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Messi: como siempre, como nunca

El argentino, a sus 28 años y superada la lesion del ligamento de la rodilla izquierda, suma 24 tantos en 2016, su mejor inicio goleador en un año natural

Messi, rodeado de jugadores del Arsenal, en el partido del miércoles. REUTERS

“Los que aman el fútbol le disfrutan hace años, por su capacidad de transformar la vida normal en arte. Yo le he sufrido como entrenador”, sentenció el miércoles por la noche Arsène Wenger, entrenador del Arsenal, después de que Leo Messi y el Barcelona eliminaran a su equipo de la Champions League. No parece haber manera de frenarle, empeñado en seguir haciendo lo de siempre, jugar y hacer jugar, marcar y marcar goles, ganar y ganar, partidos y títulos, más y mejor que nunca.

“¿Qué 100 goles?”, le respondió Messi a Gerard Piqué, cuando el central, en una de sus conexiones en Periscope, le preguntó a la Pulga por la marca del trío goleador azulgrana. El interés del rosarino por los récords es relativo y, cada vez que puede y comparece en público, recuerda: “No pienso en ser el mejor jugador de la historia. Le agradezco a la gente que lo diga y me pone contento, pero nada más. Yo disfruto con el día a día en el fútbol”, razona el 10. Y remata: “Me hace feliz lo que conseguí, pero no me conformo con lo que tengo”.

Neymar quiere ir a los Juegos y a la Copa América

“Tengo 24 años y quiero aprovechar este gas. De aquí a algunos años no voy a poder hacer todo esto y creo que hoy sí puedo”, afirmó Neymar en una entrevista al canal de televisión O Globo, sobre sus intenciones de cara al próximo verano, cuando Brasil afronta la Copa América y los Juegos de Río.

Luis Enrique, que se reunió con Dunga, el seleccionador, para hablar del tema, prefiere que escoja una de las dos competiciones y descanse el resto del verano. Pero Ney insiste: “Si tuviera que elegir, elegiría las dos”. Quien sí vuelve a soñar con entrar en los planes de Brasil es Rafinha, que ayer recibió el alta médica, tras superar la lesión en el ligamiento cruzado anterior de la rodilla derecha.

Quizás ese inconformismo explique que, tras alzar su quinto Balón de Oro en Zurich el día 11 de enero pasado y después de superar la lesión más difícil de su carrera (se rompió el ligamento colateral de la rodilla izquierda en septiembre), Messi, a sus 28 años, comenzara el año a golpe de goles, con registros inéditos incluso para él, un auténtico devorador de marcas.

Messi suma 24 tantos en 2016, en el que es su mejor inicio goleador en un año natural. Estadística superior, incluso, a la que acumulaba en marzo de 2012 (22) cuando con sus 91 goles borró el récord del mítico Gerd Müller (86).

Pero a Messi se le sumaron Neymar y Luis Suárez y aunque el argentino insista en que se atienda a la colaboración de toda la plantilla —“el mérito es grupal, incluidos los que entrenan mucho y juegan poco”, se le escucha decir— entre los tres ya suman 106 goles. El curso pasado lo finalizaron con 122, cifra que los consolidó como uno de los mejores tríos de ataque de la historia y no puede negar que suman dentro y fuera de la cancha.

“Es cierto que entre los tres tenemos una muy buena relación, pero no solo entre nosotros, sino todo el vestuario. Este grupo tiene la mentalidad de querer superarse. Aquí hay gente que lo ganó todo y, sin embargo, siguen jugando y entrenando como si no hubiesen ganado nada”, sostiene.

El Barcelona acumula 38 partidos sin perder y tiene el triplete a tiro; cifras, en cualquier caso, que no distraen al vestuario azulgrana. Y mucho menos al 10. “Vamos a intentar conseguir todo como lo hacemos cada año. Esos son nuestros objetivos”, insiste, sin querer dar la Liga por ganada. “No descartamos a nadie. Solo pensamos en nosotros. Todo depende del Barça, pero todavía no conseguimos nada”.

Lunar con Argentina

A pesar de sus 26 trofeos con el Barcelona, a Messi todavía se le atragantan las copas con la Albiceleste. “Es obvio que todavía me duele la final del Mundial y la de la Copa América”, dice el rosarino. La selección argentina tendrá su revancha en la Copa América Centenario, que se celebrará en Estados Unidos en junio, para la que ya tiene pasaje. Dicen que no está obsesionado con darle un título a Argentina, pese a que hasta ahora sólo alcanzó con la selección trofeos en las inferiores y el de los Juegos de Pequín, en el 2008.

A punto de inaugurar un restaurante en el corazón de Barcelona, disfruta de las primeras patadas al balón de su hijo Thiago —“le pega con la derecha”, cuentan los amigos— mientras asume con naturalidad su hábito de superar un récord tras otro con el Barcelona, camino como está del segundo triplete consecutivo, a falta de dos goles para sumar 500 con el Barcelona.

“Lo que le pasa a Leo es que disfruta y es humilde. Y como lo pasa bien y no se cree mejor que nadie, por mucho que haya ganado, sigue jugando como juega y hace lo que hace”, justificaba ayer por la mañana el ex jugador del Barcelona, en la época del Dream team, Hristo Stoichkov, que asistió el miércoles a la victoria del Barcelona contra el Arsenal y celebró, como lo hacen todos los aficionados barcelonistas, que el hambre de Messi no parece tener fin.

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