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La malquerida Sharapova

La rusa, invitada por Stuttgart, vuelve a competir tras 15 meses de castigo por dopaje y con varias de sus compañeras en contra de que la hayan invitado. Piden que Masha empiece "desde cero y sin ayudas"

Sharapova, antes de un entrenamiento en Stuttgart.

Pulgar arriba, pulgar abajo. Partidarios y detractores, sobre todo de estos últimos. Sí o no. División, mucha división. ¿Debe la rusa Maria Sharapova, castigada hace 15 meses por el consumo de un fármaco ilegalizado por la Federación Internacional de Tenis (ITF) en enero del curso pasado, tener privilegios sobre otras jugadoras que han competido limpias?

Ahora, en cualquier caso, la hora llegó. La reina mercadotécnica de la raqueta vuelve a escena. Y lo hará hoy (no antes de las 18.30, Teledeporte), en el marco de un torneo de segunda línea como el de Stuttgart. La tenista, sancionada después de que los análisis detectasen un rastro de consumo de meldonium durante el Open de Australia de 2016, pocos días después de que la ITF lo introdujera en el catálogo de productos prohibidos, volverá jugar un partido oficial.

Regresa Masha, pero lo hace en una atmósfera enturbiada y hostil, incluso de rechazo. Lo hace con una wild card (invitación) en la mano, sin la necesidad de habérselo ganado jugando, escalando en el ranking. Y ahí radica la polémica, porque concluido el escarmiento, tanto el torneo alemán, como luego el Mutua Madrid Open (a partir del 5 de mayo) y Roma (desde el 15) quieren que la siberiana multiplique la repercusión mediática de sus eventos. Así que, ¿qué mejor gancho que la rusa (30 años) para adornar sus carteles?

Sobre ese escenario, la protagonista no ha querido hacer excesivo ruido estos días, pero las voces contrarias a que vuelva por el trampolín de las invitaciones han ido en aumento. “No estoy de acuerdo”, expresó la italiana Roberta Vinci, la primera rival; “ella cometió sus errores, eso está claro, pero ya pagó por ellos y creo que debe poder volver a jugar, pero sin ayudas”.

Más allá de la que rusa hiciera trampas y lo reconociera —aunque culpase a la ITF de no emplear los procedimientos adecuados para advertirle de la variación con respecto al meldonium—, muchas de sus compañeras entienden que además de haber infringido la norma los torneos no deberían utilizarla como cebo. Así lo considera también la polaca Agnieszka Radwanska, con la que podría cruzarse en la segunda ronda: “Maria debe reconstruir su carrera comenzando con torneos pequeños. Debe ganarse la plaza con resultados. Si yo decidiera, no le daría otra posibilidad. No debería recibir wild cards ni en París ni en Londres”.

Entre la ética y el gran negocio

Y a ella se suman muchas otras (Cibulkova —"los que se han dopado deben empezar desde abajo"—, Wozniacki —"debería ganarse su regreso, no es una lesión"—, Kerber o Strycova —"nada ha cambiado para ella: puede jugar los mismos torneos que yo—) y diversos representantes del tenis. Por ejemplo, el presidente de la Real Federación Española de Tenis (RFET), Miguel Díaz Román. “Si alguien da positivo debería empezar desde cero”, afirma a este periódico el dirigente; “con el nivel que tiene Sharapova no es necesario que reciba ningún respaldo extra. Hay muchas otras jugadoras que luchan todo el año para conseguir esas invitaciones y se quedan sin jugar. Pero para los torneos está muy claro: ella vende. Eso es así”. Algo en lo que coincide el extenista británico Greg Rusedski: "El tenis es entretenimiento y ella es es un filón".

Con el nivel que tiene no es necesario que reciba ninguna ayuda extra

Miguel Díaz, presidente de la RFET

Mientras, la WTA —rectora mundial del tenis femenino— se frota las manos ante el regreso de su gran icono comercial, de la jugadora que independientemente de los éxitos deportivos garantiza patrocinios, notoriedad y dinero. Sin Serena Williams, embarazada, la rusa es el mayor reclamo posible, el gran atractivo. Así lo subrayan compañeras como Venus Williams—“es bueno tenerla de vuelta”—, Azarenka —"es bueno para el tenis. Tiene muchos seguidores y atrae muchas miradas"— o Kuznetsova.

“No tengo nada que ocultar, yo sigo siendo la misma, defendiendo los mismos principios”, indicó la rusa en una entrevista reciente concedida al diario Le Parisien; “lo que ha cambiado es mi imagen en cuanto a lo que represento a las personas. Mucha gente me ha dicho que he sido muy valiente y que estaban ansiosos por verme de nuevo en la pista”. Lo hará ahora, en Stuttgart. Y a un mes vista, el comienzo de Roland Garros, el segundo grande de la temporada: más madera y más polémica. La incógnita de saber si el major francés le otorga o no una invitación. El 15 de mayo se conocerá la decisión.

Entonces, ¿Sharapova sí o Sharapova no?

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