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El triple a debate

Lo que nació como un experimento interesante se ha convertido en un método que limita la naturaleza artística y favorece al cálculo más frío

Stephen Curry.
Stephen Curry. AFP

A lo largo de la temporada ha habido dos temas principales en la NBA: a) las estrategias ganadoras de los Golden State Warriors y b) los Golden State Warriors de Stephen Curry. Ambas confluyen en el mismo punto: la línea de tres puntos. Las victorias del equipo californiano dependen mucho de su éxito más allá del 7,25. Cada partido realizan 31 lanzamientos desde el triple con un 41% de acierto, números muy parecidos a los de su estrella (11 tiros, 46% de efectividad).

Pero los Warriors (y Curry) son sólo el exponente de una tendencia que indica que cada vez más equipos son conscientes de que el tiro de larga distancia es una especie de atajo que ha reavivado un debate largamente olvidado: ¿deberían desaparecer los triples?

Sin ir más lejos, al fútbol parece irle bastante bien sin una puntuación que valore extra los tiros lejanos

Hay quien opina que es un debate estéril, afirmando que es ridículo pensar en un baloncesto sin canastas de tres y calificando de antiguos a quienes proponen su desaparición. Pero, ¿de verdad están pasados de moda los abolicionistas o es justo al contrario?

La línea de la discordia fue incorporada a la NBA en la temporada 1979-1980, aunque no fue hasta mediados de los ochenta cuando llegó a la mayoría de estadounidenses tras su introducción en la Liga Universitaria (1986) y en las competiciones de los institutos (1987). En aquella época se percibía como la MTV o como los pendientes de hombre, era algo que cabreaba a la gente mayor y que encantaba a los jóvenes. Es decir, era algo que molaba.

Avancemos hasta el presente. El repunte tecnológico se ha impuesto con su acercamiento analítico. Los expertos indican que hay muy pocos sitios desde los que se debería lanzar a canasta: cerca o lejos de ella. Los ataques se orientan a maximizar las oportunidades de que los tiradores reciban el balón en las zonas clave y así aumenten las posibilidades de acierto. Los Warriors confirman la eficiencia de esta estrategia, aunque los Houston Rockets (el equipo que más triples lanza, vigésimo en la clasificación de acierto) se empeñan en ponerla en entredicho. Pero, independientemente de su efectividad, lo que pone de manifiesto es que lo que era guay ahora es algo frío, metódico y rutinario.

Desde el punto de vista de los fundamentos del baloncesto los triples no tienen razón de ser. Es más, objetivamente son algo absurdo porque debería ser ventaja suficiente poder lanzar haciendo frente a una menor intensidad defensiva. Sin ir más lejos, al fútbol parece irle bastante bien sin una puntuación que valore extra los tiros lejanos.

Pero lo peor de todo es la transformación sufrida. Lo que nació como un experimento interesante se ha convertido en un método que limita la naturaleza artística y favorece al cálculo más frío. Y eso no es culpa de Curry, Klay Thompson o Steve Kerr, sino de los estadísticos.

Y creo que nunca fue buena idea seguir a un matemático cuando estamos hablando de lo que mola.

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