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Piqué, en la mira del Bernabéu: de Kevin Roldán al palco del Real Madrid

El central ha estado en el centro de muchas de las últimas polémicas con el club blanco

Real Madrid - Barcelona Ampliar foto
Piqué festeja su histórico gol, el 2-6 de 2009 en el Bernabéu. AP

A Gerard Piqué le encanta picar e incordiar, ser un poco molesto si se entiende que va con guasa y no con mala fe. “Tú, en esta vida hay que reír”, suelta con frecuencia al tiempo que estira la oreja del que tenga enfrente. Por eso en muchas ocasiones es el alma de la fiesta, el jugador que gestiona el grupo de WhatsApp del equipo, el que gestiona las apuestas dentro del vestuario cuando hay sorteos y el que entretiene a todos en las concentraciones con sus historias o competiciones, toda vez que gana en casi todo, desde la Play al póker e incluso al baloncesto o al ping-pong. Quizá el único deporte que se le ha resistido es el golf, pero también es porque le aburre si tiene un mal día, inquieto como es. Lo que tiene claro es que rehúye de las peleas serias porque desde bien niño comprendió que las cosas importantes de la vida son pocas y al resto hay que quitarles trascendencia. “Es que la gente se toma todo demasiado en serio”, argumenta. Ocurre, sin embargo, que con el paso del tiempo lo que dice y hace ha cobrado una magnitud enorme, recompensa que se ha ganado con el balón entre los pies (porque lo ha ganado absolutamente todo menos la Copa Confederaciones) y también por su pareja, Shakira, un icono mundial. Y, como culé que es, porque lo vivió en casa y porque siempre tuvo el sueño de jugar en el Camp Nou como profesional, se dimensionan sobre todo sus palabras sobre el Madrid y sus jugadores. Un rival al que señala con reiteración y con el que esta noche se volverá a jugar la Liga en el Bernabéu, feudo que no le ha ido mal porque cuenta siete triunfos, tres empates y otras tantas derrotas.

Al contrario que muchos jugadores, Piqué decidió que las cuentas de las redes sociales las gestionaría directamente él porque le gusta y porque es una forma que tiene de comunicarse con el mundo. “A veces se las podríamos llevar nosotros…”, bromean desde su entorno; “pero él es muy consciente de todo lo que dice y de la repercusión que tendrá después. Y siempre escucha los consejos, pero luego hace lo que quiere porque así debe ser. No puede ir en contra de sus convicciones”. Y lo que hace ya le va bien al Barcelona, tanto dentro como fuera del campo. Pero tiene al Madrid en la diana. La primera vez que se señaló públicamente fue en 2009, justo después de conquistar la Copa y la Liga y antes de hacer lo propio con la Champions. Entonces, en el festejo del Camp Nou y con micrófono en mano, gritó: “¡Bote, bote, bote, madridista el que no bote!”. Y el estadio vibró a lo grande a la vez que su familia se sorprendió porque no sabían que iba a soltar una vacilada. No fue, en cualquier caso, la única puya hacia el conjunto blanco en un festejo; el año pasado soltó: “Gracias a Kevin Roldán, contigo empezó todo”, en referencia a la fiesta de cumpleaños de Ronaldo tras caer por cuatro goles ante el Atlético.

Pero es a través de su cuenta de Twitter donde se ha explayado más. En el curso anterior, por ejemplo, puso nueve emoticonos de risa cuando el Madrid alineó a Cheryshev en la Copa, hecho que le costó la eliminación del torneo. También expuso hace poco unos recortes de diarios de Madrid donde los colegiados colaboradores no daban la misma opinión a hechos prácticamente calcados sobre el Madrid y el Barcelona; señaló que “si el Balón de Oro se diera al mejor, Messi tendría que tener la colección completa desde 2009”; y el martes pasado puso tres puntos suspensivos durante en el duelo europeo del Madrid y el Bayern, después de que el colegiado expulsara a Vidal sin motivo y concediera dos goles en fuera de juego a Ronaldo. Incluso el jueves, después de la eliminación a manos de la Juve, escribió: “Escuece ver como el Camp Nou aplaude a su equipo a pesar de quedar eliminado. Están acostumbrados a los silbidos, a pesar de clasificarse…”.

La réplica del Madrid solía llegar en boca de Arbeloa, con el que mantuvo ácidas discusiones hasta el punto de que los diarios se hacían eco de sus afrentas. “Arbeloa no es mi amigo… Es un cono-cido”, resolvió frente a las cámaras dando pausa tras el cono, como se le apelaba con ironía al ex lateral blanco. Aunque Sergio Ramos ha cogido el relevo y también son numerosas las ocasiones en las que se han chocado. Disputas que, unido a su presunta intención de independentismo –“Piqué no se siente español’, dicen. ¿Pero cuándo he dicho yo eso?”, responde- le llevaron a recibir pitos por doquier. “Es una situación con la que tengo que vivir. No le doy muchas vueltas. La gente le da bombo porque soy yo y les da morbo, y se ha puesto de moda. Pero en ocasiones ya ni me doy cuenta”, explicaba hace apenas un año. Y de tan acostumbrado que estaba, en un partido con la selección se acercó a Bartra y le preguntó: “¿Hoy no me han pitado, no?”. Bartra, claro, se echó a reír porque había sido una sinfonía de altos decibelios. Justo lo que se espera encontrar mañana en el Bernabéu. “Lo que no me gusta del Madrid son sus valores. No me gusta ver en su palco las personas que mueven los hilos de este país. Curiosamente, la persona que imputó a Neymar y Messi estaba al lado de Florentino”, resolvió hace unas semanas. Culé hasta la médula y fusta del Madrid.

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