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El ciclista Michele Scarponi muere atropellado durante un entrenamiento en Italia

El deportista, de 37 años, era líder del Astana y ganó el Giro en 2011

El ciclista italiano durante un entrenamiento, en una imagen de mayo 2014.

Cerca de su casa, a las ocho de la mañana, cuando salía para entrenarse, un trabajador en sábado, el ciclista italiano Michele Scarponi chocó de frente contra una furgoneta amarilla en un cruce de una carretera en un polígono industrial. Murió pocos minutos después. Tenía 37 años. Había salido temprano para poder disfrutar del resto del sábado con su familia, su esposa, Anna, y sus gemelos, Tommaso y Giacomo, de cuatro años.

 “No le vi venir”, dijo a los carabinieri el conductor del vehículo, un vecino del pueblo, de 57 años. Según la reconstrucción policial, el conductor, imputado por un delito de homicidio accidental, circulaba por la misma vía que el ciclista, en sentido contrario, y giró en el cruce a la izquierda sin respetar la preferencia de Scarponi, que avanzaba cuesta abajo a toda velocidad.

La noche anterior, el viernes, Scarponi, ciclista profesional desde 2002, había llegado tarde a su casa, en Filottrano, en Las Marcas, cerca de Ancona, en la costa adriática. Llegaba de Trento, en el norte, lejos de su mar, donde acababa de correr el Tour de los Alpes, donde había disfrutado. El escalador llegaba feliz. Había terminado cuarto en la general y el lunes, incluso, había ganado la etapa de Innsbruck, su primera victoria en casi cuatro años. Dedicó la victoria, emocionado, a todas las víctimas y afectados por los últimos terremotos de su región, un rincón entre los Abruzos y el mar. En casa, se hizo una foto con sus gemelos montados a caballito sobre su espalda y la tuiteó. Su último mensaje. Todo era buen augurio de cara al Giro, que comienza dentro de dos semanas y que iba a disputar como líder del Astana debido a la lesión de Aru. Para prepararlo perfectamente iba a concentrarse desde hoy en el Etna.

Scarponi era en el pelotón una voz muy aguda y una broma. “Una risa contagiosa”, escribió Contador en su twitter. Y un generoso gregario de lujo para sus líderes, para Roberto Heras hace más de una década, para Vincenzo Nibali y Aru después. También estuvo unos años cargando con la responsabilidad de un equipo, el Lampre, y llegó a ganar un Giro, el de 2011, después de que descalificaran a Alberto Contador. El Águila de Filottrano, su apodo deportivo, nunca dio una importancia extrema a esa victoria conseguida en los despachos, nunca alardeó de esa maglia rosa. Su edad y su experiencia, su trayecto por todos los lados del ciclismo, el oscuro, el brillante, el turbio, le permitían relativizar cualquier circunstancia.

A Scarponi le fichó hace más de 12 años Manolo Saiz para su Liberty, en el que corrió hasta mayo de 2006, cuando la Operación Puerto acabó con los sueños de grandeza del técnico cántabro y casi con la carrera de Scarponi, quien entonces empezó a ser más conocido como Zapatero, el apodo con el que Eufemiano Fuentes, gran etimólogo (scarpa, en italiano, es zapato) le designaba en sus listas de bolsas de sangre congeladas.

El héroe de Pajares

 “Nunca olvidaré Pajares”, tuiteó Saiz poco después de la muerte de su ciclista, y quería recordar así la mayor exhibición táctico-estratégica de su equipo. Ocurrió en una etapa de la Vuelta de 2005, que dominaba Denis Menchov. El día siguiente de la etapa de los Lagos, cuando todo parecía ya perdido para su Liberty, Saiz envió a medio equipo al ataque. Llovía. La etapa estaba plagada de puertos por los valles mineros asturianos, de peligrosísimos descensos. Los de Saiz se escapaban y se colocaban estratégicamente por delante, esperando el ataque de su líder, Roberto Heras. Algunos, incluso, se bajaron de la bici y se guarecieron en la cuneta bajo mantas que les prestaban los de los pueblos. Cuando Heras, que aprovechó el miedo de Menchov en los descensos, les alcanzó uno a uno, Caruso, Beloki, Vicioso y Scarponi organizaron un tren azul, el color del Liberty, que destrozó la Vuelta. Heras sacó más de cinco minutos a Menchov. Scarponi fue el último que resistió a su lado. Acabó la Vuelta 12º, a más de media hora de Heras, quien unas semanas después fue descalificado por dopaje.

Scarponi confesó su implicación en la Operación Puerto y estuvo sancionado 15 meses. Volvió a correr a finales de 2008. Comenzaban sus mejores años: en 2009 ganó la Tirreno-Adriático en sus Marcas y dos etapas del Giro; en 2010, la etapa del Mortirolo, y en 2011, la Volta a Catalunya antes del Giro de Contador. Después ayudó a Nibali a ganar el Tour del 14 y el Giro del 16.

Como testimonian las decenas de tuits condolecientes de sus compañeros del pelotón, Scarponi se había convertido ya en un personaje único de un ciclismo italiano envejecido y en crisis. Tan único y divertido como las peliculillas que tuiteaba de sus entrenamientos invernales pedaleando con Frankie, el papagayo charlatán de su vecino, en el hombro. Le salía a despedir por las mañanas frías y le esperaba a su regreso. Scarponi, feliz, charlaba con él. Y reía.

 

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