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El Bayern aplasta al Arsenal

El equipo alemán le mete 10 goles en la eliminatoria al cuadro de Wenger

Vidal celebra un gol contra el Arsenal. AP
Champions League Octavos

FINALIZADO

La derrota no suele ser definitiva porque siempre hay esperanza para la revancha, pero en el caso del Arsenal y los octavos de final de la Liga de Campeones no acaba de llegar la enmienda y se perpetúa el fracaso incluso con ribetes de humillación. Cabe preguntarse, en todo caso, si se trata de un equipo preparado para enfocar empresas mayores, también si la entidad está preparada para asumir ese salto. Quizás la primera duda tiene una respuesta más claramente negativa que la segunda. El caso es que el Arsenal vuelve a fracasar de manera rotunda (así lo expresa el 2-10 en el global de la eliminatoria) en su intento de derrotar a uno de los grandes del continente, de acceder a un club en el que no logra la admisión. Por séptima campaña consecutiva se encuentra con la misma barrera y tres veces se la bajó el Bayern, que en sus diez últimas participaciones en la Liga de Campeones apenas en una no logró superar ese peaje para entrar entre los ocho mejores.

Arsenal

4-3-3

Arsène Wenger

13

David Ospina

24

Hector Bellerin

20

Mustafi

18

Monreal

29

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Xhaka

15

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Oxlade-Chamberlain

14

1 goles Gol Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Walcott

8

Cambio Sale Coquelin

Ramsey

12

Cambio Sale Özil

Giroud

7

Cambio Sale Lucas

Alexis

6

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Koscielny

1

Neuer

13

Rafinha

8

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Javi Martínez

5

Hummels

27

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Alaba

14

Xabi Alonso

23

2 goles Gol Gol

Vidal

9

1 goles Gol (p)

Lewandowski

10

1 goles Gol Cambio Sale Douglas Costa

Robben

6

Cambio Sale Joshua Kimmich

Thiago

7

Cambio Sale Renato Sanches

Ribéry

Bayern

4-2-3-1

Carlo Ancelotti

El Arsenal llegó laminado al partido y sale con serias heridas por más que haber jugado medio partido en inferioridad numérica pueda esbozarse como excusa. Como en años anteriores se abocó a la remontada. Salió a perseguirla y lo que se encontró persiguiendo fue el balón. Lo tuvo de inicio el Bayern, que recurrió a guardarlo como estrategia para gestionar su ventaja. Nada pareció anunciar un mayor pronunciamiento de los chicos de Wenger, pero el Bayern circuló hacia la parsimonia, renegó de la profundidad y se encontró en problemas. Pasó un mal rato porque al Arsenal le gusta correr y encontró como hacerlo, conducido por el dinamismo de Oxlade-Chamberlain y Walcott, huérfano en todo caso de Alexis, que estuvo sobre la hierba, pero no compareció en el partido.

Llegó un primer gol, a la postre el único del Arsenal, y con él un aviso para el Bayern. Había bajado varios puntos la fiereza recomendable en un partido al más alto nivel continental y la acción que les puso por detrás en el marcador lo delató: cinco hombres fueron incapaces de frenar a Walcott tras un saque de banda y un control junto a la cal. Desde allí avanzó hasta el corazón del área para dejar a Neuer con el molde en el primer palo.

Hubo un atisbo de reacción del Bayern, siempre con el balón en los pies y con salida por el flanco de Robben. Por allí fabricó sus aproximaciones más incisivas, nada excepcional mientras se encontró con un rival entero. Pero al Arsenal no le bastó en la ida y no le sobró en la vuelta, es un equipo inferior al Bayern. Al menos en Londres mientras dispuso de la gasolina de la ilusión movió las alas. Cortó el vuelo de pronto, al inicio de la segunda parte justo cuando había esbozado un repunte. A Koscielny le señalaron un penalti sobre Lewandowski que pareció riguroso. Vio la tarjeta amarilla, se fue de la lengua y el árbitro le envió a la caseta antes de que el polaco transformase el castigo en el empate. El fino hilo que sostenía el partido se rompió. Robben puso de inmediato en ventaja al Bayern en un error del Arsenal al salir desde atrás y Douglas Costa, que ejemplifica con su suplencia el poderío del que dispone Ancelotti, y Vidal pusieron la rúbrica ante un graderío despoblado por el disgusto. Pudo ser una digna derrota, pero ni ese consuelo se llevó una vez más el Arsenal, acostumbrado a las severas penitencias cuando trata de desafiar a los grandes.

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