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Vashti Cunningham, la saltadora que deslumbra

Ruth Beitia no lo tendrá fácil este fin de semana en el Mundial: la espera un prodigio que salta 1,99m a los 18 años

Vashti Cunningham, en una competición el verano pasado. Cordon Press

La selección española de atletismo partió el lunes hacia Oregón con solo dos mujeres entre sus 15 miembros, y una de ellas, la cántabra Ruth Beitia, cargando con todo el peso de las expectativas a medias con el saltador de triple Pablo Torrijos.

Interponiéndose en su camino hacia un título mundial, a Beitia, de 36 años, le esperan el próximo domingo en Portland un listón lindando los dos metros y la nueva estrella del atletismo norteamericano, la deslumbrante Vashti Cunningham: 1,85 metros y 66 kilos de flexibilidad, elasticidad, piernas interminables y bote, genes de futbolista y bailarina de ballet, 18 años y 56 días de edad.

Ninguna altura parece insuperable para la increíble Vashti, que el sábado, en la misma cancha del Mundial, ganó el campeonato de Estados Unidos en pista cubierta con un salto de 1,99 metros, récord mundial júnior bajo techo. Saltó una altura con la que ninguna otra atleta ha podido este invierno (Beitia ha llegado a 1,98m, al igual que la saltadora de Barbados Akela Jones,de 20 años) con tal holgura que su padre y entrenador, el famoso quarterback de la década pasada Randall Cunningham, desde la grada le señaló que como le había sobrado un buen palmo debería probar saltar más de 2m. Pero su hija, estudiante de último año en un instituto de Las Vegas, le dijo que no. Y su padre, estrella de los Eagles, los Vikings, los Cowboys y los Ravens en una carrera en la NFL de casi 20 años, dijo OK, no hay problema, no hay que acelerar un futuro que seguro llegará. Y nadie lo duda, y menos que nadie la prensa norteamericana, que, admirativa al máximo, la califica aventurada y unánimemente de futuro y pasado del salto de altura mundial. No es coincidencia, evidentemente, que el mismo día del deslumbramiento y las bocas abiertas por Vashti, en la sección de breves de los periódicos deportivos se informaba de la muerte de Iolanda Balas, la rumana de Timisoara y musa verdadera del salto de altura entre 1956 y 1967, una atleta capaz de saltar 1,91m usando su versión particular de la anticuada técnica de tijera.

Como futbolista, Cunningham jugaba eléctrico y veloz; como entrenador y padre es tan obsesivo como en su trabajo de pastor protestante o productor de música góspel. Tras ser ordenado, en 2004 junto a su esposa, Felicity, fundó en Las Vegas la iglesia de los Ministerios Remanentes, y en el sótano de su casa instaló un gimnasio para hacer crecer como saltadores de altura a sus hijos Randall (tiene 20 años y salta 2,26m) y Vashti, la joya. A los 15 años, la hija del pastor, cualidad que comparte con la velocista californiana Allyson Felix, el ejemplo sonriente de la bondad de la vida de quien reza en familia, saltaba 1,78m, a los 16, 1,90m, y a los 17 saltó 1,96m, récord mundial juvenil, para ganar el Mundial de su categoría. Los, 1,99m del sábado le permiten olvidar los años de formación y empezar a pensar a lo grande, en el Mundial absoluto, en los Juegos de Río, en el estrellato. Solo una atleta, la alemana del Este Heike Balck, ha saltado más a los 18 años: 2,01m, récord mundial júnior compartido con la soviética Olga Turchak, que los saltó a los 19 años, la edad que tenían la búlgara Stefka Kostadinova (plusmarquista mundial absoluta desde 1987 con 2,098m) y Alina Astafei la primera vez que saltaron 2m. La carrera en las alturas de Balck fue corta. Aquel 18 de junio de 1989 en Karl Marx Stadt fue la única vez que saltó más de 2m. La caída del muro cinco meses más tarde se llevó por delante los métodos de preparación de su Alemania del este y sus prodigiosos progresos. En Las Vegas, por supuesto, a Vashti no la rodea ningún muro, solo un padre obsesivo y la oración. Su futuro no corre peligro.