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El Tour extiende su imperio a la Volta a Catalunya

ASO, la empresa que organiza la ‘grande boucle’, gestionará la prueba española

Nairo Quintana, ganador final, y Alberto Contador, durante la Volta 2016. Ampliar foto
Nairo Quintana, ganador final, y Alberto Contador, durante la Volta 2016. EFE

En el siglo XXI, el ciclismo es un universo inevitablemente global que gira como en el siglo XX alrededor de París, donde brilla el Tour cada vez más intenso y poderoso.

Al mismo ritmo en el que ciclistas de Australia, Inglaterra, Colombia o Eslovaquia han desplazado de los podios a los corredores del viejo ciclismo, de la vieja Europa, ya minoritarios, ASO, la empresa creada por el Tour para sus negocios ciclistas aumenta el número de pruebas que gestiona, controla u organiza directamente. La última que ha llegado a su club es la Volta a Catalunya, la prueba más antigua del calendario español (la primera edición se disputó en 1911), que desde su edición 2017, la 97ª, que empieza el próximo lunes en Calella, contará ya con el marchamo Tour.

Según fuentes conocedoras de la negociación, el Tour ha llegado a un acuerdo para gestionar los aspectos comerciales y televisivos de la Volta, una carrera nacida de la Unió Esportiva Sants que subsiste en los últimos años gracias al apoyo directo de la Generalitat catalana. Las mismas fuentes añaden que el Tour ya ha comenzado a distribuir derechos televisivos.

“Conmigo nadie ha firmado nada”, advierte Rubén Peris, presidente de la Associació Volta a Catalunya, la sociedad propietaria de la carrera, quien prefiere no abundar sobre el asunto. El 23 de enero pasado, Peris, acompañado del secretario de Esport de la Generalitat, Gerard Figueras, se había reunido en París con los responsables de ASO. Varios de los dirigentes del Tour asistieron el pasado jueves a la presentación de la Volta. La prueba catalana hace tres días anunció que Carrefour, una empresa ligada publicitariamente al Tour, patrocinaría también la Volta a partir de esta edición.

100 días de competición

La Volta es la segunda prueba española con la huella del Tour. La primera es la Vuelta a España, propiedad desde hace años de ASO. Con la carrera catalana ya son 13 las pruebas ciclistas que posee u organiza a lo largo del año, de febrero a octubre, de Noruega a Omán pasando por el Reino Unido, Bélgica, España y Francia, la sociedad francesa propietaria también del diario L’Équipe. Suponen casi 100 días de competición. Cuenta con dos de los cinco monumentos del calendario histórico y con dos de las tres grandes vueltas por etapas. Nueve de sus carreras —Tour, Vuelta, París-Niza, Volta, Dauphiné, París-Roubaix, Flecha, Lieja y París-Tours— constituyen la cuarta parte del calendario del WorldTour, la primera división del intento de la Unión Ciclista Internacional (UCI) para regular las competiciones ciclistas. Esta concentración de poder en una sola oficina alarma a los equipos y limita a la UCI, las otras dos patas del ciclismo mundial, con quienes el pulso es permanente. La UCI quiere no solo el control absoluto de la reglamentación del ciclismo sino también aumentar el número de carreras que, como el Mundial, organiza cada año. Los equipos, por su parte, ven cada vez más lejana su aspiración de recibir compensaciones, y un porcentaje de los derechos televisivos, por parte de los organizadores.

Frente a tanto poder, y buscando nuevos formatos y nuevas fuentes de ingresos, un grupo de equipos punteros ha creado sus propias competiciones, las llamadas Hammer Series, en las que los equipos se enfrentarán colectivamente en una prueba en línea llana, una de montaña y una contrarreloj.