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Kovacic ya no se esconde

El centrocampista croata, al que se le vio perdido e inseguro en su primera temporada, recupera soltura y Zidane reconoce que sólo necesitaba confianza

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Mateo Kovacic remata a puerta durante el partido contra Osasuna. AP

Hay domingos (libres) en los que a Mateo Kovacic le gusta ir a pasear por el Retiro, ocultado tras una gorra y unas gafas de sol. De incógnito. Escondido estuvo también en su primera temporada con el Real Madrid. Llegó en verano de 2015 por deseo de Rafa Benítez y su adaptación fue larga también por la falta de continuidad (nunca enganchó dos partidos seguidos de titular). Algo que, por cierto, ya había sufrido en el Inter. Con la llegada de Zidane en enero, Kovacic no encontró hueco. Si el Madrid andaba perdido, él aún más. Jugó titular dos partidos (Málaga y Celta) y trozos (34 minutos en Champions y 301 en Liga) en los que se le vio perder balones fáciles, inseguro.

Todo lo contrario al Kovacic de este arranque de temporada que ha sido titular en tres partidos de los cuatro que lleva el Madrid. Se quedó en el club blanco pese a los rumores sobre su salida porque Zidane así lo quiso. Ayer contra Osasuna –Casemiro descansó y Kroos ocupó su lugar- se vio a un Kovacic suelto que jugó con confianza y seguridad, con buen manejo del balón, descolgándose e incorporándose al ataque. Tuvo un 85% de acierto de pases (dio 60, el doble que Modric); finalizó nueve jugadas y le salieron tres regates de los cinco que intentó.

“A Kovacic había que darle la confianza que necesitaba y que un jugador deber tener en el campo. Lo que está haciendo lo está haciendo muy bien y me alegro porque después de un parón, en el que además no jugó con Croacia, no era fácil. Vino con confianza, con ganas de jugar y demostrar que puede. Quiere jugar y me lo está demostrando en cada entrenamiento”, explicó ayer Zidane después de la victoria contra Osasuna. Tantas son las ganas de Kovacic que fue uno de los que, junto a Morata y Lucas Vázquez, acortó las vacaciones para incorporarse cuanto a la pretemporada y estar listo para la Supercopa.

La medular del técnico francés es la formada por Modric, Casemiro, Kroos. Si los tres están y están bien no hay debate. Pero en este arranque de temporada con lesiones, sanciones, descanso de internacionales que jugaron Eurocopa y Copa América, Zidane ha ido rotando y se ha encontrado con que las segundas líneas (si se le puede llamar segunda línea a un jugador que costó 30 millones) responden y tienen ganas de darle dolores de cabeza a la hora de elegir el once.

Modric reconocía en su primera temporada en el Real Madrid que le había costado adaptarse a la Liga española. Venía del fútbol inglés y de no hacer la pretemporada (se declaró en rebeldía y se pasó el verano entrenándose solo). Necesitaba entrenamientos, confianza, conocer mejor a sus compañeros y hacerse al nivel de exigencia del club y de la Liga.

Kovacic venía del calcio y de un equipo complicado como el Inter en el que cambió tres entrenadores y sufrió continuos cambios de posición. Jugó de interior, de externo y en ocasiones de trescuartista. Mancini terminó de rematar la faena inventándose una cuarta: delante de la defensa. Para él, Kovacic no podía jugar de interior porque le faltaba garra; tampoco de mediapunta ni trescuartista porque, según él, no tenía cambios de ritmo. Quiso hacer de él un mediocentro defensivo mientras que con Croacia jugaba de mediapunta.

Tanto le debió de calar la idea que en su presentación con el Madrid dijo que donde mejor se encontraba era en la zona defensiva del centro del campo. Un año después parece, al fin, haberse familiarizado y encontrarse cómodo en la cancha. Más suelto. Más seguro y rodeado de gente (Kroos y Modric) con la que puede seguir creciendo (tiene 22 años). En el Inter, quizás, le pesó eso. “Kovacic necesitaba a gente de nivel a su lado para poder crecer. Con 20 años se encontró a ser líder en el Inter y asumir responsabilidades demasiado grandes para su edad así que sus defectos han sido amplificados y sus dificultades agrandado. Para mí tiene tanta clase que puede convertirse en el nuevo Pirlo”, le piropeaba Luis Suárez, una vida en el Inter como jugador, dirigente y observador, después de que fichara por el Real Madrid.

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