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Sergio García, líder del Masters con -4

El castellonense juega mejor que nunca en Augusta el año de la irrupción de Jon Rahm

Sergio Garcia, en el hoyo 10.
Sergio Garcia, en el hoyo 10. AP

Terminado el viernes, solo 10 jugadores están por debajo del par del campo. No están entre ellos los favoritos Mickelson (par), Spieth (par), McIlroy (+1)  y Day (+6), pero sí dos españoles. Sergio García es líder (-4) empatado con Charley Hoffman, que resiste con los ahorros de su -7 del jueves, el joven debutante Thomas Pieters (el flamenco de Amberes es el Jon Rahm de los belgas), y Ricky Fowler (líder, por fin, en un grande en la 100ª ronda que juega). Jon Rahm es sexto (-1). En fabulosa relación simbiótica, la fuerza de uno hace más fuerte al otro.

García partirá el sábado a las 21.00 (hora peninsular española, Movistar +, Canal Golf) haciendo pareja con Hoffman. Media hora antes, a las 20.20, lo hará Rahm junto al histórico Fred Couples, el único mayor de 50 años entre los 53 golfistas que disputarán el fin de semana del primer grande del año. El ganador del Masters de 1992 será un buen rival para el fenómeno de Barrika a la hora de descifrar los enigmáticos y rapidísimos greens de Augusta, el factor que más descoloca a Rahm.

“Ha sido un gran día”, dice Rahm. “Estoy jugando muy bien a golf. Si hubiera metido más putts…, pero en los greens es donde se nota que soy novato”. Con las manos en los bolsillos, la gorra calada, solo le falta silbar feliz a Sergio García, quien pasea por la calle del dos como lo haría míster Augusta, el señor de los lugares.

Luego se junta con su amigo Lee Westwood, otro veterano de todos los circuitos, bromea, se cuentan chistes, disfrutan. Tras de las cuerdas, el cocinero José Andrés se fuma un puro y aplaude. A su lado, el exfutbolista Figo, también amigo de García, le imita.

Brilla el sol que calienta poco a poco el aire, más inmóvil que el jueves. Un gran día para jugar al golf. Un gran día para el jugador español, el único que al comienzo del viernes de Dolores llega al campo limpio de bogeys. Su comienzo es espectacular: todo lo que está a tres metros del agujero acaba dentro. Su putter echa fuego. Birdie al uno, birdie al dos, su paseo, birdie al tres. Llega al nueve, a mitad de jornada, en la cresta de la ola. Su ascenso ha coincidido con el tobogán por el que se desliza el fenómeno de la víspera, Charley Hoffman, quien, sin viento a favor, camina, no pasea, cargado de espaldas, por el verde inmenso del Augusta National Golf Club.

Por detrás del exniño de Castellón llega Jon Rahm. Pasa por el noveno hoyo con -1, tras dos birdies. Llega el momento de lanzar las campanas a vuelo. El golf español repica. El veterano y la fuerza que llega. En el 9 se recuerda que nunca Sergio ha jugado tan sereno y paciente, que nunca había sido líder del Masters antes, en los 19 años que lleva jugándolo. “Pienso que sí, que soy más tranquilo ahora, que estoy aprendiendo a aceptar las cosas que me pasan, las buenas y las malas”, dice García en una sala de prensa en la que habitualmente daba rienda suelta a su frustración en otros Masters. “No es fácil. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero ese es el reto”.

Otros encuentran la razón de la serenidad combinada con motivación e impulso del jugador que a los 19 años peleaba de tú a tú con Tiger Woods en la irrupción de Jon Rahm. “Es lo mejor que le podía pasar a Sergio”, dice en la banda Gonzaga Escauriaza, presidente de la federación española de golf. “Por un lado, Rahm le ha quitado la presión de tener que ser el mejor español aquí, y por otro, le ha despertado. Llevaba Sergio 20 años como mejor español sin competencia, y ahora la tiene”. El aldabonazo fue el enfrentamiento directo en el mundial matchplay. Ganó con amplitud el joven Rahm. El viejo García, su orgullo de gran jugador, no podía dejarlo ahí.

La segunda vuelta

Los segundos nueve comienzan con un desastre. García sale del 10 con un bogey que en el marcador del campo figuró un tiempo como triple bogey por error del responsable de la puntuación. Rahm se fue a la izquierda, al otro lado del montículo casi montaña que protege el green de uno de los hoyos más difíciles de Augusta. Sale de allí con un doble bogey. Sus dos birdies en los dos pares cinco de la primera vuelta quedan anulados. Y por delante tiene el Amen Corner.

Entonces los expertos recuerdan la estadística que más le duele a Sergio García: es el jugador con más top 5 en los grandes (12) que nunca ha ganado uno. El registro recuerda la increíble regularidad del español, pero se entiende como el índice de un fracaso. De Rahm, que habla en rap y juega ratatatatatá, a velocidad de ametralladora, se recuerda su impericia fatal en Augusta, su fogosidad. Poco después, todos callan. Rahm sale del Amen Corner, que juega “con un plus de agresividad” tras el doble bogey del 10, en -2 y García brilla again. Deja caer la bola en el green del 17 en globo desde las alturas y desciende como en paracaídas junto a la bandera. El signo de la grandeza.

Rafa Cabrera Bello tuvo oportunidad de birdie en el 17 y en el 18 para poder pasar el corte, fijado en +6. Terminó +8 y quedó eliminado del torneo como José María Olazabal (+9). Tampoco pasó el ganador de 2016, Danny Willet (+7).

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