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Aire para Aduriz

El ariete del Athletic, que lo juega casi todo, precisa que otros le ayuden a la hora de sumar goles, caso de Merino y Muniain

Los goles en los equipos tienen muchas lecturas. En el Athletic, que Sabin Merino marque en un suma y sigue, y las dos últimas veces de cabeza, significa que se está consolidando. Que lo haga Iker Muniain, año y pico después, lesión de por medio, que está renaciendo. Que lo consiga Aritz Aduriz explica que su rutina tiene mucho que ver con la genialidad y poco con las circunstancias. Incluso, que Mikel Rico trace una bisectriz perfecta para hacerle llegar el balón a Muniain explica que el segundo pulmón del Athletic está más limpio que un fiordo noruego; o que San José, recuperador de balones, sea capaz de poner el centro perfecto para la cabeza del compañero, como en los viejos tiempos del fútbol, explica un grado de autoestima ajeno a los cánones establecidos. Quizás por todo ello, el Athletic en Valencia reivindicó un estatus que estaba en entredicho desde la derrota frente a la Real Sociedad y tras su victoria agónica en la Liga Europa para apear al Olympique de Míchel con un gol in extremis.

En los genes del Athletic nunca ha prevalecido la regularidad, salvo en sus últimas grandes gestas. Siempre ha sido un club de arreones y frenazos, un hueso duro en las quinielas, una piñata inesperada. Ernesto Valverde conoce, hoy por hoy, mejor que nadie al Athletic, por eso ni se deprime con las derrotas ni saca la bandera en las victorias. Ni se tapa los ojos cuando pierde ni saluda cuando gana. Mide, evalúa y propone, a sabiendas de que cualquier apuesta es arriesgada.

Sabe que al Athletic, para ser el que quiere que sea, le falta aire. Lleva compitiendo desde el 30 de julio cuando se enfrentó al Inter Bakú en la preliminar de la Liga Europa y acumula 45 partidos en cuatro competiciones (Supercopa, Liga Europa, Liga y Copa). En ese periodo, el Athletic ha sufrido ausencias de futbolistas básicos como Muniain, Iturraspe, Raúl García o Williams. A cambio, ha apostado por nuevos proyectos como Sabin Merino, Lekue o Eraso porque la autotransfusión es terapia obligatoria en el Athletic.

27 goles esta temporada

Y en todo ese marasmo de circunstancias que Valverde ha manejado con algún ataque de intuición y no menos asomo de imaginación, Aduriz ha puesto la guinda a la tarta. Se habla de los goles de Aduriz, 14 en Liga, 7 en Europa, 2 en Copa y 4 en Supercopa (título arrebatado al Barcelona), pero no es menos singular que a los 35 años sea el futbolista con más minutos en Liga del equipo rojiblanco, 2.115 en 25 partidos, y acumule 3.487 en las cuatro competiciones en las que ha participado, sumando 27 goles. Aduriz más que el timón es la proa del barco, el que separa las aguas cuando van turbias, el que las junta cuando cede la tormenta.

Tiene el Athletic un espíritu camaleónico que le lleva de lo mejor a lo peor, del sufrimiento a la alegría, de un clásico frustrado a una ilusión inesperada y, a su manera, va cumpliendo su hoja de ruta: o sea, Europa, más accesible que España, porque la Liga es imposible y la Champions, un reto supino. Quedaba la Liga Europa, donde no está el Barça para frustrar presupuestos y ambiciones, y el quinto o sexto puesto, para seguir estando donde el Athletic cree que debe estar.

La llegada de Muniain, aunque haya coincidido con la baja de Williams, le hace crecer las alas, le da vuelo y un aleteo que mantiene un balance razonable. Nada ha conseguido, pero está en ello. Quizás porque Valverde nunca pierde la compostura, porque duerme bien y nunca tiene pesadillas.

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