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María Herrera: “Ser la excepción en el Mundial me está haciendo fuerte”

Arguiñano desmembra su estructura de Moto2 para darle una moto a la única piloto de Moto3

María Herrera y Karlos Arguiñano en el pasado GP de Aragón. Ampliar foto
María Herrera y Karlos Arguiñano en el pasado GP de Aragón. AGR Team

La primera vez que apareció por un gran premio, hace tres años, en el circuito de Alcañiz, no dudó en echarse unas risas junto a otra piloto, Ana Carrasco. “Les molesta un poco que les ganes... bastante [decía respecto a sus colegas chicos]. Porque en el podio se les ve en la cara. Aunque yo estoy muy a gusto así, compitiendo contra chicos, hay más competitividad, aprendes mucho”. María Herrera llegaba para hacer una aparición fugaz, la murciana era piloto oficial del equipo Calvo. Ambas eran la excepción maravillosa de la categoría pequeña: mujeres en un mundo de hombres, compitiendo (se supone) sin diferencias, pues como no hay otras 20 (pongamos) chicas como ellas para hacer una carrera, deben correr contra chicos.

Hoy, después de haberse convertido aquel mismo año en la primera mujer en ganar una carrera del Campeonato de España de Velocidad, considerado la antesala del mundial, María Herrera (Oropesa, Toledo; 19 años) ha completado su segunda temporada en el Mundial de Moto3. No sin dificultad. Esta es la historia de un año duro. Y la de un futuro que pinta mucho mejor gracias a la ayuda del único que se ha dignado a ayudarle en todo el curso: Karlos Arguiñano.

El popular cocinero y empresario salió al rescate de la piloto hace unos pocos grandes premios. Le consiguió un patrocinador, Yatekomo, colaborador del vasco, que tiene una estructura en la categoría de Moto2 y que le permitió así terminar las últimas cinco carreras de la temporada sin problemas. Porque Herrera, que tenía un contrato con Laglisse a principios de año vio como sus sueños se iban al traste, sin más, al declararse su equipo insolvente el pasado febrero.

Quedó compuesta y sin moto: “Ha sido muy complicado. Era injusto quedarnos sin equipo justo a la semana de que empezaran los entrenamientos. Cuando llegó la primera carrera, en Qatar, la cogí con muchas ganas; también Argentina, Austin. Pero, luego, cada carrera me pesaba mucho. Todos los problemas externos me los cargaba a la espalda. Cuando mi padre cogió el mando me costó mucho. Pensaba, ¿y si no me sale bien? No aprendí a gestionarlo hasta ahora, hacia el final”, concede María, que aun así ha logrado puntuar en Argentina, Assen (una de las pistas más técnicas del calendario) o Austria, la más rápida.

“A pesar de sus resultados, de su pasado en el Campeonato de España, este es un mundo difícil, por no decir machista; es un lugar complicado, no creíble, duro para que una mujer pueda estar al nivel que está María. Y he tenido tanta dificultad a la hora de buscar patrocinadores que solamente una persona se ha atrevido a involucrarse en el proyecto”, explica su padre, Antonio Herrera.

María Herrera, en el GP de Aragón de 2013.
María Herrera, en el GP de Aragón de 2013.

Él fue quien, como él dice, en un “ataque de bravura”, además de la estación de servicio y el geriátrico que posee, se montó un equipo de motos, el MH6. “Siempre he pensado que María tiene capacidad para hacer esto, así que me armé de valor, empecé a trabajar con bancos, pedí financiación y lo logré. Hemos hecho un Mundial entero padre e hija”.

Pero sus quebraderos de cabeza se han terminado. Arguiñano no solo les ayudó a salvar la temporada. Sino que les ha proporcionado una estructura y les dará una moto para el próximo año. El AGR Team ya no tendrá dos máquinas en Moto2 el curso que viene, tendrá una en Moto3 y otra en la categoría intermedia, la que llevará Yonny Hernández, que baja de categoría. La de Moto3 será una KTM y la llevará la única mujer que ha sido capaz de sonrojar a muchos de los que hoy todavía aspiran a ganar el título. La única que queda en el Mundial de motociclismo ahora mismo.

“En 2017 nos podremos centrar en hacer una pretemporada como Dios manda, estar dentro de una estructura fiable, solvente, yo actuar de papá –“claro”, le corta ella, la hija–, no pensar en más cosas, porque yo soy empresario pero no del mundo de la moto: esto lo he hecho porque no me quedaba más remedio”, apunta el padre. María, que en Sepang se fracturó la clavícula tras ser arrollada por otro piloto –cuando rodaba en séptima posición y aspiraba a su mejor resultado del año–, solo confía en tener algo más de suerte: “Ser mujer, ser la excepción aquí, me está haciendo muy fuerte moralmente. También me perjudica, claro, por eso es que me estoy fortaleciendo. Pero a la hora de luchar con mis rivales, cuando tenga la suerte de hacerlo, voy a ser muy rápida, estoy segura”.

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