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Nole busca a Djokovic

El serbio, en declive desde hace casi un año, ya no prioriza su deporte y es ahora mismo la figura del circuito menos reconocible. Mientras Nadal y Federer repuntan y Murray manda, él pierde comba

Djokovic, durante un partido en el torneo de Acapulco.
Djokovic, durante un partido en el torneo de Acapulco. EFE

Desde hace 10 meses, cuando triunfó en París y elevó el trofeo de Roland Garros, aquel con el que cerró el círculo onírico del Grand Slam, Novak Djokovic no es Novak Djokovic. La personalidad del serbio es actualmente mucho más compleja, poliédrica, el resultado de un complejo recorrido vital que le describe como deportista de éxito, portentoso; como marido, colega, padre orgulloso y hermano de oro. El serbio, el tenista que más dinero ha ganado en premios de la historia (108 millones de dólares, 101 de euros), lo tiene todo, o casi todo, pero su orden existencial ha cambiado.

Él mismo se radiografió públicamente hace unos días, con un discurso psicoanalítico durante una aparición televisiva en su país. “No puedo dividir mi yo como tenista profesional y mi yo como padre y esposo, hijo, hermano, amigo”, se arrancó Nole, dos del mundo. “Es difícil, lo sé, pero no imposible. Todos ellos tratan de dar lo mejor de sí, pero no puedo estar todos los días al 100% con todas esas funciones. Ese conjunto hace de mí un todo”, continuó el de Belgrado, de 29 años y con 12 grandes títulos en sus vitrinas, 67 del circuito profesional.

“Sé muy bien quién soy, de dónde vengo, dónde estoy y dónde quiero ir. Toda persona tiene derecho a tomar sus propias decisiones y elegir la forma en que se adueña de su vida”, prolongó, antes de reiterar su amor por el tenis, sí, pero un amor matizado y devaluado. “El tenis dejó de ser mi prioridad número uno en el momento que nació mi hijo Stefan [octubre de 2014]. Desde entonces todo cambió. El tenis me ha regalado grandes emociones y deseo volver a ser el número uno, es un objetivo, pero ahora esa no es mi prioridad”, afirmó en el canal RTS.

En realidad, esas palabras de Djokovic no eran del todo novedosas, porque previamente ya había dejado entrever en alguna ocasión que su escala ha variado, pero coinciden otra vez con un declive evidente. Hoy día Nole es un hombre que intenta conciliar dos realidades, la íntima y la profesional, y esa dualidad le está perjudicando. Su arranque de temporada ha sido mucho más flojo de lo previsto, con un solo título en la hucha (Qatar, después de salvar cinco bolas de partido en las semifinales), un batacazo en Melbourne (2ª ronda, con Denis Istomin, el 117) y una derrota inesperada en Acapulco (cuartos, Nick Kyrgios).

Más lejos de Andy Murray

“En cierto modo es normal que haya bajado”, indica a este periódico el alicantino David Ferrer, que no podrá competir en Indian Wells como consecuencia de una dolencia en el tendón de Aquiles. “El hecho de estar ahí arriba tanto tiempo desgasta mucho. De vez en cuando es bueno concederse una pausa y reinventarse un poco”, sugiere el de Xàbia. Y añade Manolo Santana, el histórico español: “Está pasando por un bache, pero en los últimos años ha sido el más fuerte y si se recupera mentalmente volverá a mandar”.

Sin embargo, Djokovic está perdiendo fuelle. Pierde comba el serbio, desligado de Boris Becker desde diciembre. Embolsa 9.825 puntos en el ranking, por lo que está a 2.215 del número uno, Andy Murray (12.040); es decir, la brecha ha crecido. Al cierre del último curso era de 630 y cuando triunfó en París dominaba por 8.035. En una posición bien distinta afronta ahora el desierto californiano, territorio que ha conquistado los tres últimos años, cinco en total (completan 2008 y 2011). Para él será todo un examen. De hecho, tanto en el Valle de Coachella como en el Masters de Miami, a continuación, competirá con la rémora de que haga lo que haga no alimentará su casillero, porque solo puede defender los puntos que obtuvo en 2016.

De vez en cuando es bueno parar y reinventarse un poco

DAVID FERRER, TENISTA

Como contraposición, la temporada pasada había disputado a estas alturas seis partidos más (17) y había ganado el Open de Australia, y en 2015 también había celebrado Melbourne. No parece preocuparle excesivamente a Nole, quien del primer grande a la gira norteamericana no estaba apuntado en principio a ningún torneo. Finalmente aceptó la invitación de Acapulco, pero decepcionó y no llegó el deseado choque con Nadal. No levanta el vuelo, mientras que el español está reencontrándose, Federer volvió a lo grande y Murray no ofrece ningún indicio declinable porque es un valor seguro.

Él, el Djokovic místico que ha integrado a un gurú espiritual en su equipo, el que no regalaba un solo punto ni en los entrenamientos, es el que languidece en el presente. Es, ahora mismo, el menos reconocible de todos ellos.

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