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Jorge Lorenzo se despide de Yamaha con un triunfo en Cheste

El español cierra el fin de semana con pole, vuelta rápida y victoria en un domingo en el que ganó a su estilo, desde la primera curva. Márquez y Iannone le acompañan en el podio

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Lorenzo y Márquez celebran en el podio la primera y segunda posición. EFE

Cuando Yamaha le hizo firmar su primer contrato ni siquiera era campeón del mundo todavía. Iba camino de serlo, pero Lin Jarvis, director de Yamaha Motor Racing, el mismo que no ha podido retenerle esta vez, le convenció con facilidad: confiaban en él. Era un piloto de 250cc,19 añitos, pilotaje agresivo, irreverente en los adelantamientos, lenguaraz e introvertido. Cayó un título y hasta dos antes de dar el salto a MotoGP. Y cuando lo hizo cambió las reglas del motociclismo español. Debutó con una pole y un segundo puesto. Y le quitó los complejos a un país que creía que lo suyo, con la honrosa salvedad de Álex Crivillé, eran las categorías pequeñas. En las nueve temporadas que ha corrido con la fábrica de los diapasones ha ganado tres campeonatos del mundo más, le ha plantado cara al mito, Valentino Rossi, y ha visto como a su alrededor crecía la empresa que nació con su generación, la de los pilotos formados en el asfalto, que no le temen al éxito. Ni a las motos de 1.000cc.

Jorge Lorenzo corrió este domingo en el circuito Ricardo Tormo de la Comunitat Valenciana en Cheste su última carrera con Yamaha y celebró su adiós con una victoria marca de la casa: salir desde la primera posición de la parilla, marcar la vuelta rápida en los compases iniciales de la prueba, abrir distancias tan pronto como sea posible, escaparse y disfrutar del placer que para él supone pilotar en soledad: trazar a su gusto, delinear el circuito según su estilo fino, no tener la necesidad de frenar en el ápice de la curva, para así aprovechar bien el paso por curva, y pasar tanto tiempo como sea posible inclinado y sacar todo el rendimiento a la fantástica aceleración de su M1.

Es una delicia comprobar su tabla de tiempos. Logró clavarlos prácticamente durante los once primeros giros. Y si le bastó con tres vueltas para que a sus rivales les quedara claro que no contaran con él (les sacó un segundo, dos en seis giros); la renta después de aquellos primeros 11 giros era ya de 4,3s sobre Rossi, que lideraba al grupo que peleaba por subir al podio. Desde entonces y hasta el final, el cronómetro marca que bajó cuatro o cinco décimas el ritmo: pilotó con mayor comodidad y se dedicó a mantener la ventaja adquirida y salvar el neumático delantero. Además de a mirar hacia atrás –en los últimos cinco giros– para mantener a Márquez a raya.

Después de una salida malísima –tuvo un problema con el embrague y se le levantó tanto esta vez la moto de delante que acabó cayendo desde la segunda plaza de la parrilla a la sexta posición–, el campeón del mundo tuvo que vérselas con Iannone, Rossi y Viñales. Todos tenían un ritmo similar. O eso parecía. Aspiraban, al inicio, a no perder la sombra de Lorenzo. Y, visto que no sería posible, dedicaron las (pongamos) 25 vueltas restantes a pelear por las otras dos plazas del podio que el mallorquín pensaba dejar vacantes. Con permiso de Márquez.

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Lorenzo lidera la prueba poco después de la salida. AFP

El de Honda, que se había mantenido (más o menos) al margen de los múltiples duelos entre Rossi y Iannone a lo largo de la carrera, aprovechó la última de estas batallas para adelantar al de Yamaha. Se le acercó a final de recta. Y remató, limpiamente, en la curva dos, que sería también el escenario elegido para sentenciar al de Ducati una vuelta después. Parecía resistirse más este, que siempre devuelve los adelantamientos –“Cada batalla con Iannone siempre es hasta la última gota de sangre”, decía Rossi al terminar–, pero el campeón tenía muy estudiados los movimientos: forzó la frenada a final de recta y apuró el interior en la curva dos de tal manera que a aquel ya no le quedaba hueco que cerrar.

A falta de diez vueltas del final Márquez, en segunda posición ya, empezó a recortar distancias con una cadencia inesperada a la vez que sorprendente. Aunque no suficiente. Aquella mala salida le había sentenciado. Llegó al último giro a 1,7s de Lorenzo, cuya goma trasera ya no daba más de sí. Pero no importaba. La carrera la había ganado en las primeras vueltas. Y durante todo el fin de semana. No quería marcharse de Yamaha sin ofrecerles un último servicio.

Rossi y Viñales se quedaron fuera del podio. Pedrosa se había caído en la vuelta siete. Y KTM tuvo que abandonar justo antes de estrenarse en sus primeros tests en lo que serán ya sus inicios del 2017.

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