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La Vuelta a España 2017: lo de siempre y una contrarreloj llana

Los 42 kilómetros de cronómetro individual contrarrestarán las nueve llegadas en alto incluidas en el trazado de 2017

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Presentación de la 72 edición de la Vuelta EFE

Alberto Contador hace pasar a toda velocidad por la pantalla del ordenador los perfiles de la próxima Vuelta, y su mirada, que se ilumina recorriendo los dientes de sierra que dibujan la etapa del domingo 3 de septiembre, la 15ª, la que termina a los 2.500 metros de la barrera que cierra Sierra Nevada después de haber subido, en poco más de 100 kilómetros, los primeras de Hazallanas y Monachil, “una etapa para gente valiente, quizás la más bonita de la Vuelta”, se apaga súbita y triste al observar que la etapa siguiente, la 16ª, ya en la última semana de la Vuelta, es una contrarreloj casi llana de 42 kilómetros, como le gustan a Chris Froome, por los alrededores duros de Logroño.

“Demasiada contrarreloj, y demasiado llana. Me habría gustado más con algún puerto”, dice Contador, concentrado en un hotel de Palma con el Trek. “Y no me gusta dónde cae. Tendría que haber sido antes de la etapa de Sierra Nevada, para que todos los que hubieran perdido tiempo en la crono se la jugaran en la montaña y fueran más valientes”.

Es tan grande la mancha de la crono en una carrera como la Vuelta --la de las etapas competidas siempre, la de las segundas y terceras oportunidades, el antiTour del ciclismo con su mezcla de etapas unipuerto, finales en repecho y recorridos de emboscada y nueve finales en alto en 2017-- que ni el final de fiesta impresionante en el Angliru con Cordal y Cobertoria el último sábado, como en el 2013 de Chris Horner, puede borrarla. “Es que la contrarreloj va a hacer mucho daño, creo”, dice Contador. “Después de ella solo queda la oportunidad del Angliru para recuperarse, y es un puerto tan duro que, aunque seas el mejor escalador, como tengas un mal día no lo subes”.

Los 42 kilómetros hacen de la contrarreloj de la Vuelta la más larga de las que se disputen en 2017 en las grandes pruebas por etapas. El Giro cuenta con una de 39 kilómetros y dos duras subidas mediada la carrera y otra de 28 el último día. El Tour, antaño el paraíso de las larguísimas contrarreloj, se conforma con una de 13 kilómetros el primer día y otra de 23 el penúltimo.

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Pinche sobre el gráfico para conocer cada etapa.

La Vuelta del 17 comenzará el 19 de agosto en Nîmes, una de las más españolas ciudades francesas, con una contrarreloj por equipos junto a las Arenas, la plaza de toros romana que el día de Pentecostés conquista José Tomás, y terminará en Madrid tres semanas y un día más tarde, y 21 etapas, el 10 de septiembre. Después de atravesar la frontera por Andorra, y un final en descenso, en la costa levantina la Vuelta tendrá tres finales de repecho, incluido el regreso del Xorret de Catí, un clásico alicantino que no conoce Contador y tres finales de alta montaña en Andalucía: Calar Alto, a 2.100 metros, cerca de la Luna sobre el desierto de Almería y el caluroso Velefique; La Pandera, entre los olivares geométricos de Jaén, y Sierra Nevada. Y después del gozne de la contrarreloj navarro-riojana, el Cantábrico: un puerto inédito, Los Machucos pasiegos; un repecho en Santo Toribio de Liébana y el Angliru, desde donde se volará a Madrid para acabar el día siguiente.

Contador, el más titulado de la Vuelta, tres victorias, y el español con más posibilidades de ganarla, no sabe aún si la correrá en 2017, porque su nuevo equipo, el Trek, querrá ofrecer el liderato en solitario a un compañero como Bauke Mollema, que se sacrificará en el Tour por el de Pinto, y tampoco sabe si la correrá el último ganador, Nairo Quintana, quien parece decantarse más por el Giro y el Tour. Los dos últimos italianos que la han ganado, Vincenzo Nibali y Fabio Aru, seguramente proseguirán en la Vuelta el duelo que han anunciado el próximo Giro, ya que ninguno de ellos correrá el Tour. Tres veces segundo y nunca ganador, el triple campeón del Tour Chris Froome nunca ha negado que la Vuelta es algo especial para él, y en 2016 la habría ganado gracias a la contrarreloj si no hubiera sido por la etapa de locura y valentía (lo que se conoce ya como la esencia de la Vuelta) que organizaron Contador y Nairo entre Sabiñánigo y Formigal. La etapa imposible que quizás no sea posible un año más.

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