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Lorenzo también sabe volar con la Ducati

El piloto mallorquín se queda a una décima de segundo de Viñales, que también estrena moto y marca la vuelta rápida en los primeros tests de pretemporada

Lorenzo, con la Ducati, ayer durante los test de de Cheste. EFE

Ya no podrá volver a quejarse Jorge Lorenzo de que a su moto le faltan caballos. Será difícil que vuelvan a ganarle por velocidad en las rectas. Después de nueve años en Yamaha, fábrica con la que termina contrato a finales de año, el piloto español, tres veces campeón de MotoGP, se subió este martes por vez primera a la Ducati. Y marcó el mejor registro de velocidad punta, 318 Km/h. Además de colocarse en el tercer puesto de la tabla de tiempos, a solo 0,122s de Viñales, el más rápido, el otro gran protagonista de la jornada, su sustituto en Yamaha.

Ni uno ni otro hablaron al finalizar los entrenamientos. El primero porque la fábrica de los diapasones no se lo permite: le pagan hasta el último día de diciembre y le exigen silencio. Ni una palabra sobre la Ducati. El otro porque su nueva fábrica prefirió que no lo hiciera: si no dejan que hable su (ex)piloto, que tampoco lo haga él, aunque Suzuki no hubiera visto problema alguno. Son las cosas que tienen estos tests de noviembre: motos tan nuevas que van pintadas de negro, sin patrocinadores en el carenado, y pilotos también enfundados en monos negros o blancos, para que se cumplan todos los contratos y se pague hasta el último euro.

Lorenzo se había montado provisionalmente en la Desmosedici que deja Andrea Iannone, nuevo fichaje de Suzuki. Fue el primero en salir a la pista, fría, del circuito de la Comunitat Valenciana Ricardo Tormo. Lo hizo a las diez en punto, hora en la que se abría el pit lane. Sus primeros giros no fueron más que una toma de contacto inicial con la Ducati GP16. Fue acostumbrándose a ella muy poco a poco, fue escuchando los consejos de Casey Stoner, piloto probador de la casa —campeón del mundo y el único ganador a lomos de la máquina italiana—, sobre cómo salir de las curvas, hizo que le adaptaran el sillín a sus medidas y se le retrasara su posición en la moto. Y en su penúltima salida a la pista, ya por la tarde, dio la sorpresa: muchos esperaban que sufriera por el carácter agresivo de la máquina italiana y por el cambio tan brusco que supone pasar de una Yamaha a una Ducati, pero empezó a marcar un parcial en rojo —el color que indica que se están bajando los tiempos—, y coloreó también el siguiente, falló en el tercero, y se quedó a una décima de segundo. Una nimiedad. Una distancia tan ínfima que convierte su estreno con la moto hecha en Borgo Panigale en un éxito rotundo.

Todavía con alas

El prototipo del próximo año, la primera impresión de lo que será la GP17, lo probará este miércoles. Llevará alas —prohibidas por reglamento a partir del 2017—, dado que la moto no está preparada todavía desde el punto de vista de la aerodinámica, según reconocía el lunes Gigi Dall’Igna, ingeniero jefe de la casa. Y hacer una prueba sin las alas podría confundir a los pilotos. “No queremos tomar una decisión equivocada respecto a la configuración del chasis del año que viene”, explicaba. No se sabe si a Lorenzo le costó mucho hacer girar la moto, el área en la que más deben trabajar para mejorarla, pero a juzgar por sus tiempos no le fue tan mal. “El que ficha a Lorenzo lo hace con un único objetivo, que es ganar el Mundial, pero el campeonato solo lo gana uno; nosotros lo intentaremos todos los años que vienen por delante”, concluía el ingeniero jefe de Ducati.

Tan feliz como Lorenzo estaba Viñales, de cuya adaptación a la Yamaha no dudaba nadie. Claro que tampoco debe ser fácil llegar a un equipo nuevo el primer día, subirse a una montura totalmente distinta a la que has llevado los últimos dos años, y terminar con el mejor tiempo, por delante incluso de Valentino Rossi, cuya valoración de la nueva M1 advierte de que queda mucho trabajo por hacer: le gusta el nuevo chasis, pero no tanto el nuevo motor: “Esperaba bastante más, y creo que en Yamaha también esperaban más”.

Márquez: “Por ahora, el motor no soluciona los problemas en aceleración”

Además de los cambios de fábrica, muchos y muy suculentos, como el de Lorenzo a Ducati, Viñales a Yamaha o Iannone a Suzuki –ninguno de los tres decepcionó–, y del debut de tipos como Zarco o Rins, la mirada en este primer día de pruebas para el 2017 estaba puesta en el box de Honda.

Allí algunos afinaban el oído para advertir si el nuevo motor sonaba distinto del de este curso, señal inequívoca entonces de que, por fin, la fábrica del ala dorada había escuchado las súplicas de sus pilotos y sustituido el motor screamer por uno de tipo big bang (la denominación hace referencia a los tiempos de explosión en una moto, como las de MotoGP, de cuatro cilindros), lo que supuestamente debería endulzar el carácter del motor y favorecer la manejabilidad de la misma.

Honda, la única fábrica de la parrilla que todavía no se había rendido a los encantos del big bang, está dispuesta a hacer el cambio, pero al parecer todavía queda mucho trabajo por hacer. “El nuevo motor, de momento, no soluciona los problemas en aceleración. Ese sigue siendo nuestro punto débil. Hay que mejorar y trabajar en la electrónica”, explicó Márquez, que reconoció, sin embargo, que la moto parece, eso sí, “más fácil de llevar". “Pero también hay que ser rápidos”, sentenció.

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