Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

‘Big data’, gran ciclista

El Movistar acumuló más de 20 millones de datos de sus corredores solo en la pasada Vuelta a España

Colombia's Nairo Quintana pedals during the 7th stage of the Tirreno Adriatico cycling race, in San Benedetto del Tronto, Italy, Tuesday, March 14, 2017. (Dario Belingheri/ANSA via AP) AP

El ciclista perfecto no existe, ni existirá, aunque algunos lo hayan parecido (Anquetil, Merckx, Indurain...). Pero las nuevas tecnologías van dibujando el ciclista científicamente perfecto, es decir, el que conoce su fuerza y su flaqueza y las gestiona con el mayor provecho y el menor daño, respectivamente. En la Vuelta a España del pasado año, el programa Luca de big data del equipo Movistar manejó entre 22 y 25 millones de datos de ocho de sus ciclistas relativos a su comportamiento en carrera. “Y eso con un protocolo aún limitado a 100 o 200 metros de cobertura entre ciclista y ordenador que reduce el nivel de datos por el estiramiento del pelotón, los puertos de montaña, las dificultades de recepción de datos”, afirma Pedro de Alarcón, científico senior de datos del programa Luca. Si a esos datos se añaden los acumulados en los entrenamientos y el resto de carreras, la cifra resulta mareante.

Conocer el rendimiento del ciclista para poder mejorarlo, es decir, utilizarlo en su mejor momento, es el objetivo de esos datos que, fundamentalmente, recogen “la potencia, en relación a distintas variables: trazado, dificultad, etcétera, el ritmo cardíaco para poder calcular la intensidad y la eficiencia”, según Pedro de Alarcón. Tras el marasmo de datos, subyace solo la idea de conocer la respuesta de cada corredor, “de forma que el ciclista sepa en cada momento responder a la pregunta ¿qué me está pasando?”, explica De Alarcón. Durante la preparación de la temporada “un ordenador portátil en la bicicleta recoge los datos de los sensores que acumulan datos al ritmo de una muestra por segundo. Todo eso se vuelca a un PC y se envía por internet”.

El control del corredor es casi total en un ciclismo ya altamente tecnificado. ¿Y se pueden meter las sensaciones en el ordenador? Ese es el reto, establecer modelos matemáticos que evalúen esas sensaciones físicas y anímicas que experimenta un ciclista. Algo que, en cierto modo, ya sucede con los potenciómetros, tan popularizados por la mirada cabizbaja de Chris Froome viendo el poder de sus vatios por pedalada, que le indican si va a cazar o va a ser cazado. Pero el big data va más allá. En la medida que se amplíe su cobertura, las sensaciones del ciclista estarán más controladas y avaladas por la experiencia no solo del momento sino de todo el proceso de entrenamiento según cada corredor “porque a cada ciclista le afectan diferentes variables y su eficiencia e intensidad son diferentes. No es lo mismo Valverde que Nairo, son ciclistas distintos con objetivos a veces distintos”.

Datos atmosféricos

Ese nivel de datos se incrementará mediante el desarrollo científico de la tecnología y la superación de adversidades. “Porque en esos datos habrá que incluir cuestiones atmosféricas como la humedad, la presión, etcétera, para que la muestra sea aún más explícita”. La transmisión y conocimiento de datos en carrera en tiempo real cerrarán este primer ciclo de la ciencia de datos aplicada al ciclismo, “que no ha hecho sino comenzar”, explica De Alarcón.

Y entre sensores y ordenadores, vive el ciclista, que al parecer ha aceptado de buen grado las nuevas tecnologías a pesar del estereotipo de rudos deportistas. Si el ciclista perfecto no ha llegado, sí se le espera. En un deporte tan definido por los impulsos y los imponderables, el ciclista científico está a la vuelta de la esquina. Los datos le definen. Aunque siempre mandarán sus piernas.