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Lucas Eguibar, subcampeón del mundo de snowboard cross: “Me gusta el silencio”

El rider donostiarra, ganador de dos platas en los Mundiales de snowboard, cuenta cómo le cambió la vida el grave accidente de su hermano

Nico, el hermano de Lucas, de amarillo, irrumpe en el podio de la final por equipos. Foto: Pepe Marín/SN17 Vídeo: Sierra Nevada.

“Hay momentos en los que la vida te pone a prueba. Momentos en los que te replanteas cada paso. Es ahí donde no ves la salida. Solo te queda pelear. Que la vida es dura, hermano, eso ya lo sabemos”. Estas palabras están recogidas en el cortometraje Gigantes paralelos (2015) y las pronuncia Nico Eguibar. Lo hace con dificultad, por las secuelas que le produjo el accidente de moto que sufrió dos años antes y que lo dejó dos meses en coma. “Me cambió la vida. A mí, a él y a toda mi familia”, recuerda Lucas, hermano de Nico, a quien va dirigido ese discurso motivacional. El pasado domingo Lucas se proclamó, a los 23 años, subcampeón del mundo de snowboard cross en Sierra Nevada, y Nico salió disparado hasta el podio, sorteando las vallas de seguridad, para abrazar a su hermano. Y un día más tarde volvió a hacer lo mismo cuando Lucas se colgó la plata en la misma disciplina por equipos, junto al rider malagueño Regino Hernández.

El accidente y el ejemplo de superación forjaron una coraza en el medallista donostiarra. “Digamos que el deporte es como las cosas que te pasan en la vida. Esta temporada tuve bajones, pero es como dice el vídeo: ahí tienes que coger y tirar para adelante. Vine a Sierra Nevada con el objetivo de rascar alguna medalla y me vuelvo con dos. El único hombre de snowboard cross que se ha ido con dos medallas”. Y por ese espíritu de nunca dar nada por perdido, Eguibar dice que se siente más fuerte en la adversidad. En octavos de final tuvo que protagonizar una espectacular remontada hasta la tercera plaza cuando marchaba último a mitad de carrera, y algo parecido le ocurrió en la final por equipos, donde tomó el relevo de su compañero en tercera posición y no arrancó con buen pie. “Me siento más cómodo cuando voy detrás. También me ha pasado ahora porque conozco bien el circuito, me lo he estudiado mucho y me relajo”.

Sabe el rider español que por mucho que examine la pista la nieve es cambiante y sorpresiva. “El día de individual hacía un solazo tremendo y la nieve estaba muy papa [húmeda]. El de equipos llegamos y la pista estaba congelada, hacía -4 grados, había tramos con partes de nieve blanda y otras congelada”. Él se siente mejor cuando la nieve está dura. “Soy muy rápido, pero técnicamente cometo muchos errores. En nieve dura si te pasa eso no pierdes tanta velocidad”, reconoce. “Este deporte tiene un punto bastante caótico. Todo está planificado hasta que a uno se le va la tabla, se cae e igual tú te lo comes”.

Eguibar asegura que en el interior de un deportista conviven dos personas: la normal y la que compite. Su yo normal es calmado: “Me dicen que soy tímido, pero me gusta estar callado y ya está. Me gusta el silencio y disfruto así”. El de competición es tranquilo y a la vez nervioso, atento y rápido: “Solo pienso en la carrera”. En esta disciplina con tintes anárquicos, donde se pueden alcanzar velocidades de 95km/h, su cabeza lo encierra en una especie de burbuja. El domingo, durante la prueba individual, cuenta que no escuchó el ruido de la afición hasta que no se quitó la tabla.

La gesta de Eguibar lo sitúa en ese capítulo especial de pioneros que puede catapultar a un deporte minoritario. Hasta esta semana, España solo contaba con cuatro medallistas en Mundiales de deportes de nieve. Paquito Fernández Ochoa (bronce en el Mundial de Esquí Alpino de 1974); Martí Rafel (bronce en esquí acrobático en 1989); Juanito Mühlegg (oro en 50km y plata en persecución en el Mundial de esquí nórdico de 2001) y Queralt Castellet (plata en half-pipe en 2015, la primera medalla española en un mundial de snow). Eguibar fue campeón júnior en 2013, séptimo en los Juegos de Sochi y el primer español en ganar el globo de cristal, que le acreditó como ganador del circuito de la Copa del Mundo de la temporada 2014-2015. Ahora, a un año de los Juegos de Pyeongchang 2018, ha sumado dos medallas a la escasa cosecha española. Y lo ha hecho en casa, delante de los suyos. “Mi hermano y mi familia están muy orgullosos. Es lo que me gusta y me llena. Para ellos ha sido un fin de semana inolvidable y eso significa mucho para mí”.