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El profesor Zarco, doble campeón

El francés, que tiene una escuela de pilotos, gana el Mundial de Moto2 por segundo año consecutivo

Zarco, en el podio de Sepang. Getty

La parsimonia con la que toca el piano durante más de una hora en la recepción del hotel. Es jueves del Gran Premio de Malasia. La tranquilidad pasmosa con la que narra sus logros. La ambición con la que ataca el liderato de la carrera en Sepang, donde se juega el título, aunque a sus rivales por el Mundial (a saber, Luthi y Rins), nadie los huele, contrasta ricamente con el relato que hace de sus tortuosas últimas semanas. Viéndole competir en Malasia nadie diría que Johann Zarco haya sufrido lo más mínimo. El curso, explica, fue duro desde el inicio. Aspirar a defender la corona se tornó una tarea más compleja de lo que a él, que había dominado cual capitán general el 2015 (ocho victorias, 14 podios en total) le parecía.

“Yo intentaba pensar: soy el campeón del mundo, soy capaz de ganar carreras, pero la cosa no salía tan fácil. Me tuve que acostumbrar a vivir con esa tensión. Fue un ejercicio genial el de quedarme en Moto2 y trabajar con esta carga de presión. Y una buena elección lo de querer ganar el título aquí. No puedo imaginar dos semanas más así, no podía esperar para ganar el título en Valencia”, confesó. Firmó un adelantamiento genial a Morbidelli sobre el asfalto mojado de Sepang y echó a volar.

Se adjudicó la victoria en Malasia y se convirtió en el campeón de Moto2. Otra vez. Por segundo año consecutivo. Antes que él solo lo había conseguido Jorge Lorenzo en la categoría intermedia; fue en 2006 y 2007, antes de que cambiara el reglamento y 250cc se convirtiera en lo que es ahora Moto2, una categoría que se caracteriza por la igualdad mecánica, donde todas las motos llevan el mismo motor y chasis artesanales. Su logro, pues, es mayúsculo. Y explica por qué rompió a llorar al asimilarlo. Y especialmente al escuchar el himno de Francia en el podio.

Zarco, 26 años, nacido en Cannes, sabe lo difícil que es para un francés soñar con llegar a MotoGP. De pequeño, tuvo que irse a competir a Italia; luego formó parte de la primera promoción de la Red Bull Rookies Cup y la ganó. Lo dejó todo por las motos. Familia y casa. Y convive, cada día, con su entrenador y representante, Laurent Fellon, con quien, además, ha montado una pequeña escuela de pilotos en Aviñon. Allí viven. Y hace unos cuatro años iniciaron este proyecto, que no le ha impedido progresar en su carrera profesional.

La ZF Grand Prix, aspira a formar a unos 25 chicos de entre ocho y 13 años, cuando más apoyo necesitan, cuando menos puede ofrecerles el país. Bien que lo sabe el campeón de Moto2. “Nosotros les damos la primera experiencia. A mí la escuela me ayuda a acordarme de cómo era y de dónde vengo. De lo difícil que es llegar arriba y de lo fácil que es caer. En Francia no hay muchos pilotos, y la pasión está decayendo. Sé que este es un deporte caro, que no es como el fútbol o la natación, pero lo que intento es enseñarles lo que sé: lo primero es aprender. Les ayudo a dar el primer paso”, explica.

Pupilo de Aki Ajo

Además de Fellon, Zarco tuvo la suerte de que Aki Ajo, un artista que moldea campeones, que apacigua almas, lo rescatara para su equipo de Moto3 en 2011. No consiguió el Mundial. Pero sí lo puso en la palestra. Y peleó por el título junto a Terol hasta el final. Después de unas temporadas de peregrinaje por diferentes escuadras de Moto2, Ajo lo volvió a recuperar para su nuevo proyecto en la categoría intermedia. Y el binomio ha tenido un éxito fulgurante.

El año que viene será piloto de MotoGP. Debutará en la categoría con una Yamaha del Tech3 junto a su amigo Jonas Folger, con quien ya compartió equipo hace años y que este domingo le acompañaba en el podio, al igual que el año pasado en Motegi, cuando Zarco ganó el Mundial por primera vez. “Bonita coincidencia”, decía él. Pocos pilotos cuidan mejor de sus amigos. El jueves, al piano, ensayaba la melodía de la canción que ha compuesto para Brad Binder, campeón de Moto3 y otro de los protegidos de Ajo.