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El dopaje acaba con la triunfal historia de la sueca-etíope Abeba Aregawi

Las autoridades de Etiopía avisan de que hay nueve casos dudosos en el país de Gebrselassie y Bekele

Para aquellos ingenuos que aún crean en las coincidencias el lunes fue un día que puso a prueba su fe, y la solidez de la lucha contra el dopaje.

Por la mañana, las agencias se hacían eco de alertas lanzadas desde la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) sobre el peligro de Etiopía, el tercer gran país atlético, tras Rusia y Kenia, sospechoso de dopaje a gran escala y corrupción.

A primera hora de la tarde, desde Estocolmo, la federación de atletismo de Suecia anunciaba que su estrella Abeba Aregawi, campeona del mundo de 1.500m en 2013 (aire libre) y 2014 (pista cubierta, un título que no podrá defender dentro de tres semanas en Portland), etíope hasta el 9 de diciembre de 2012, cuando tenía 22 años, y sueca por matrimonio desde entonces, había dado positivo en un control antidopaje en Addis Abeba, la capital de Etiopía. Allí es donde vive, la ciudad en la que el altiplano, los 2.300 metros de altitud, el aire y el escaso oxígeno y los bosques y pastizales convierten en fondistas de gran nivel a todos los que allí se entrenan. Con esa creencia, el mediofondista de Palamós Adel Mechaal se ha registrado para entrenarse cuatro semanas, preparación invernal pensando en los 1.500m de Río, en el resort especializado puesto en marcha, con gran ojo de negociante, por Kenenisa Bekele, quien junto a Haile Gebrselassie es el gran atleta etíope del siglo XXI.

Por la tarde, el diario británico The Guardian publicó unas declaraciones, aparentemente sin conexión sueca, de un representante de la agencia etíope antidopaje informaban de la existencia de nueve positivos en el atletismo de su país, cinco de ellos correspondientes a atletas de gran nivel mundial.

Por la noche, varias fuentes suecas aseguraban que la sustancia que había acabado con la carrera de una de las mejores mediofondistas del mundo, junto a sus compatriotas Sifan Hassan (de 23 años, holandesa desde el 18 de noviembre de 2013 y campeona de Europa de 1.500m en 2014) y la prodigiosa Genzebe Dibaba, que, entrenada por Jama Aden, rompe los récords mundiales imposibles de las terribles chinas de hace 20 años, se trataba de Meldonium, el dopaje de moda, el medicamento curalotodo letón que desde su aparición en la lista de sustancias prohibidas el 1 de enero pasado ya ha sido encontrado en la orina de cuatro deportistas: un ciclista ruso, dos biatletas ucranianas y la atleta etíope-sueca.

En menos de 24 horas coincidieron en los medios, ligando un batido superconcentrado de todos los titulares que han abrumado al deporte los últimos meses, cuatro noticias conectadas entre sí aunque emitidas desde países distantes.

Los escépticos que no creen en las coincidencias y los amantes de escandalizarse reaccionaron con prontitud ante tal acumulación de estímulos. Varias atletas británicas y estadounidenses derrotadas por Aregawi, y suspicaces de sus compatriotas etíopes voladoras, se indignaron y llegaron a solicitar que en los Juegos de Río se realizaran ceremonias de entrega de medallas para aquellos que las habían conseguido en los despachos, no en la pista, después de la descalificación de rivales tramposos. En Suecia, el país de Gösta Holmér, el inventor del fartlek, y de los fondistas como Edvin Wide que desafiaban a Paavo Nurmi en el periodo de entreguerras, y perdían, o los mediofondistas Harry Eriksson y Lennart Strand, los reyes del 1.500 durante la Segunda Guerra Mundial, se desató una suerte de xenofobia extemporánea. Los biempensantes, los mismos que la encumbraron a gloria nacional cuando sus títulos como sueca, han recordado cómo se divorció de su primer marido, un etíope con nacionalidad sueca, y volvió a casarse con un etíope en Etiopía; la misma federación que la protegió hace unas semanas cuando se descubrió que no pagaba impuestos en Suecia y ella se defendió diciendo que no vivía en Suecia, sino en Etiopía, ha recordado cómo ha manchado la reputación del glorioso atletismo sueco y la ha suspendido, y el Gobierno se ha encargado rápidamente de retirarle cualquier apoyo financiero estatal para su preparación ante unos Juegos Olímpicos que, seguramente, no podrá disputar.