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Barcelona, Atlético y Real Madrid: Vida al límite

Hay semanas perfectas para quedarse a vivir en ellas. No quieres que acaben, por si al final el muerto eres tú

Cristiano Ronaldo en la ida de los cuartos ante el Bayern, en Múnich.
Cristiano Ronaldo en la ida de los cuartos ante el Bayern, en Múnich. AFP

Los años están formados por unas pocas semanas en las que no existen los segundos actos. Si por un casual algo sale mal, se acabó. Es el fin. Te vas a casa, si la tienes. No existe otra oportunidad. No hay más semanas, como en aquella viñeta de Summers, en la que un verdugo, a punto de cortarle la cabeza al reo, se despedía de él con un “Hasta mañana si dios quiere, que no creo que quiera”. Son días en los que se vive peligrosamente, bajo la amenaza de esa extraña fuerza que, de repente, adquieren los detalles. Basta uno solo para que todo se venga abajo; o justo lo contrario. Algo absolutamente sutil, sobre lo que se puede colocar encima un dedo, y cubrirlo, constituye a veces la diferencia entre decir que las cosas fueron bien o mal. Ahora mismo, metidos en una de esas semanas trascendentales, se oyen tic tacs por todas partes. Nada es firme. Pones el pie en el lugar equivocado y te hundes.

No sabemos qué pasará a partir de mañana con Barça, Madrid y Atlético. Todos tenemos un pronóstico, un cálculo de probabilidades, o simplemente una esperanza o un sueño. Es lunes, así que hoy los tres equipos están vivos, creen en el futuro. Las vísperas de los grandes momentos constituyen un ínterin confortable, en el que se está a salvo. Nada está hecho, pero nada está perdido. Pocas o muchas, todos tienen posibilidades de pasar a semifinales de Champions. Pero los lunes no son tan maravillosos que duren toda la semana. Entre martes y miércoles esas posibilidades podrían verse frustradas, y la esperanza quedar reducida a algo inservible.

Llegados a estas alturas nada es seguro, en especial lo que es casi seguro, como que la Juventus no incurrirá en los errores del París Saint Germain en el Camp Nou, o que el Madrid tiene a los alemanes a merced de su voluntad, y además en su propia casa. En cuanto al Leicester, dejó tan pocas señales de vida en su visita al Vicente Calderón que podría aprovechar el partido de vuelta para demostrar su existencia científicamente eliminando al Atlético con un simple chas, tan típicamente inglés, a semejanza de aquel cardenal Wiseman que participaba en un fenomenal banquete de carnes cuando uno de los comensales, angustiado, recordó que ese día era vigilia. Al momento, para salvar los muebles, el cardenal se levantó, alzó los brazos al cielo y dijo: “Declaro todo esto pescado”.

Pero las semanas verdaderamente decisivas, en las que se vive al borde de un ataque de nervios, no se agotan en un único día crucial. Inmediatamente hay otra jornada no menos culminante, casi sin tiempo a respirar tras la anterior. Cuando los cuartos de semifinal de la Champions ya sean historia, y sepamos quiénes siguen o no vivos, todavía habrá de dirimirse la suerte de la Liga durante el clásico. Hay semanas perfectas para quedarse a vivir en ellas. No quieres que acaben, en parte por si al final el muerto eres tú. Si tienes que elegir, te quedas con el lunes. Es el único lugar seguro.

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