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Carlsen: “Mi punto más débil es el control de las emociones”

El campeón del mundo de ajedrez repasa la consecución de su tercer título ante Kariakin

Magnus Carlsen posa con su pieza favorita en el ajedrez, el alfil, en junio pasado en París. AFP

Magnus Carlsen es muy consciente de que ha estado a punto de perder el título mundial ante el ruso Serguéi Kariakin, y que la causa principal es psicológica. Sus tremendos berrinches cuando las cosas no le salen bien, que en el Mundial de Nueva York le han costado una multa de 27.500 euros, y los fracasos en el remate de posiciones ganadoras le obligaron a ganar el miércoles un desempate rápido de infarto el día que cumplía 26 años. El rey del ajedrez aún no ha asumido que la prensa es un vínculo esencial con millones de aficionados de todo el mundo y con los patrocinadores cuyos nombres luce en la chaqueta. En las 18 horas siguientes a su triunfo negó toda petición de entrevista individual (incluidos los medios de Noruega, donde es el mayor ídolo deportivo), y solo aceptó reunirse 15 minutos con una decena de “periodistas muy seleccionados” (la mitad, noruegos); entre ellos, el enviado de EL PAÍS.

Pregunta. Ha estado a punto de perder la corona…

Respuesta. Sí. Tras no ser capaz de ganar posiciones muy ventajosas en las partidas 3ª y 4ª, lo pasé mal en la 5ª; tras la derrota en la 8ª estaba devastado, y sufrí mucho para no perder la 9ª. Aunque seguía pensando que era el jugador más fuerte de los dos, apenas me quedaban oportunidades de remontar el marcador. Una parte de mí aún quería tener fe, pero fue un momento dificilísimo. Creo que en esas situaciones lo que uno debe hacer es concentrarse en lo siguiente, no en el marcador o en el pasado. Pero eso es fácil de decir y muy difícil de hacer. Durante las dos partidas siguientes me asaltaba el pensamiento de “cómo demonios voy a ganar yo este duelo”, que no es precisamente una actitud muy buena.

P. ¿Logró dormir esas noches?

R. Tuve problemas para dormir después de las partidas 8ª y 9ª, pero después de ganar la 10ª dormí como un niño.

P. ¿Y cómo se recuperó?

R. Pues no lo tengo muy claro. Incluso antes de la 10ª no estaba en la mejor actitud mental. Luego no jugué tan mal pero, claro, cuando me di cuenta de que había hecho una jugada que permitía a Serguéi forzar las tablas, me invadió ese sentimiento de ¡otra vez, no! De hecho, daba por seguro que la partida iba a terminar de inmediato en tablas y que tendría que irme al hotel para preparar algo que me permitiera ganar con negras la 11ª, pero ya con muy pocas esperanzas. Por fortuna, él no vio esa variante, y me dio un respiro muy importante, que pude aprovechar. Yo no diría que en esa partida fui capaz de recuperarme de un error, sino más bien que me encontré ante una oportunidad y la aproveché.

P. Después de esa victoria hizo dos tablas sin mucha historia porque usted quería forzar el desempate.

Gran Maestro a los 13 años, el mejor a los 22

Sven Magnus Carlsen nació el 30 de noviembre de 1990 en Tonsberg, Noruega. Es el jugador que alcanzó la cifra más alta en puntos ELO, 2.882, en la historia del deporte, por delante de Kaspárov. Carlsen se convirtió en Gran Maestro a los 13 años, batiendo casi la marca histórica de precocidad que había establecido precisamente su rival en la final de Nueva York, el ruso Sergéi Kariakin, quien logró el título a los 12 años y 7 meses.

En 2013 logró su primer título ante el indio Viswanathan Anand (6,5-3,5), en la final de Chennai (India), tras ganar tres partidas y empatar 7 de las 12 pactadas. En 2014 revalidó el título ante Anand (6,5-4,5) en Sochi. El pasado miércoles, el día que cumplió 26 años, logró su último campeonato. Con Kariakin necesitó llegar al desempate.

R. Sí. Yo sabía que en el desempate tenía muchas probabilidades de ganar. De modo que mis momentos de mayor tensión no fueron los de ese día [el miércoles], sino todos los anteriores a mi victoria en la 10ª. Es verdad que me irritó bastante no ser capaz de ganar la 2ª del desempate en una posición ganadora. Pero en los diez minutos de descanso antes de la 3ª logré evitar la sensación de pánico, fijarme solo en el marcador, que estaba igualado después de todo, y centrarme en ganar la siguiente, llevado por ese enfado conmigo mismo, pero sin perder el control.

P. Ha fallado especialmente al intentar convertir posiciones muy ventajosas en victorias.

R. Es verdad. Cuando eso te ocurre una vez, no hay que darle mayor importancia. Pero si son varias, quiere decir que algo falla. Lo normal en este duelo hubiera sido que yo tuviera uno o dos puntos de ventaja después de las primeras cuatro partidas, lo cual cambiaría por completo el panorama y el rumbo. Lo que ocurrió de verdad es que yo era mejor que Serguéi en las tres primeras horas, pero luego, en la 5ª, 6ª o 7ª, yo fallaba y él se defendía magníficamente. Está claro que también debo trabajar en ese terreno, y que tenía que haberme preparado mejor en cómo optimizar mi rendimiento en las partidas muy largas.

P. Pero usted hasta ahora se ha negado a trabajar con un psicólogo especializado en el deporte de alta competición, como hace la mayoría de las estrellas de los demás deportes.

R. Es cierto, pero creo que voy a corregir eso en un próximo futuro. Todo lo que tiene que ver con el control de las emociones y la psicología es mi punto más débil. Cuando las cosas me van bien y me siento fuerte, con todo bajo control, es muy difícil ganarme. Pero mi fuerza de juego baja considerablemente cuando las cosas no me salen como están planeadas. Definitivamente, debo trabajar más en ese campo.

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Carlsen, tras recibir el trofeo de campeón del mundo de ajedrez. AP

P. ¿De qué está más satisfecho en este Mundial?

R. He hecho muchas cosas bien en cuanto a estrategia general y aperturas, pero quizá queden difuminadas por mis errores inusuales en varias partidas; sobre todo, en la 7ª y 8ª, que fueron horribles por mi parte; especialmente en la 8ª, cuando hice una jugada de farol, y salió mal. Pero es muy estimulante ver que he sido capaz de ganar cuando las cosas no iban tal como yo quisiera. La situación antes de la 10ª era el peor escenario posible, pero finalmente la gané. Y, por supuesto, estoy muy satisfecho de mi capacidad de lucha en las partidas del desempate, así como del remate de la última, muy brillante en mi opinión.

P. El año pasado usted propuso cambiar el sistema del Mundial volviendo a las eliminatorias a solo dos partidas, que convirtió en campeones del mundo a jugadores de segunda fila.

R. El mismo sistema que produjo a campeones como Jálifman o Kasimyánov hizo que Anand perdiera solo un duelo en tres de esos torneos. Yo creo que ese sistema es justo, pero todo indica que el mundo del ajedrez no está de acuerdo, y yo lo acepto y me olvido del asunto por ahora.

Yo era mejor en las tres primeras horas, luego él se defendía magníficamente”

P. ¿Cómo ve el futuro del ajedrez? ¿Tiene ideas innovadoras?

R. Estoy abierto a todo lo que sea innovador y no perjudique nuestro rendimiento en el tablero. Por ejemplo, me parece interesante, y no tengo objeción alguna, que nos midan las pulsaciones o el gasto energético mientras estamos jugando.

P. Usted siempre ha sido muy sensible a la difusión del ajedrez como herramienta pedagógica.

R. Sí. Hace poco visité un colegio público aquí, en Brooklyn, donde casi todos los alumnos son hijos de inmigrantes. Han tenido un enorme éxito con el ajedrez, no solo para mejorar la inteligencia y desarrollar valores, sino para aumentar la autoestima de esos niños, que han ganado varias veces el Campeonato Escolar de EE UU por delante de colegios privados carísimos. Debemos expandir por todos los países el mensaje de que el ajedrez no es solo muy divertido, sino también muy útil como herramienta educativa.

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