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Llull noquea al Valencia con una canasta increíble desde 21 metros

El base del Madrid encesta desde su campo para dar la victoria a su equipo sobre la bocina (94-95)

“Desde niño juegas a meter la canasta decisiva en el último segundo. Esto que se ha hecho toda la vida de hacerte tu propia cuenta atrás de ‘tres, dos, uno’… y tirar al límite…Te sientes especial cuando lo logras”, confiesa Sergio Llull cada vez que rememora alguno de sus lanzamientos más célebres. Desde este domingo, su triple desde 21 metros en La Fonteta ya está en la videoteca de los encestes legendarios de la ACB. El propio Llull había sellado el empate a 92, a falta de 3,9s, con una de sus intrépidas entradas al aro en el tramo final de un intenso duelo entre el primer y el tercer clasificado de la Liga. Sacó de banda el Valencia y Antoine Diot logró el que parecía el tiro de gracia del partido. Nadie contaba con el genio de los imposibles. Felipe Reyes sacó de fondo con tanta viveza como descreimiento y entregó la pelota al artificiero madridista. Su hazaña se condensó en unas décimas de segundo, las que transcurrieron desde que recogió la pelota hasta que la lanzó hacia el aro rival, a falta de 0,8s, con una parábola estratosférica que acabó en un bingo memorable. La algarabía valencianista se tornó en un asombro mudo. 

“Mejor que el de Curry”

“La verdad es que ha sido un churro, pero ha entrado y hemos ganado el partido”, se sinceró el protagonista a pie de pista, entre sudor y adrenalina. “Llull ha buscado lo imposible, todos los telediarios hablan de la canasta de Curry pero creo que esta es mejor. Ha sido un canastón. No puedo decir otra cosa”, señaló Laso.

“No tengo nada contra la afición del Valencia, es una gran afición, pero la verdad es que se me da bien esta pista”, espetó el menorquín con otra de sus lanzamientos ejecutores en el recuerdo, el triple que logró en la semifinal de la temporada pasada con Nedovic colgado de su muñeca para un 100-103 que enfiló al Madrid hacia el título de Liga.

El niño que soñaba con ser Michael Jordan comenzó a lanzar a canasta a los cinco años en el patio del colegio La Salle de Mahón y encontró su primer gran tiro de gloria en la final de la Copa de 2014 en el Martín Carpena de Málaga ante el Barça. El verano pasado desoyó una oferta irrechazable de Houston Rockets de 24 millones por tres años para seguir en su equipo del alma. “Seguramente haya mucha gente que no lo entienda, pero a mí la NBA no me quita el sueño. Hay muchos niños que sueñan con jugar en la NBA; yo soñaba con jugar en el Real Madrid y sigo viviendo ese sueño”, contó entonces. En su sueño madridista sigue acumulando actuaciones a lo nba como la que firmó en Valencia.

Con apenas 14 años anotó 71 puntos en un partido de la liga local, la noticia salió en internet y comenzó a entrar en las convocatorias de las categorías inferiores de la selección. Entonces se fijó en él el Manresa. Allí permaneció cuatro cursos y, cuando estaba en el equipo LEB, apareció el Madrid, que entonces entrenaba Joan Plaza, con Alberto Herreros y Antonio Martín en la secretaría técnica, para ficharlo. Era 2007 y aquel novillero de 19 años, que en sus primeros partidos como meritorio en Vistalegre se jugaba el triple imposible en los segundos finales de cada cuarto, fue madurando a fuerza de pasión, clase y carisma hasta convertirse en un primer espada. Hasta convertirse en el rey de lo inverosímil, que con su triple despojó el liderato de la Liga al Valencia en favor del Barça, que venció 76-87 al CAI.

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