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Entrevista a Toni Nadal: “Si me sintiera relegado, no habría permitido que Moyá entrara en el equipo”

Tras casi 30 años de aventura conjunta, el técnico se desligará del banquillo para regresar a sus orígenes. A partir de 2018 se centrará en la formación de jóvenes y dejará de recorrer el mundo junto a su sobrino

El entrenador Toni Nadal, en una imagen de archivo.
El entrenador Toni Nadal, en una imagen de archivo. AFP

Después de toda una vida circundando el mundo, Toni Nadal (55 años, Manacor) ha decidido que ha llegado la hora de poner pausa a su vida y dar un paso a un lado. El entrenador, orfebre de uno de los tenistas más laureados de la historia, su sobrino Rafael, quiere regresar a sus orígenes y dedicarse de nuevo a la formación. Entiende el técnico que ha concluido una etapa y su rol es distinto, así que la próxima temporada centrará sus energías en el centro que ha proyectado el deportista en Manacor. Así lo anunció el pasado sábado, a su estilo, el de un verso libre, en el marco de un foro profesional en Budapest. En esta charla con EL PAÍS, el preparador detalla los motivos por los que dejará el circuito y profundiza en su vínculo con el ganador de 14 grandes y el resto del cuerpo técnico.

Pregunta. Ni el propio Rafael conocía su decisión. ¿Por qué la anunció de ese modo?

Respuesta. Es todo mucho más sencillo de lo que parece. Iba a dar una charla y me preguntaron por la academia, y yo dije que cada vez estaría más envuelto en la formación. Le dije a un medio italiano que el próximo año me centraría en eso y que no viajaría más con Rafael. No le di excesiva importancia, pero por la tarde participé en otra charla de entrenadores, junto a Magnus Norman [técnico de Stan Wawrinka], e incidí en que para mí lo realmente importante es el trabajo de formación, más que el nuestro en el circuito profesional. Expliqué que cuando Rafael era pequeño decidía yo, pero que a medida que ha ido creciendo, desde que cumplió 17 años y empezó a ganar, yo he ido tomando menos decisiones. Fue así. Fue un error mío. Mi objetivo era potenciar la Academia, no generar revuelo.

P. Después de tantos años y viendo que ahora su sobrino vuelve a brillar, ¿por qué decide dejar el circuito?

R. Tengo tres motivos muy claros. El primero es que ha surgido la posibilidad de la Academia de Manacor, que es una propuesta que me apetece mucho; después, creo que Rafael se encuentra lo suficientemente bien con Moyá, porque Carlos hace un trabajo perfecto con él y eso me satisface mucho; y por último, llevo ya muchos años viajando y creo que ha llegado el momento de estar más tiempo con mis hijos y mi familia. Esta es la realidad de todo, no hay que darle más vueltas al asunto.

No me he distanciado. Mi relación con mi sobrino es perfecta y con el resto del equipo también

P. ¿Cómo es su relación actual con Rafael?

R. La relación es perfecta, pero lógicamente ha evolucionado. Es igual que con mi hijo. A este le digo exactamente qué debe hacer, porque tiene 12 años, pero cuando tenga 18 ya no lo haré y cuando tenga 20 todavía menos. Si con esa edad fuera profesional de algo y ganase un dinero todavía se lo diría menos. La relación con Rafael ha cambiado, claro que sí. Cuando él me dice que quiere ir a la Copa Davis y yo le digo que no, él decide, y eso está bien, es lo correcto. Los periodistas necesitáis contenidos sabrosos, pero la realidad es la que es.

P. ¿Y cuál es exactamente esa realidad?

R. Hay una excelente relación con todos y yo estoy encantado de que Carlos Moyá haya entrado en nuestro equipo; de hecho, estoy encantado con todos. Parece que yo me he distanciado, pero de eso nada. Simplemente veo que determinadas necesidades están cubiertas y yo prefiero dedicarme al tema de la academia, porque me ilusiona y porque creo que se me puede necesitar allí. Además, insisto en que llevo varios años diciéndole a mi familia que cada año se me hace más duro esto de viajar. Es todo tan simple como eso, nada más.

Toni y Rafael, durante un entrenamiento en Melbourne, hace un mes. ampliar foto
Toni y Rafael, durante un entrenamiento en Melbourne, hace un mes.

P. Moyá se ha integrado este año en el equipo. ¿Se ha sentido de algún modo desplazado?

R. No, para nada. Si me hubiera sentido relegado, yo no habría permitido que Moyá entrara en el equipo. Durante estos dos primeros meses hemos tenido una relación perfecta. Y no nos olvidemos de Francis Roig, que lleva con nosotros desde 2005 y le ha ayudado en todos estos años. Yo fui quien le propuse que se uniera a nosotros. Nunca me he sentido relegado, de ningún modo. No hay ningún problema, es la realidad. No hay celos ni nada por el estilo. A principio de año, en Australia, ya le comenté a Moyá con la boca pequeña que este sería mi último año, de buen rollo. Eso es todo, no hay más vuelta de hoja que esa.

P. ¿Pero cree que usted ya no puede aportarle nada más a Rafael?

Si en el futuro Rafael me dice ven, yo encantado. Si me necesita, le ayudaré

R. Mi aportación no es la misma ahora que cuando Rafael era joven. Es lógico. Si él viaja conmigo y con Francis, o con Francis y Carlos, va a escuchar un 50-50, dos visiones, y eso es enriquecedor. Cuenta con más de una opinión y personalmente opino que es positivo que escuche distintas voces. Eso sí, nuestro mensaje es único. No vamos a darle mensajes contradictorios, eso está claro.

P. Entonces, el de 2017 es su último tour, ¿no es así?

R. Sí. En 2018 viajará Moyá mucho más. Yo dejaré de viajar y estaré en la Academia, lo que no significa que si en un momento puntual Rafael me pide ayuda no vaya a estar a su lado. Si en el centro se me propone algún viaje lo puedo hacer, pero lo que no haré es hacer 30 viajes al año. Si Rafael me dice: puedes venir, yo encantado de la vida, faltaría más. Si me necesita le ayudaré.

P. Y ahora, a continuar con el plan de esta temporada.

R. Mantenemos el plan, totalmente. Si Rafael hubiese decidido ir a Rotterdam, yo ya estaría en Rotterdam.

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