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Firmas contra la injusticia

Se podrían recoger apoyos para exigir una revisión minuciosa de todas las jugadas polémicas en los partidos de fútbol

Sergi Roberto celebra el sexto gol al PSG.
Sergi Roberto celebra el sexto gol al PSG. Getty

“La justicia exige el incansable esfuerzo de individuos comprometidos”. Martin Luther King

Internet es muchas cosas, entre ellas la globalización de la estupidez. Antes uno decía una tontería y se quedaba en casa o en el bar. Alguien propondría, por ejemplo, que se repitiese el reciente partido de Champions en el que el Barcelona eliminó al París Saint Germain. Cuatro amiguetes apoyarían felices la moción y fin de la historia.

Hoy cuando a uno se le ocurre la misma idea, se mete en internet y lanza un mensaje al mundo: firmen una petición para que se repita el partido injustamente ganado por el Barça. Y firman 200.000, 300.000. La bobada del bar de borrachos se globaliza.

Similares epidemias de enredada imbecilidad conducen a disparates como la elección de un troll tuitero como presidente de Estados Unidos. Es el mundo en el que vivimos. No hay nada que hacer. Con lo cual, unámosnos a la fiesta. Aquí van otras causas que también merecen sus recogidas masivas de firmas.

Primero, una breve lista de partidos que se deberían repetir:

El Arsenal-Bayern en la última ronda de la Champions. Sí, es verdad que el Arsenal perdió la eliminatoria por un total de 10 goles a dos. Pero como bien se quejó el entrenador del equipo londinense, Arsène Wenger, la intervención decisiva fue la del árbitro. Expulsó a un jugador del Arsenal cuando el margen a favor del Bayern era solo de 5 a 2 faltando aún 35 minutos de juego.

El Inter de Milán-Barcelona en semifinales de la Champions en 2010. El Inter ganó por la mínima pero el árbitro no vio que el gol decisivo italiano se marcó en fuera de juego. Tampoco lo vio el entrenador del Inter en aquel partido, José Mourinho.

Otro partido de Champions, esta vez en 2006, que el Barcelona ganó por 2 a 1 contra el Chelsea de Mourinho. El portugués acusó a Lionel Messi de haber engañado al árbitro para forzar la expulsión de un defensa del Chelsea. Después del partido, Mourinho dijo: “A ver si la UEFA repite el partido”. Pues eso, a firmar que aún no es demasiado tarde. Todos los jugadores de aquel partido siguen vivos.

El problema es qué hacer con injusticias históricas como la victoria de Inglaterra en el Mundial de 1966, un partido que no sería muy viable volver a jugar hoy. Una solución sería una recogida de firmas para que se actúe de manera retroactiva como en el atletismo: cuando se descubre años después que el ganador de una carrera se ha dopado se concede el oro al que quedó segundo. La misma lógica aplicada al fútbol ofrecería la posibilidad de que el tercer gol inglés contra los alemanes que solo vio el juez de línea ruso (otro resentido, en este caso por la invasión nazi de su país en la Segunda Guerra Mundial) se borre de la historia y que la Copa del Mundo del 66 se conceda a Alemania.

Las posibilidades son casi infinitas. Se podrían recoger firmas para exigir una revisión minuciosa de todas las jugadas polémicas de todos los partidos que se han transmitido por televisión en todo el planeta a lo largo de los últimos 60 años. Suponiendo que se pudiese encargar la misión a un imparcial comité dotado de poderes divinos, los firmantes vislumbrarían la feliz posibilidad de que Holanda y no Alemania acabase ganando la Copa del Mundo de 1974, Perú y no Argentina la de 1978, España la de 2002; que el Atlético de Madrid acabase con su trágica sequía en la Copa de Europa y ganara el torneo tres veces; que los seis trofeos que ganó el Barcelona en la primera temporada de Pep Guardiola como entrenador se reduzcan a cero; que todos los equipos que ha entrenado Mourinho sean proclamados los ganadores de todos los partidos y todos los torneos en los que han competido.

Lo primero, claro, sería recoger miles de millones de firmas para que se acepte el principio retroactivo en el fútbol. Una vez aceptado, cada partido que viésemos de ahí en adelante se abriría a la posibilidad de la repetición, eliminando el azar y el suspense del fútbol de una vez y por todas. El deporte pasaría a la extinción en cuestión de semanas, claro. Pero la satisfacción de los recogedores de firmas sería eterna.