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Marc Soler, el joven que deslumbra al ciclismo español

Valverde gana por delante de Contador una Volta que revela el talento de su compañero catalán

Valverde, a la izquierda, Froome y Soler, durante la etapa de Montjuïc. Ampliar foto
Valverde, a la izquierda, Froome y Soler, durante la etapa de Montjuïc. EFE

La Volta 2017 ha sido la carrera que enfrentaba por primera vez en el año a Froome y a Contador que ha ganado Valverde y en la que se ha terminado hablando de Marc Soler, el joven que deslumbra.

De Froome se dirá que, en su primera carrera europea del año, mantuvo el tipo hasta el sexto día, cuando, tras un despiste colectivo de su equipo y de él mismo como el que le costó la Vuelta en Formigal ante Nairo, se quedó fuera de juego y perdió casi media hora. De Contador volverán a repetirse los elogios a su pundonor y espíritu de lucha irreductible y se destacará que el de la Volta ha sido su tercer segundo puesto en las tres carreras por etapas que ha disputado en 2017 después de Andalucía, donde también le derrotó Valverde, y de la París-Niza. De Valverde, que ganó tres de las siete etapas, incluida la última, el domingo, en Montjuïc, y ya lleva 104 triunfos en su carrera, se ha hablado todos los días y elogiosamente. Su frescura traiciona los casi 37 años que tiene, su forma de ganar, su aparente facilidad, es la de sus años jóvenes también, la que le hizo ser bautizado como el Imbatido. La única novedad en su vida es que se ha ido a vivir y a entrenarse en Andorra.

De los tres no se ha dicho nada que no se hubiera dicho antes; todo lo que se ha escrito de Marc Soler, y lo que se escribirá los días próximos, es nuevo.

El ciclista catalán, de 23 años, ha quedado tercero en la general después de haber ayudado todos los días a Valverde, su líder en el Movistar, a aumentar su cosecha de victorias. En las tres victorias de etapa participó Soler, ciclista de cuerpo grande, aún en desarrollo, y con una gran capacidad de arrancada en montaña, la llamada potencia balística. Sabe hacer daño y le gusta hacerlo cuando está en forma, como en este comienzo de temporada que ya le vio destacar en la París-Niza. En la Volta, que habría terminado segundo si no es por la sanción de un minuto infligida a su equipo en la contrarreloj, sembró el pánico cuatro días, en La Molina, en Lo Port, en el último repecho antes de llegar a Igualada y también en Montjuïc. “Tiene aires de grandeza, deseos de ser grande, pero sabe mantener los pies en el suelo”, dicen en su equipo. “Su timidez es pura apariencia. Sabe ser callado y tener los ojos abiertos, y es una de las fuerzas alegres del equipo. Y es bueno. Uno que gana el Tour del Porvenir, como él lo hizo, no puede ser un cualquiera”.

A Eusebio Unzue, que lo subió al primer equipo en 2015 después de verlo crecer aceleradamente en la cantera del Lizarte, ya le apremian para que comience a saltar etapas de su desarrollo programado y estrene a Soler en una prueba de tres semanas, la Vuelta. “Marc es un joven de calidad que pide paso a toda velocidad”, dice Unzue, quien se ha emocionado estos días con su chaval como hacía tiempo que no se emocionaba, quizás desde que Nairo empezó a deslumbrarle. “Debe ser de lenta maduración para asegurarnos otra eternidad, pero no sé si nos veremos obligados a darle ya el empujón”.

Bien educado en la escuela Movistar, la de la paciencia y la calma, Soler, de Vilanova i la Geltrú, hizo de un ciclista aficionado, no rompe para nada el guion con sus declaraciones. “Ahora hay que mantener la tranquilidad, no me importa correr o no una grande. Estos dos años no he corrido ninguna y no pasa nada. Lo importante es que el rendimiento y los resultados están saliendo. Cuando las cosas van bien, no hay que tener prisa”, dice el ciclista que pierde toda la cautela cuando se sube a la bici.