Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una receta sencilla para callar a Piqué

El oficio de periodista nos obliga a muchas cosas, entre otras a preguntar sobre lo que ya sabemos

Gerard Piqué. Foto: Juan Manuel Serrano Arce. Vídeo: ATLAS

Con perdón, Piqué es el Dalí del fútbol. Le preguntas y él se lanza. Su mujer, Shakira, dice que es una persona sensata. Seguro que porque en casa ella no le pregunta por el Madrid.

Piqué es un aficionado al fútbol que tiene dos privilegios: viste de azulgrana y de rojo. A la roja la pusieron de blanco el martes, en París, ya es mala pata. El partido fue bueno, Piqué estuvo muy bien a tenor de las crónicas. Los periodistas luego coincidieron con él en una vieja ceremonia, la entrevista. En lugar de preguntarle “¿justo el resultado?”, como antiguamente, entraron en sus temas recurrentes. Madrid-Barça, los colores, el PSG, los árbitros…, y todo fue creciendo hasta ocupar el palco del Madrid, que es un terreno novelesco.

De hecho ese palco aparece ahora en una novela de Manuel Vicent que contiene, nada más entrar en materia, una frase por la que a Piqué lo hubieran crucificado. Dice Vicent en La regata: “Nunca se les había visto juntos en fiestas o estrenos, ni siquiera en el palco del Real Madrid, donde se junta lo mejor y lo peor de cada casa”. A juicio del novelista, por tanto, “hay lo mejor y lo peor”. Lo que ha hecho Piqué es seleccionar.

A Dalí le preguntaban por cualquier cosa y hacía palíndromos nasales, y luego la prensa lo jaleaba. Era un genio y él mismo lo decía: “Yo soy un genio”. En todos los idiomas. Y decía lo que ya se sabía que iba a decir.

El oficio de periodista nos obliga a muchas cosas, entre otras a preguntar sobre lo que ya sabemos. Esta es, a mi juicio, una actitud noble, porque, aunque sepamos, los lectores tienen derecho a saber lo que sabemos. A veces abundamos en lo que ya se sabe, y esa ya es otra cuestión. Quien ignore que Piqué va a contestar lo que ya contestó en circunstancias similares (siempre habrá un Madrid-Barça reciente, o una polémica al respecto), o que considere que Sergio Ramos no le va a responder, o que la prensa de un lado lo va a defender y la del otro lado va a afilar las uñas contra él, es que no cultiva la hemeroteca, de papel o iluminada. Ya es cansino el asunto, y hay que buscarse recetas para hacer callar a Piqué. Yo tengo una.

Es muy simple. En el caso que nos ocupa, su trabajo en la selección española, donde es extremadamente correcto y eficaz, imagino que habría un torrente de preguntas sobre el porvenir del cuadro de Lopetegui. En el caso de su equipo, el Barça, hay también un espacio abierto a la curiosidad mundial. De resto, ¿de qué más va a hablar Piqué?

Pero la receta más adecuada para que no siga hablando Piqué, es no preguntarle a Piqué por lo que ya dijo Piqué. ¿O creemos que una luz cegadora ha bajado del cielo y va a decir algún día algo que le convenga a los oídos del palco o de la grada del Real Madrid? No le pregunten a Piqué y callará Piqué.

Más información