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El Madrid lleva de cabeza a Las Palmas

Los de Zidane, muy muermos, derrotan a un Las Palmas que jugó mejor pero falló en las áreas

Casemiro (d) celebra junto a Ramos el gol de la victoria. JUAN MEDINA REUTERS

Lo dijo Quique Setién en la previa: “Las áreas…”. Es sabio y acertó, aunque fuera para su desgracia. Esas zonas, los ruedos selváticos del fútbol, fueron del Real Madrid, un equipo muy muermo, pero eficaz, solvente con Keylor y en la portería canaria, donde se impuso con dos cabezazos de centinelas como Ramos y Casemiro, ambos tras dos saques de esquina. Las áreas, sí, territorios embarazosos para Las Palmas, que tiene buenos propósitos… Hasta que llega lo crudo, en las áreas, claro. Ahí se derrite, por más que hiciera portada a Keylor y jugara notablemente mejor. Pero el buen fútbol no siempre puntúa si cerca de las redes hay parvularios.

Con mejor disposición y más remangue, la tuvo William José al poco de empezar, pero pestañeó donde no se puede ni parpadear, y Keylor le puso la cerradura. La tuvo Sergio Ramos, y no en Lisboa, pero atacó el balón de cabeza tras un saque de esquina como si le fuera la vida. Los chicos de Las Palmas echaron un vistazo y filmaron un gol en directo. Un tanto con el que Ramos se retrató a lo Cristiano, con los pulgares hacia el número de la camiseta y ese saltito tan de autor. No es mal espejo. No fue un anticipo de un buen Madrid, en absoluto, que padeció hasta el testarazo final de Casemiro de nuevo con la gente local en Babia, a un suspiro del cierre y ya con el empate. Un despropósito. Su buen manejo se fue al traste; de la nada rescató tres puntos este Madrid bacheado.

Cuesta dar con la tecla de este Real, ido en la Liga desde hace tiempo. Zidane ha decidido gestionar la Copa de Europa, la única bala, con el torneo doméstico como probeta. Quizá hasta con más celo del debido, pues no cabe entender de otra manera que cuando falta casi un mes para que lleguen los cuartos de la Champions ya programe descansos de gente como James, Kroos y Danilo. Salvo que estos jugadores precisen de una pretemporada improvisada que disimule sus carencias previas. En Gran Canaria se ajustó con futbolistas como Arbeloa, rescatado del cuarto oscuro en el que estaba desde el 20 de diciembre. Como si el partido fuera un apeadero hacia Europa. Y poco más fue, con un Madrid efectivo pero nada emotivo y un Las Palmas de tan buena voluntad como falta de hueso, de colmillo.

Setién, cántabro de cuna, bien pudo ser adoptivo canario. Su fútbol en activo y ahora su cátedra técnica le remiten a la tradicional escuela insular, la que hace prevalecer el juego de etiqueta, la pausa, el toque, el mimo a la pelota. Ocurre que no son los tiempos sinfónicos de Guedes, Castellano, Tonono, Germán o Brindisi. El gen perdura, la prole es otra. Incluso así, Setién y el equipo, no se han apartado un dedo de su historia. La naturaleza persiste y Las Palmas quiere ser Las Palmas, cueste lo que cueste.

Sin muchas noticias de CR y Bale, de “alemanes” por la isla, el Madrid quedó a merced de sus futbolistas más recios, del portero y los zagueros, básicamente. Al frente, Lucas Vázquez y sus revuelos por la banda y poco más. No se bastó Casemiro con la escoba, sin gran auxilio del intermitente Modric, que arrancó con los pies dislocados. Para su suerte, con Keylor al quite, como en un descalabro inicial del croata que dejó a William José frente al meta tico, que le ganó el pulso. Como poco después Javi Varas a Cristiano. Ambas ocasiones no fueron el preludio del un reto intenso, solo episódicas en el primer tramo. Hasta que el cuadro local subió de marcha tras el intermedio, el encuentro siempre dio la sensación de ser un trago para el Madrid, un tránsito más en una Liga que se le va a hacer eterna, en la que ya apenas tiene dictado.

Con un segundo aire, Las Palmas puso cerco a su adversario en el segundo tiempo. Con Momo como pulmón, de largo el mejor de la jornada, y el buen hacer de Roque Mesa, que no se altera ni a tiros, el conjunto de Setién encontró su momento. Con más alma, puso en escena a Keylor Navas y sus centrales, muy exigidos en varias situaciones. Se fue Bale sin decir ni mu, síntoma de un Madrid de pecho frío. Ni Kovacic y Jesé cambiaron la escala. Al contrario, contagio puro. Hasta el punto de que el croata hizo el disparate de la noche. A tres minutos del final, con una falta a favor en la zona templada del medio campo, al chico le dio por brindar con Momo, el más lúcido del partido. El canario enfiló a William José y este batió con clase a Keylor. Parecía el broche merecido al equipo que puso el picante, al que se dejó el corazón. Con el empate, un tesoro para los locales, todo se daba por finiquitado hasta que en otro córner se aupó el Madrid, esta vez Casemiro, que cabeceó como Ramos, en el salón de casa. Ya lo dijo Setién, cosa de áreas.

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