bruselas sobre supuestas ayudas ilegales. Ni la institución sostiene al equipo ni el equipo a la institución. El dinero, en abundancia, parece ser el único lazo umbilical. Pero como el fútbol a veces no tiene precio, el Madrid está a tres meses de sellar su peor racha en la Liga desde antes de la llegada de Alfredo di Stéfano, allá por 1953. Para entonces, el club llevaba 17 temporadas sin levantar este título. En mayo puede certificar haber ganado solo una de las últimas ocho, lo nunca visto en 63 años. Y estos días se recuerda que en los tres años de ausencia de Florentino Pérez, el Madrid sumó dos Ligas.

Con tanto gasto, tanto jugador de tronío, tanto técnico de todo pelaje, tanto médico de ida y vuelta y tanto preparador físico queda evidenciado que habrá que mirar hacia otro lado para identificar el problema de fondo. La hinchada apunta al presidente, pero incluso aunque él se diera por aludido no se vislumbra sucesor por las casi insalvables trabas electorales. Sin remedio inmediato, el club y el equipo estarán ante un precipicio desconocido en los próximos tres meses. Fuera de la Copa y la Liga les espera un trayecto inquietante, con muchos partidos sin lustre, un Villarreal que acecha por la tercera plaza, un CR en combustión y quién sabe si con nuevos horizontes, un Zidane que puede quemarse en su primera beca, un James en el disparadero, un Isco extraviado, un Bale de camilla en camilla, un Kroos en un puesto en el que se siente incómodo, un Benzema más en Francia que por estos suelos…

Rebajados los objetivos, la respuesta de la grada puede atizar la hoguera como nunca. En la frustración, el público no pasa ni una, nadie está libre, sea la estrella o el mandatario. Un jaque a todos los estamentos del Madrid, desde Cristiano, que tendrá que rendir cuentas a sus compañeros tras la rajada con el ombligo inflamado después de un pésimo derbi, hasta Florentino, que puede que no encontrara consuelo ni con el recurso de la megafonía para sofocar la bronca. Queda la Champions, sí, pero entre partido y partido hay un mundo, tiempo suficiente para que se multiplique el hastío y caigan chuzos. Quizá esta vez ni las portadas con Lewandowski y Hazard sean suficientes. La hinchada, un sector al menos, parece haber detectado dónde está el problema. Y no solo se trata de Messi.

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