El Atlético, en cuartos en el penalti dieciséis

Juanfran clasifica al Atlético para los cuartos al transformar el lanzamiento decisivo

Juanfran lanza el penalti ganador. SERGIO PEREZ REUTERS

Dieciséis penaltis después para romper la igualdad perenne de la eliminatoria, con el himno cantado a capela cinco veces por una hinchada tan entregada como histérica, Juanfran metió al Atlético en los cuartos de final de la Liga de Campeones. No perdonó el lateral el error de Narsingh, que envio el octavo lanzamiento de su equipo al larguero. Al punto de penalti acudió Juanfran con sus botas nuevas, en las que se puede leer el nombre de su hijo y de su mujer, y ajustó su disparo para certificar una clasificación agónica, tan del Atlético como el derroche infinito que caracteriza a la tropa de Simeone. Esa cita con la historia premió a uno de los futbolistas que más describe el crecimiento del Atlético desde la llegada del entrenador argentino. Hasta ese momento crucial hubo un partido que mezcló la táctica con la épica, los nervios y la emoción de la vieja Copa de Europa, que se engrandece desde noches taquicárdicas como esta.

Arrojados piezas y dibujos sobre el tapete, Cocu salió ganador de salida. Respecto a la ida el técnico holandés sacrificó a un extremo, Narsingh, para ganar un central, Isimat, que formó trío junto a Héctor Moreno y Bruma. Por delante de ellos estaba la verdadera trampa que empantanó al Atlético. Los dos laterales, Arias y Willem, se alinearon a Guardado y Propper. A ese cuarteto lo reforzaron por delante Van Ginkel y Locadia. Total, un centro del campo de seis jugadores con De Jong de farola arriba.

Cocu entendió bien que el Atlético se inquieta cuando le obligan a pensar más de la cuenta. El partido de ida, cuando su equipo defendió el cero a cero con un jugador menos debió confirmarle que los rojiblancos son un conjunto diseñado para indagar más en la desorganización del contrario cuando este pierde la pelota que cuando tiene que llevar la iniciativa al trote y al toque. El Atlético necesita correr y el PSV le dejó hacerlo muy poco en el primer acto. Tampoco explotó el equipo de Simeone que entre los centrales y los laterales había mucho verde que explorar. Con todo, Griezmann tuvo al cuarto de hora el gol. Entre Juanfran y Koke cosieron dos pases que dejaron al francés contra la habilidad en el mano a mano que Zoet ya enseñó en la ida. El meta le achicó la portería con dos pasos rápidos y el pecho por delante como parapeto del escudo.

Torres lidera la mejoría

A partir de esa ocasión desperdiciada emergió el mejor PSV, que metió el partido en el ritmo que le convenía desde el saber estar de Guardado. Reconvertido a mediocentro, en ese tubo de ensayo permanente que es el fútbol holandés desde que descubrió el fútbol total, el mexicano gobernó el juego escoltado por Van Ginkel y Propper. Lo mismo aparecía por el centro para descargar en corto que se escoraba a un costado para dirigir desde allí circulaciones con intención que, sin generar fuego real, sí transmitían la sensación de que el PSV sabía a qué jugaba. A veces no prosperó más porque Augusto y Giménez corrigieron malas entregas y agujeros. Una internada dibujada entre Arias y Van Ginkel y el centro raso de este avisaron al Atlético y a la parroquia de que había mucho partido por delante que jugar y descifrar. Un encuentro que iba a ser largo, para masticarlo y a los rojiblancos les costó mucho. Ese dibujo de Cocu también le impidió generar esas superioridades en las bandas que tantos réditos le dan. Quedó reducido a los escarceos de Juanfran y Carrasco y algunos giros de Griezmann entrelíneas. Ni Koke ni Saúl hacían pupa por delante del balón en el juego por dentro. Incómodo, empujó el Atlético antes de irse al vestuario sin más fruto que un disparo en el área taponado a Griezmann.

Los jugadores del Atlético tras el penalti de Juanfran. EL PAÍS

La deriva del partido no gustó a Simeone, que tardó 10 minutos en meter a Torres por Augusto. El Niño ofreció mucho más que la carga emocional que genera en las gradas cada vez que pisa el Calderón. Torres fue el mejor y lideró la mejoría de su equipo. Quizá firmó su actuación más punzante desde su regreso. Una carrera al espacio, un taconazo y un túnel en sus primeras intervenciones rememoraron a aquel querubín que con 17 años se echó a sus espaldas a un club que trataba de salir del fango de aquellos dos años en el descenso. Su tiro al palo, al borde del final de los 90 minutos igualó el de Locadia, previa estirada y manopla prodigiosas de Oblak. Otra deriva que había surgido poco antes, un partido más roto, tampoco agradó a Simeone, que sentó a Carrasco momentos después de que este mandara a la tribuna un rechace de Zoet a disparo de Filipe.

La prórroga se confirmó poco después de que Lucas entrara por el lesionado Godín. Un disparo de Griezmann y una falta al borde del área de Gabi reflejaron que el partido iba a ser del Atlético hasta ese dramático final que hizo justicia a Juanfran.

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